Mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las anchas alamedas por donde pase el hombre libre para construir una sociedad mejor.

 

julio 21, 2019

Reunion

Mis viajes a la playa eran a Puntarenas. Muy rara vez a Guanacaste, porque era muy lejos y caro. En cambio, al puerto podíamos ir y volver el mismo día y en años de abundancia, quedarnos en cabinas sin nombre con ventiladores ruidosos para las noches.

Muchas veces íbamos con mis primos, todos los chiquillos en el asiento de atrás o en la joroba, sin un cinturón de seguridad y sin temor de un accidente. Con las ventanas abiertas, llegábamos con el pelo enredado y la piel seca, llena de polvo.

En algún momento del Aguacate, que yo nunca supe cuál era, alguien gritaba “el Mar!” y era como ganar una competencia. Nunca fui yo. Nunca lo vi primero y cuando alguien lo veía a mí me costaba mucho entender que esa mancha azul que se difuminaba era el mar.

Me gustaba y no me gustaba ir. No me gustaba ni me gusta aun la sensación de la piel pegajosa, llena de sal y arena. No me gusta el calor húmedo. No me gusta la idea de un mar lleno de animales. No me gusta esa arena suelta, que me hunde los pies y me quema. No me gustan las partes con piedras o con ramas que me lastiman los pies.  No me gustan los purrujas ni los mosquitos. No me gusta que la arena se acumula entre las piernas del vestido de baño, que no me la quito completa en las duchas públicas, que cuando venimos de vuelta me pica y me arde y me raspa y ya tengo la piel quemada y no quiero sentir a nadie cerca y todo me incomoda. Seguís leyendo?

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julio 7, 2019

Pequeños duelos

Quisiera que te quedaras así como estás ahora, a medio camino entre bebé y niño grande.

Que sigamos jugando a que vos sos la mamá y yo el bebé y maravillarme y sentirme halagada de verme a través de tus ojos, porque para vos soy siempre dulce, paciente, presente, tranquilizante. Que seás vos el que me cuenta un cuento.

Que me sigás preguntando a dónde van las personas cuando se mueren. A dónde se van los yayays cuando se curan. Por qué, por qué por qué.

Que hagás la trompita de darme besos, que te tirés a abrazarme cuando hago ejercicios de estiramiento, que me pongás a manita en el brazo cuando vemos tele- como lo has hecho desde el inicio. Que me abracés cuando me acuesto a la par tuya hasta que te quedás dormido. Seguís leyendo?

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abril 19, 2019

Aniversario de estas alamedas

Desde que empezó este blog, un Viernes Santo:

Pasé por amores y desamores y rechazos y abandonos. El amor no es esa emoción alterada permanente de la tele, creo. Es más bien callado, como una playa en calma.

Tengo los mismos amigos que tenía entonces y encontré nuevos amigos que me abren los brazos, sin juzgar, cuando ven que lo necesito y que ha sido una maravilla incorporarlos a mi vida.

Pasé por ataques de pánico, un mes entero sin dormir y los superé. Sola no. Con medicación y terapia.

Pasé por un cáncer de mama. Tengo tetas nuevas que ya son mías. Este año se cumplen 5 años. En mayo me dicen que ya estoy libre de cáncer.

Compramos casa propia y ya la pagamos, gracias al INVU. Finalmente tengo un lugar mío, propio. Y eso es importante para mí.

Sigo trabajando en el mismo lugar, pero ahora hago otras cosas que me gustan mucho más, porque tienen que ver un poco con la parte social del derecho y doy muchas charlas. Me gusta enseñar.

Aprendí a hablar alemán. Conocí Europa. Viví unos meses en  Berlín. Y volví, varias veces. Eso no estaba escrito en el libro de mi vida.

Cerré el duelo-finalmente- de la muerte de mi papá y de mi abuela y eso me hizo crecer.

Empecé a nadar y encontré el único deporte que me ha gustado en la vida. Espero seguir nadando siempre. Un Nadador Shaolín aprende todos los días en el agua.

Me di cuenta que era feminista. Que todos los días sigo aprendiendo.

Aprendí a ser más tolerante, más dispuesta a escuchar, a ver el otro lado. A manejar el miedo.

Siendo liberacionista, voté por el PAC. Vi aprobarse el matrimonio igualitario. Vi a mi país cambiar y también polarizarse.

Hoy sé que mi abuela Mimí decía que en Viernes Santo a una le salía cola de pescado al bañarse, no por el agua, sino por el acto impuro de tocarse el cuerpo desnudo en un día como éste.

Fuser vino a mi vida y se fue. Le di todo, todo. Lo material, lo sentimental, todo. Fuser me hizo darme cuenta de mi capacidad de cariño y ternura y amor incondicional. Y por él y gracia a él, hice un duelo diferente, sano. Aun no tengo otro perrito.

