Mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las anchas alamedas por donde pase el hombre libre para construir una sociedad mejor.

 

noviembre 17, 2017

84 cm de pura gloria

Tengo, con ocho meses de conocerlo, una larga lista de culpas, porque parece que la culpa y su administración es parte intrínseca de esto de la maternidad:

  • Cuando me toma de la mano, me lleva a la cocina, abre la boquita y señala hacia adentro. Está vacía y tiene hambre. Mamá puede comer cualquier cosa o si quiere, no come. Pato no.
  • Cuando lo trato como trataba a Fuser, le hago las mismas preguntas quién es mi tutú? y le hago los mismos piropos pero qué son estas paticas tan ricas. Me pregunto si trato a mi hijo como a un perro. Ya llegué a la conclusión que, en realidad, trataba a Fusi como a un bebé y al que le atrofié su naturaleza fue a mi pobre, noble y sacrificado perrito.
  • No le doy suficiente tiempo. Porque ni siquiera tomé la licencia de maternidad, porque trabajo mucho, porque no estoy en las madrugadas porque me voy a nadar, porque quiero leer, porque quiero tiempo para mí y todas las semanas hago planes maravillosos de cómo me voy a leer ese libro que me acabo de comprar.
  • A veces no cocino, no planeo, no me acuerdo o no dejo la instrucción. Entonces toca comer una salchicha, una tortilla con queso, un tarrito de coctelito de fruta. Algo para salir del paso. Y me pregunto si en su futuro habrán reclamos de esos días- muchos, parecen- de los olvidos de mamá. Pero donde Mimí yo no cenaba. Y en mi casa, la cena solía ser un infierno, de silencios o de reclamos. Los chilenos tampoco cenan, toman once. O sea, hay excusas. U opciones.
  • Le entiendo a señas y a veces pareciera que hasta le leo la mente. Le entiendo los gestos, los cambios de ánimo, las miradas. No le estimulo el lenguaje porque me encanta hablarle como si fuera un bebé.  No me gusta decirle “No te entiendo” porque lo cierto es que se lo entiendo todo, hasta lo que él todavía no sabe que me va a decir.
  • No lo tuve desde que nació. Y en esa culpa es en la que menos pienso porque es la única respecto a la que no puedo hacer nada. Hay tanto de resignación en esto.

Pato, todo él, es una experiencia de viaje en el tiempo, de paradojas. Todos los días cambia y crece y sé que es demasiado rápido, que ya no me cabe perfecto en el pecho como el primer día que llegó. Y a la vez, cada día se me hace eterno, no porque quiero que acabe o me aburre, sino porque lo siento totalmente lleno. Quisiera que fuera un bebé para siempre y a la vez, no puedo esperar a que sea grande, a verlo hecho un hombre. Seguís leyendo?

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noviembre 6, 2017

Un Nadador Shaolín en el Torneo nacional master de piscina corta

El viernes en la tarde, cuando empezó el torneo, calenté despacio, con calma. Hice todos los ejercicios. Me tiré de la banqueta y me moretié porque eso no practiqué nunca.  Ese día nadé el 100 de pecho, quedé cansada, pero no muerta. Según yo, mantuve el ritmo intacto todo el rato.  Fue la última prueba de la noche.

Al día siguiente, el sábado, empezaba con relevos. Me tocó abrir con 50 m libre. Esa y el 100 eran mis verdaderas pruebas, porque este año volví a aprender a nadar, especialmente libre.

Después de la licencia de Pato, que fue ajuste, contracturas, lesiones, montañas rusas emocionales y nada de agua, volví a la piscina. Don Francisco tuvo la paciencia de intentar conmigo varias opciones, instrucciones, sugerencias, hasta que al fin, mis brazos se conectaron al cerebro y mi brazada en libre dejó de ser un chapoteo. Cuando empecé a hacer ese movimiento, me sentía enorme y ridícula, de verdad como uno de esos molinos gigantes de los campos de Montiel a los que se enfrentaba el pobre loco del Quijote. Hasta que me vi en video y el cambio es notorio. Me veo casi normal, como si nadara de verdad.

