Mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las anchas alamedas por donde pase el hombre libre para construir una sociedad mejor.

 

febrero 4, 2024

Historias tristes y felices

Me dijo:
¿A que no me cuentas la historia más feliz del mundo con 6 palabras?
Y le dije:
«Recuperó su cielo y pudo volar»

Me dijo:
¿A que no me cuentas la historia más triste del mundo con 5 palabras?
Y le dije:
«Tocó fondo y siguió escarbando»

Y me dijo:
Ahora cuentame la historia más feliz del mundo con 4 palabras.
Y le dije:
«Soy mi propio hogar»

Y me dijo:
Ahora la más triste con 3 palabras
Y le dije:
«Te quiero, pero…

Y me dijo:
La más feliz con 2 palabras
Y le dije:
«Yo también»

Y me dijo:
cuentame la historia más triste del mundo con 1 palabra.

Y le dije:
«Casi»/»Hubiera»

Y la más feliz?

«Recomienzo»

(Lo leí por ahí)

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febrero 3, 2024

Etapas

Vengo oyendo a Diana Uribe hablando sobre los 50 años del golpe en Chile. Había evitado escuchar esos episodios.

Voy haciendo fact checking de lo que va diciendo y a la vez, recordando en la memoria las imágenes que evoca.

Canto, con el podcast y con Pablo, que yo pisaré las calles nuevamente, de lo que fue Santiago ensangrentada.

Recuerdo mis viajes a Chile, a sus pueblos y ciudades. La entrevista en TVN donde de imprudente le pregunté al periodista si ellos no sentían que se resbalaban en sangre cuando celebraban algo en el Estadio Nacional.

Pienso en mis suegros, cuando la embajadora de Chile en Colombia explica que el exilio no se escoge, simplemente te llega. En Pato. En el último viaje.

Veo hacia atrás y agradezco a Allende y a los chilenos su enorme ejemplo y lo que han significado en mi vida. Me siento orgullosa de la militancia de este corazón mío. Me alegra haber hecho lo que hice. Marchar con quienes marché. Visitar los lugares a los que fui. Escribir lo que sentí. Estar ahí.

Recuerdo la primera vez que me paré frente a La Moneda. Cuando visité el hoy estado Víctor Jara. Villa Grimaldi. En todo lo que vi. Tal vez algún día ya no les dirán alucinaciones y sabremos que mi alma viajó a través del tiempo y vio el dolor que quedó atrapado ahí.

Hoy escuché una historia feliz en 4 palabras: soy mi propio hogar.

Será la edad, pero empiezo a pensar que es cierto.

Y en el mío, entre muchas cosas, hay una bandera chilena, con su estrella hermosa, ondeando en el viento.

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febrero 3, 2024

Hugo

Los esposos de mis tías son mis tíos políticos, pero nunca les pude decir tío.

De las 4 hermanas, solo queda un esposo vivo. Mi padrastro. Ayer murió Hugo, el tercero.

Tal vez eran 20 años sin verlo. Siempre callado, poca cosa, sonriente. Sabía mucho de carros. Fue funcionario público. Creo que se pensionó temprano.

Siempre con grandes planes y grandes fracasos. Muchos hijos. Los mismos que en mi casa, pero tal vez por esas carreras económicas, mi abuela materna siempre le criticó que se siguieran reproduciendo.

Nunca me pareció que mi tía lo quisiera. Apenas y lo soportaba. No lo decía, pero sé que para ella era un bueno para nada, no existía.

Ella solo tenía ojos y corazón para Julio Iglesias y el Puma.

Tal vez por eso nadie se dio cuenta cuando empezó a decir incoherencias, celos ridículos, a quejarse del sabor de la comida. Mi tía se fue a un cuarto aparte para estar tranquila.

Hugo empezó a despertarse en las noches, a no comer, a tener alucinaciones, a tener problemas para tragar, a caerse a cada rato.

Entraba y salía del Hospital. Se creía que era un cáncer.

El viernes me dijeron que ya la Clínica del Dolor dijo que estaba en fase terminal, que no lo forzaran a nada. Dejaron una inyección con morfina. Decían que la piel se le agrietaba.

Mi mamá y mi otra tía se llaman todos los días para comentar avances y juzgan y reprueban lo que está pasando.

Ayer murió, temprano. Tenía 83 años.

Creo que todos suspiraron aliviados.

Mi mamá, que le tiene miedo a la muerte, espera que la suya no sea tan sufrida.

Hace apenas un mes que murió la primera de las hermanas.

A Hugo le van a hacer una misa, cremarlo y cada quien para su casa.

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febrero 2, 2024

Sueños locos

Tuvo de todo:

Bajar por montañas en sillas de metal, como trineos

Conocer a alguien nuevo, que cuidaba a sus sobrinos en la montaña.