Soy mamá, gracias a un proceso de adopción y al Estado, conocí el amor más grande y único. Jamás me lo imaginé. A veces pienso que hubiera sido mamá antes. Pero entonces no sería la mamá de Pato y cada cosa tiene su tiempo.

Será la edad, o será Pato, pero siento que, finalmente, he crecido.  Antes no quería disfrutar de las cosas porque no quería pasar por la sensación de que se terminaran. Ahora, a pesar del dolor de la pérdida, agradezco haberlas vivido. Soy otra. O tal vez la que siempre debí haber sido.

Ahora pienso en la vejez, en el futuro, en los años que vienen, en cumplir 50, en cómo me he dado cuenta muy tarde en la vida de lo que realmente me gusta y lo que no, de mis limitaciones y talentos y, sobre todo, en cómo se me han ido estos años en un suspiro.

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marzo 10, 2019

La primera vez que te vi

A mediados de febrero del 2017 fui a un torneo de natación en Florida. Uno del que casi no me acuerdo nada, porque estaba pensando en la adopción, en cada miércoles que pasaba sin recibir una llamada, en el temor del miércoles de cada semana, en el vacío, en la tristeza, en la incertidumbre, en tener que decir al final del día “Otro miércoles que no nos llaman” sin explotar en pedazos.

Una amiga me llamó. Me dijo que una amiga de ella, que tenía acceso a información, le había dicho que ya nos habían asignado a un bebé. Un varoncito de un año y tres meses. Divino, dijo ella. Pero me pidió no decir nada, a nadie, porque comprometía a la persona que nos contó. Y de todos modos, si eso había pasado, era casi cierto que nos llamarían a la semana siguiente.

Hice algunas compras locas. Decidimos el nombre de último momento. Revisé y volví a revisar la ropita, su cuarto, sus cositas. Seguís leyendo?

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febrero 25, 2019

Bucles genéticos

Mimí tuvo cuatro hijos. Carmen, la mayor, que nació en Abangares. Probablemente Mimí llegó a Costa Rica embazada de ella o se embarazó aquí. Mimí tenía 16 años cuando llegó. Tal vez se embarazó a los 15. A los 15 yo jugaba todavía con muñecas, especialmente con una Barbie gimnasta, que usaba un letoardo de manga larga color turquesa con una faja rosada.

Luego tuvo a Rodolfo y a Alejandro, mi papá. Y asumió a Orlando como propio, cuando la mamá de él, María, falleció. Orlando debe haber estado pequeñito.

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febrero 6, 2019

Testigo de la historia

El martes estuve en una audiencia judicial y quería contarte. Fue por el matrimonio de dos mujeres y Adriana había servido como testigo en esa escritura pública en que se casaron. Ellas dos, los dos testigos y el notario, estaban acusados por los delitos de falsedad ideológica y de matrimonio ilegal.

Yo llegué sin copia del expediente y con la amargazón propia de las decepciones acumuladas. Esta audiencia sería un mero trámite, donde confirmarían la injusticia de que este caso pasaría directo a juicio, en la vieja tradición nacional de pasarle el problema a alguien más con tal de quitármelo de encima.

No me sabía el número de expediente y mientras trataba de explicárselo al guarda de la corte, que no me dejaba pasar sin ese dato, alguien se me acercó a preguntarme que si era el caso de las lesbianas. Casi lo muerdo “Tienen nombre”– le dije, con odio. Me explicó que era periodista, amigo del notario, que estaba ahí por apoyo moral. Me disculpé, apenada.

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noviembre 29, 2018

La tapita

Estoy sensible. Como si se me hubiera abierto una grieta o se me hubiera perdido la tapita de esa botella, azulada y fría. No la encuentro y me urge, esa o cualquiera que sirva, porque se me está desbordando y me doy cuenta porque tengo urgencia de montarme al carro y aprovechar para llorar, mientras voy manejando. Así lloramos las mujeres. Encerradas, en movimiento, de camino a alguna parte.

Quiero decirle al señor que me atiende en la gasolinera que es una barbaridad que los obliguen a usar ese chaleco amarillo horrible en este calor, convirtiéndolos en carteles humanos para que a mí no se me olvide pedir mis stickers. Quiero pedirle perdón porque no me interesa el coleccionador y preguntarle si tiene que cumplir con una cuota de entrega. Quiero pedirle que me cuente cómo es su vida, si me saluda sonriendo porque se siente bien o porque es requisito en este brete que te obliga a estar de pie aspirando humo, atendiendo malcriados insolentes, por un salario de mierda. Seguís leyendo?

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octubre 14, 2018

Class of 88

No sé para qué me contactan. No lo han hecho en 30 años. Y de repente, ahí está uno, el organizador, que si te meto en el grupo de Guasap, que si vas a ir, que ojalá podás. Y me confundo.