Pero no fue solo la brazada. La patada: que la haga de muñeca, que me olvide de las piernas, que para qué darle oxígeno a miembros tan grandes que están tan lejos, que los pies se me disparan y distorsionan el avance. Que suba la barbilla. Que no baje los brazos.

Y lo más difícil de todo: Vaya despacio. No sea tan acelerada. Haga los movimientos muy, muy lentos. En los calentamientos de las Olimpiadas y los Mundiales los nadadores repiten con precisión milimétrica los movimientos que después van a hacer en la prueba. A usted en qué le afecta lo que hagan los demás? Vaya despacio. En esta vida todos quieren resultados inmediatos. En otro país, dedicado 100% a la natación, con otros medios, hubiéramos ganado el oro en 3 o 4 años. Aquí duramos 26. Estuvimos cerca en el año 5 y luego, se alejó, se alejó, se alejó y luego, 26 años después pasó.  Las cosas no son de hoy para mañana. Yo ya me había dado por vencido con usted, pero ahora lo hago por vanidad mía. Yo sigo adelante si usted me responde. Seguís leyendo?

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octubre 21, 2017

Destellos

Anteayer tuve la certeza que podía salirme de la presa, ir a Barrio México, a la casa de mi abuela, abrir con mis llaves y decirle nada más que venía a almorzar. Casi la pude ver recibiéndome en la puerta.

Anoche soñé con el abrazo de ese muchacho, que por ningún motivo y con todo en contra, siempre me hizo sentir querida, acompañada, segura por el breve momento que duraba.

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octubre 16, 2017

Siete meses

The Chosen. El primer reporte de las clases de Pato, indica que, básicamente, aunque es un niño feliz, tiende a ser un niño malcriado, o al menos ese es el riesgo. Los aspectos de EP (en proceso), tienen que ver con obediencia y límites. Es un niño de carácter fuerte, que en este momento, tiene de todo lo que necesita y a veces más. Y eso es un riesgo.

Hay que reducir la cantidad de juguetes. Hay que acostumbrarlo a que no todo lo que quiere se le da, porque si no, va a sufrir mucho en la vida, como tanto adulto que llora cuando la realidad le dice a la cara que no basta con querer algo, que muchas veces no tenemos lo que queremos y está bien.

Me toca ser su figura de autoridad. La que pone límites. La que dice que no vamos a ver al mono pulguiento de George en la tele porque la mamá está viendo algo más y simplemente porque no todo te toca en la vida. La que le dice “No entiendo lo que estás diciendo, hablá claro”. La que le repite la misma pregunta 70 veces y no cambia el tema hasta que conteste lo que tiene que contestar. La que lo obliga a recoger cosa por cosa. La que tiene que respirar hondo cuando sale corriendo a esconderse detrás de un sillón. Seguís leyendo?

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octubre 15, 2017

KonMarie Method

Hay un hospital que está recogiendo libros usados para que los pacientes de los salones tengan algo que leer, que se puedan entretener en esas hospitalizaciones largas o solitarias.

Libros que me hicieron llorar de dolor al leerlos. Se van. No quiero volver a verlos.

Libros que ya no necesito, que perdieron vigencia, que son de otra versión de mí. Fuser no está, no necesito saber de obediencia canina. No quiero leer más de campos de concentración. Este y aquel y este otro son temas superados.

Libros tan viejos que no se consiguen en Kindle, sobre todo esos de editoriales desaparecidas, de países detrás de la cortina de hierro, libros contra el sistema.  No es que lo vaya a leer de nuevo pronto. Pero se quedan. “El Kindle ayuda a que no se note que una, con los libros, tiene rasgos de acumuladora, pero no tienen todo lo que quiero”– pienso

Libros que me hicieron sonreír, con historias maravillosa.  Se van. Ojalá hagan a alguien tan feliz como me hicieron a mí un día.