Hoteles de miles de pisos, que se interconectaban

Caricaturas

Un amigo que decidía irse a vivir a un bosque mágico, como el lugar donde lo casé con la persona que ama

Caricaturas, sin sentidos, locuras.

Mi prima, en blanco y negro, cantando, buscando atención.

Recorrer la avenida central de mi infancia, parar a comerme un taco

Mis amigos

Comida dibujada por estudios Ghilbi

Pato, corriendo hacia mí, diciéndome que si no lo tenía presente se anularía la adopción

Huir en un avión de Iberia

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febrero 1, 2024

Segundo grado

Empezamos segundo grado. La maternidad tiene eso que veo a Pato y me parece que siempre ha estado así, como está ahora, y me cuesta recordar/revivir cuando era un bebé, cuando lo fui a dejar a su primer kinder, cuando entró a esta escuela.

El va feliz, con su uniforme nuevo. Esa talla 10 creo que no le alcanza para todo el año.

En la tarde, nos cuenta con tristeza de un compañerito que tiene que repetir primer grado. Pobre Maxi. Nos explica que no aprendió a leer ni a escribir.

Cuando entran los primeros grados, los de segundo les hacen una bienvenida, en un acto cívico, cantan, les hacen un arco con las manos, es muy emotivo.

El grupo de Pato no puede participar en el arco, porque Maxi debe repetir y se podría sentir mal.

Ha pasado hablando de Maxi todo el rato.

Yo pienso más en su mamá. El año pasado se desvivía en el chat tratando de darle seguimiento a tareas pendientes. Varias veces por error me escribía directamente para encontrar luz en medio del caos.

Me imagino su dolor y su sentimiento de derrota por no pasar primer grado, que se supone que es tan fácil.

Y pienso en Maxi y cómo se sentirá hoy en ese acto cívico, sabiendo que ya lo vivió el año pasado y que ahora debe volver a lo mismo. De ver a sus compañeros en segundo. Si entenderá cómo esto marca su vida escolar y académica.

A Pato le digo que tal vez es lo mejor para aprender bien.

En mi corazón, se agitan las alas de un pájaro horrible, recordando la reunión en que nos pidieron que lo sometiéramos a una valoración, que no avanzaba, que podría ser que tuviera que repetir.

Pato recibió atención inmediata, clases, valoración y salió adelante. Pero podríamos haber sido nosotros.

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enero 29, 2024

Cincuenta y tantos

¿Qué te vas a imaginar vos, a tus cincuenta y tantos años, que hay alguien (yo) que se sueña con vos?

Nada de esos sueños lujuriosos. O sí, tal vez un poco. Pero sobre todo, esa segunda razón del sueño que es la añoranza infantil. Y tiene sentido, porque vas a ver que es una ilusión sencilla y cuando sueño lo que sueño con vos, siento que sonrío desde el lugar consciente donde veo el sueño.

En este, llevaba a un grupo de estudiantes a Arizona Medical a que conocieran. Tu oficina queda muy cerca de recepción, así que siempre pregunto por vos solo para que me digan que estás ocupado. Pero la puerta la tenés abierta y aunque no levantás la cara, la secretaria me dice que decís vos que pasemos.

La parte ilógica. Tu oficina perfecta, estándar, tiene tres sillas de visita, un escritorio y detrás del escritorio una cama como de hotel, con sábanas y almohadas blancas.

Vos me hacés la seña de que vaya con vos y que me acueste en la cama.

Empezás a atender a los chiquillos, a escucharles la propuesta, algo de nuevas opciones de concreto.

Yo, como no tengo nada que hacer, empiezo a jugar con la sábana y a meterme debajo de ella, como haciéndome un castillo blanco. Hago una cuevita con la almohada. Y ahí, mientras vos hablás muy serio, llega tu mano y me la das y me apretás con fuerza, mientras seguís con tu conversación gerencial y retás a los chiquillos con ideas.

Así se nos va una hora. Desde un espacio libre, debajo de la sábana, te veo sonreír cuando me llevo tus dedos a que me toquen los labios.

Te veo la cicatriz encima de una ceja. Hace poco supe que el pleito colegial fue más allá, que casi te matan de la paliza y que te dejaron una semana en coma. Pensé en la angustia de tu mamá. Y en porqué sos tan necio con eso de que todo se puede hacer, que es solo cosa de encontrar la manera.

Te veo como sos y estoy segura que no tenés idea de cómo te vemos los otros. O de cómo te veo yo. No me creerías.

No se me olvida aquel día que nos encontramos en un ascensor y no te reconocí.

Quisiera saber desde cuándo vos crees que nos conocemos.

La reunión termina. Yo me levanto muy digna, me despido y en el camino los chiquillos me dicen que piensan que vos querés algo conmigo.

Me río y les digo que nada que ver. Que lo que pasa es que nos llevamos muy bien, que somos buenos amigos.

Pero aun siento las manos tibias. Y sonrío.

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enero 28, 2024

Tortilla española para Dani

Fue ya hace un año. Se va rápido, sí. Pero se ha hecho eterno.

Hoy hice la tortilla española pensando en Dani, que siempre quiso aprender a hacerla.

A ver.

Pongo el aceite a calentar a fuego medio, mientras pelo las papas y las rebano. A veces he usado la mandolina, pero quedan muy delgadas y se apelmazan. Las seco con papel de cocina para que se frían mejor.

A fuego medio porque toda la comida- o casi- se hace a fuego medio. Así nos da tiempo de ir haciendo otras cosas. Me sorprende que no supieras hacerla, porque tenés habilidad para la cocina y para cosas complejas de repostería. Los merengues, las tortas, los panes. Incluso aquel libro de cocina alemana que leíste a punta de diccionario.

5 papas medianas. 1 cebolla mediana y dos pequeñas. A mí me gusta con mucha cebolla.

Las cebollas, en rodajas, también con cuchillo.

Empiezan las tandas de 5 minutos:

Primera. 5 minutos las papas.

Segunda. 5 minutos más, las papas. Las revuelvo con una cuchara grande. Hoy tenía papas amarillas, que se desmoronan. Así que usé el sartén especial que son dos que se abrazan y le doy vuelta al sartén.

Sí, se me riega un poco de aceite o de agua. Ni modo. Debe ser en un sartén o una olla tapada. El efecto que se busca es el dorado de la fritura y la sazón del cocimiento. En la tapa se acumula vapor que luego cae en la verdura y así se va cocinando.

Agrego la cebolla.

4 vueltas más con cebolla incorporada de 5 minutos cada una.

La última, 6 minutos destapada. La cebolla está transparente. Las papas, algunas están doradas. Cada vez que la hago pienso que si tuviera la paciencia, hago la cebolla caramelizada. Pero no la tengo. Me gustarían tal vez más doradas, pero así está bien.

¿Cómo serán las tortillas en España, con otras papas, otros huevos, otros ambientes y otras cocinas? Las he comido, pero comerciales, de negocio. Nunca una casera.

Mientras la alarma suena cada cinco minutos, hay que batir los huevos. Uso 5, a temperatura ambiente. Todos van juntos y antes de batirlos, punto de sal en las yemas y un poco de pimientas.

¿Cuánta sal? Nunca sé. No le logrado que la tortilla me quede con la sal que me gusta. Más bien sale dulzona, creo que por la cebolla. Pero a tus papás les gusta. A Pato y a Marce también.

Los bato con tenedor, con la técnica que usaba mi abuela. Elipsis envolventes, muy rápidas. Así incluso hacía queques, completamente batidos a mano.  Cada vez que suena la alarma los vuelvo a batir.

He leído recetas españolas donde no aconsejan batirlos tanto porque les entra mucho aire. A mí me gusta así.

Hoy le dije a Pato que íbamos a encender una velita para recordarte, que la llama se parecería al brillo de tus ojos y a tu sonrisa.  Cerramos los ojos y respiramos hondo y agradecimos haberte tenido en nuestras vidas. Ahí quedó, en la ducha de uno de los baños.

Saco la mezcla y la pongo en un colador grande, para escurrirle todo el aceite posible. Cuando deja de gotear, aun hirviendo, la pongo sobre papel de cocina en una tabla de picar y la extiendo. Eso le chupa más aceite. Aprovecho para volverle a poner sal y pimienta.

Vos me viste hacerla cuando la preparaba con un sartén de hacer desayuno y la tapa de la olla con que hacemos arroz. Ahora tengo un sartén especial para eso, los que te dije antes. Cuando huelo las papas y las cebollas ahí, en la tabla de picar, mientras la salpimiento, me viene a la memoria tu mamá, feliz como una niña, en el apartamento en Chile. Allá hice una sin mis sartenes especiales. Y ella se comió muy alegre un poquito de papa y cebolla cocinada. Hizo una pausa en el duelo.

A tu papá desde antes, desde la quimio, cuando no quería comer nada excepto la tortilla. Desde entonces les hago a tus papás cada vez que puedo.

Paso la mezcla a los huevos batidos y revuelvo con cuidado. “Los huevos empiezan a cocinarse con la mezcla hirviendo”- es lo que he leído.

Dos tandas más de cinco minutos. En la primera, dejo la mezcla quieta. En la segunda, pongo uno de los sartenes a calentar a fuego medio-bajo.

Cuando termina la segunda, va la mezcla para el sartén y ahí queda, destapada, hasta que los bordes se le ven firmes y en medio está como una gelatina.