Libros picantes, rayando en la pornografía. Tal vez le sirva a alguien, que como yo, jamás admitió que le gustaba leerlos pero igual los buscaba.

Un recuerdo en cada libro.  Cuándo y dónde lo compré. Porqué. Quién me lo regaló. Cómo me sentía cuando lo leí. Quién era yo. Quién fui.

Y esa nostalgia del tiempo que tenía antes para mí y para mis libros. Cuándo voy a tener tiempo para volver a leer? Cuándo podré leer algo que no sea de crianza de un hijo?

Se quedan. No pierdo la esperanza de volver a leer.

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octubre 12, 2017

Un email de amor

Ayer envié un correo que debí haber firmado así: “Pasé pepiada de vos toda la facultad”. Pero no me animé y en lugar de eso, usé “Saludos”.

Me contestó muy rápido. “Qué gusto saber de vos después de tanto tiempo” y después, una frase más prometiéndome ayudarme con lo solicitado.

Yo ya había fantaseado con la idea un “jale a tomar café y hablar paja un rato” o  “Y si almorzamos el viernes?”. Pensé que debí haber enviado un correo más personalizado. Algo donde quedara todo claro.

De todos modos, sé que él sabe, porque hace un tiempo, una amiga común se reunió con él. Por alguna razón, mencionaron mi nombre y me contaron que él dijo “Ella es tan linda…” y entonces la amiga común le soltó toda la sopa: “EN SERIO? Ay, vos sabés que hace un tiempo, estábamos con ella en una reu, y saliste vos a relucir y ella nos confesó que vos siempre le habías gustado?”.

No mandé mi segundo correo. El no me escribió más. No me llegó ninguna invitación.

No importa. Este intercambio, así de corto, me hizo sentir como cuando me sonreía cuando nos topábamos de en un pasillo, en las gradas o en la soda de Derecho y me decía solo “Hola”, justo en el momento en que solo yo podía escucharlo, porque lo decía muy bajito.

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septiembre 18, 2017

11 de setiembre- 6 meses

A veces pierdo la cuenta de la cantidad de pañales que cambio por día. A veces me pregunto cómo es posible, con la cantidad de mierda que he tocado en los últimos seis meses, que no me hayan salido hongos enormes y asquerosos con inteligencia propia por todo el cuerpo.

Seis meses. Seis.

Ahora nos mantenemos más en contacto con la familia de acogida, porque lo extrañan y lo quieren y tienen derecho porque ¿quién es uno para oponerse al cariño? Les mando fotos casi diarias y videos y se ríen y celebran sus tonteritas.

En la piscina, ya lo promovieron y dejó los flotis tirados. Ahora se manda al agua con solo un tubo de espuma amarrado a la cintura. La última vez que fuimos, se consume y se pasa por debajo del agua de un lado de la carrilera al otro. Quiere estar cada vez más solo en el agua y a la vez no puedo dejarlo porque en un segundo queda boca abajo y hay que darle vuelta como a la tortuga para que no se ahogue.

Hay días en que quisiera tener su capacidad de asombro, por ejemplo ante una salchicha en rodajas o la forma en la que se abre el portón eléctrico. Su capacidad de perdón y de olvido. Su capacidad de caer y levantarse tantas veces todos los días.

Cada vez se despierta menos de noche. Cada vez es más difícil alzarlo porque pesa más y me pregunto cuándo será ese día que lo alce por última vez, porque por ahora no lo quiero ver llegar. Seguís leyendo?

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septiembre 6, 2017

Nuestro secreto

Hoy me desperté y no fue en vos en la primera persona que pensé. Hoy es 6 y vos llevás 42 años desde aquel infarto y es la primera vez, desde que me acuerdo, que no siento a la tristeza rondando antes de dejarse caer, pesada y muda, un día 6.

No es que haya dejado de pensar en vos. Todos los días veo tu retrato. Todos los días te veo a vos en el espejo. Somos dos gotas de agua, decía Mimí. Y es cierto.

De hecho y si fuese posible, pienso en vos más que antes, en una parte que no conocí. Me pregunto si vos sentías por mí la misma ilusión que yo siento por Pato y quiero creer que sí. Cuando juego con él, cuando me río, cuando cantamos, cuando bailamos, cuando jugamos a las luchitas, cuando hacemos cualquier cosa juntos, siempre pienso en vos y si vos me querías a mí como yo lo quiero a él. Quiero creer que sí. Que eso se me quedó en algún lado en la memoria y que por eso, ahora, tantos años después, vuelve a salir. Seguís leyendo?

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agosto 29, 2017

Día de la madre- 5 meses

Cumplí cinco meses sin cortarme o teñirme el pelo. Cinco meses de colas, hasta para dormir. Cinco meses con las uñas al ras, con corta uñas. Nada de limas y mucho menos el lujo de un manicure.

No me importa andar casi en piyamas cuando ando con él. Tampoco hacer el ridículo, como cuando pasamos a un super a esperar que baje una presa y mientras recorremos pasillos, nos ponemos a bailar pirateado con la música del swing criollo que sale de los bafles. Pato me devuelve a las partes soleadas de mi infancia.

Antes de la presa, veníamos de una cita médica donde la doctora se sorprendió que un niño como Pato llegara vía adopción. “Es que es blanco!” me dijo- “Es que tiene los ojos casi claros! Es que es precioso” Cuando traté de pararla haciéndole ver que lo que decía era imprudente, me dijo “Es que no entendés. Mi cuñada adoptó dos y se ven como chiquitas de las que piden en la calle”

Esas cosas pasan en Escazú, donde en una reunión de horas, las mujeres presentes empiezan a hablar de la vida para pasar el rato. Somos más o menos de la misma edad, todas mujeres, todas casadas, todas convencidas de que, a pesar de la maternidad o precisamente por ella, tenemos que seguir trabajando. Se quieren caer de la silla cuando yo, de domingo siete, les digo que yo no me casé para siempre. Porque todas ellas sí, como las princesas. Seguís leyendo?

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julio 17, 2017

No me dejes nunca

De ese día, hace cuatro meses, no he escrito nada y tengo que hacerlo. De cómo llegamos al pueblo una hora antes de lo que nos dijo el PANI. De cómo caminé por las calles y los mini supers con una necesidad rara de comprarme algo, lo que sea. El sol inclemente y el calor y el sudor. De cómo llegamos al hogar de acogida y de aquella figurita chiquita, vestido de verde limón, que se asomó de la mano de su cuidadora por la puerta abierta. Y lo que pensé: “¡Qué chiquito es! ¡Es un bebé! No se parece a las fotos. Es mucho más blanco. Tiene los ojos claros. Mi bebé…” Un día lo voy a escribir. Hoy no.

Cada vez habla más, pero no necesariamente más claro. Es muy expresivo, con la cara, los ojos, las cejas, las manos. Se da a entender casi perfectamente con la forma en que entona, con todo el cuerpo, lo que dice. De un tiempo para acá, siento que me dice ¡Ale! Cuando necesita algo y mamá no le funciona. En automático, yo contesto, aunque luego me siento y le digo que me llamo mamá y renuncio a mi propio nombre.

Compramos un cubre sofá para que el pobre sillón viejo dejara de mancharse tanto. Es una maravilla lo que protege la tela, pero además, porque permite ver, día a día, la marca alimentaria de Pato, entre regueros de fresco, leche, huevo, pedazos aplastados de fruta y boronitas de todo lo que se come cuando se sienta a ver Jorge el Curioso Seguís leyendo?

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