Yo aprendí a hacerla volcándola con un plato, pero ya no es necesario. Le pongo el otro sartén, giro y ya está.

También dicen los comidistas que hay gente a la que le gusta muy hecha. A otros, que el huevo aun se escurra entre las papas. La mía, bien cocida.

Tengo que probar- porque aun no lo hago- combinarla al cocinarla con aceitunas en rodajas. Con chorizo o jamón serano. Con chile dulce en tiras, de los que venden en el Automercado. Suena a comida fina, pero ¿qué más común que la papa, la cebolla y huevo? Las comidas típicas son, casi siempre, lo más barato del país de origen, lo que pueden pagar los más pobres.

Esta me quedó gordita y perfecta. A veces se me hunden en el centro. Está apenas dorada. Hay quienes las prefieren pálidas.

Al comer, trato de no quitarle a los demás el gusto, que repitan las veces que quieran. Yo me aguanto. Pero cuando como, me gusta ponerle  un chorro de vinagre balsámico. O tener al lado aceitunas rellenas de chile dulce.

La verdad es que me la podría comer entera.

No deja de asombrarme que sea solo huevo, cebolla y aceite. Y mucha paciencia.

También me sorprende que haya pasado un año.

El otro día le decía a una amiga que mal que bien, cuando uno ha sufrido la muerte de un ser querido temprano en la vida, sabe lo que se aproxima para los que pasan por primera vez por esto. Te toca ser una especie de guía.

Nosotros nos encargamos de tu papá y tu mamá. Vos podés estar tranquila.

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enero 26, 2024

La Universidad

Hay una universidad con la que siempre sueño. Está en la Florida. Conozco- en el sueño- la biblioteca, los jardines, los dorms. Dan una especialidad en economía o en negocios.

Soñé que un profesor me iba a recomendar para entrar. Pero cuando llegaba allá, otros estudiantes que sí se habían ganado la admisión, me advertían que el profesor se había ido sin decir nada de mí.

Entonces quedaba en medio del proceso de matrícula- que, por supuesto, se hacía a mano- viendo a ver en qué me matriculaba y reconociendo que sin esa recomendación, jamás iba a entrar a esa especialidad, por mis problemas históricos con la matemática.

Pero me quería matricular en algo. Pensé en finalmente hacerlo en lingüística que siempre lo he querido. Luego pensé en psicología. De fijo me reconocerían muchas materias de derecho.

En el mismo sueño, iba a una casa de unos tíos postizos, de crianza, que los quería mucho pero casi nunca los veía. La casa era enorme, cada uno de ellos en un cuarto, con ventanas y mecedoras.

Había una piscina interna, donde estaba aquel muchacho que quise con locura y apego en la U. El decía que era mi pareja, y lo era, pero Pato estaba ahí también. Yo tenía que estarlo cuidando, porque de repente se ponía a hablar con una mujer, y me decía que era la cuñada y que ella tenía un problema. Luego uno de los tíos me daba la queja de que él estaba echándole el cuento a una chiquitina de 16 años. ¿Qué se le puede cuidar a un hombre adulto templado, sin control e impulsos, que te miente en la cara?

En el sueño yo me preguntaba si era Marcelo, pero algo no calzaba. Claro que no calzaba, porque desde que descifré mi inconsciente, tengo claro quién sos.

Hoy Pato se fue al colegio con un zapato diferente en cada pie. Totalmente intencional. Un fashion statement.

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enero 25, 2024

Otra adopción

Anoche soñé que la hija menor de uno de los socios de la oficina adoptaba un bebé, vía adopción directa. Todos estábamos en una feria o festival y de repente ella andaba cargando al bebé. Alguien se lo había entregado y habían quedado en hacerlo en ese lugar.

Yo quería saber quién era la progenitora, cómo la habían encontrado, qué había firmado. Pero nadie quería contar. Había algo muy secreto.

Luego estábamos en mi casa, de manera temporal, ella, el bebé, los papás y hermana se estaban quedando con nosotros. Había que adecuarles uno de los cuartos. Todo mientras alistaban la casa para la llegada del bebé.

Yo le hablaba para explicarle cómo su vida cambiaría para siempre, que nada sería lo mismo, que era un amor enorme. El socio me pedía que le hablara y le explicara cómo era ser mamá adoptiva.

Ella parecía tener problemas con la vinculación. Parecía que no se lo tomaba en serio. Había terminado con el novio, con quien había hecho los planes originales de tener hijos. El niño se llamaba como el socio.

Andaba ropita verde claro, como Pato, el primer día que lo vi.

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enero 25, 2024

Tell me cuándo, cuándo, cuándo

voy a dejar de sentir el inicio de un ataque cardíaco masivo cuando recibo una notificación de un juicio 🙁

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