Por un momento pienso que me lo imaginé. Que tal vez no fue tan malo. Que tal vez la que estaba jodida era yo. Que no puede ser que ellos tengan tantos buenos recuerdos y yo no.

Me engaño. Quiero creer que ya no me importa, que no me afecta. Es cierto que ya no siento ese odio y ese repudio por verlos. Tampoco confío en ellos. Todos los días, el algún momento: para qué me llaman? Porqué quieren que vaya? Seguís leyendo?

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septiembre 11, 2018

11 de setiembre. 45 veces

Han pasado 45 años, pero está lejos de ser historia. De hecho, cada año te das cuenta que no es una historia. Son miles de historia. O millones. Una por cada chileno que lo vivió, una por cada persona que se solidarizó, que se impactó, que se horrorizó. Una por cada persona que se entera y lee y empatiza y aprende. Cada año salen historias nuevas:

Uno

Este es un documental increíble. Un día como hoy, hace 45 años, La Moneda fue bombardeada por aviones Hawker Hunter aunque el presidente Salvador Allende y parte de su staff estaban adentro. No hay defensa posible cuando te llueven bombas, más que decirle a tu pueblo y al mundo que

Seguramente Radio Magallanes será callada y el metal tranquilo de mi voz no llegará a ustedes. No importa, lo seguirán oyendo. Siempre estaré junto a ustedes. Por lo menos, mi recuerdo será el de un hombre digno que fue leal a la lealtad de los trabajadores.

El pueblo debe defenderse, pero no sacrificarse. El pueblo no debe dejarse arrasar ni acribillar, pero tampoco puede humillarse.

Después del golpe, los motores de esos aviones fueron enviados a la fábrica de Rolls Royce de Escocia para darles mantenimiento. Cuando los trabajadores de la fábrica se enteraron, desaparecieron los motores.  Ellos dicen que fue un pequeño gesto de solidaridad.

Mi suegro, de quien he escrito en otros días 11, no sabía de esta historia y cuando le conté, se le veía la mirada conmovida y agradecida. Y sonreía.

Mi suegra dijo algo que tiene todo el sentido del mundo cuando hablás de un trauma personal y no de una historia de hace 45 años “Yo creo que nunca me voy a olvidar del sonido de esos aviones”

Ellos vivían a una cuadra de La Moneda y estaban ahí, en el departamento, ese día.

Dos

Esta historia me la dio mi suegro. Es la de 12 muchachos, detenidos desaparecidos. Con tecnología, y usando las últimas fotos de ellos, los avejentaron y los presentaron como se verían hoy, si hubieran podido seguir con sus vidas 45 años más. Esas fotos del what if las proyectaron en una casa que fue del partido socialista, en el centro de Santiago y que fue usada como centro de tortura. Las familias de los muchachos asistieron y en las reacciones de ellos, entiende uno que no eran solo detenidos-desaparecidos. Eran el hijo, el hermano, el amigo, el dirigente. Con nombres, historias, vivencias que quedaron truncadas, para ellos y para todos los que los conocieron. Aquí pueden ver el video.

Vuelvo a mi suegro, contando las partes que más lo impactaron, que eran las reacciones de los familiares. El que al ver a su hermano trata de tocarlo como si estuviera ahí, con él, y le dice “Hermano… jamás esperé verte sonreír de nuevo”. La viejita que a pesar de al alzheimer de repente reconoce en ese señor mayor proyectado en la pared a su bebé y grita “Hijo!”.

A mí lo que más me impactó fue verlo a él contando cómo uno de los muchachos, con la tecnología para verlo como se vería hoy, “Se ve como yo hoy, viejo, de mi edad, arrugado, con canas”. Detrás de eso hay un misterio eterno: porqué él y no yo. Porqué me salvé yo y él no. De qué dependió.

Vivos los queremos. Porque siguen vivos. No hay quien dude de eso.

 

Tres

Hoy me puse mi camiseta de Allende y fui a almorzar con un cliente, que ni reconoció la camiseta ni sabía que hoy era el aniversario del golpe. Cuando terminamos, nos quedamos hablando paja un ratito y noté como dos señores me veían, hablaban entre ellos y me volvían a ver. Me di cuenta que era mi camiseta.

Oí al más viejo decir “Sí es”  con ese cantado que me es tan familair. Me volví para enseñarles bien mi camiseta y les pregunté si era eso. Me dijeron que sí. El más viejo me dijo “Soy chileno”. Pregunté de qué lado y me señaló la camiseta. Levanté la mano con el puño cerrado y los ojos de él cambiaron. La misma mirada conmovida y agradecida que le había visto a mi suegro.

Mens Salvador Allende T-Shirt Marxism Socialism Communism Tee 2XL White

Como dato curioso, los dos, él y mi suegro, llegaron a Costa Rica en 1973.  Quién sabe cuántas veces lo ha dicho en 45 años, pero me lo repitió: “Muchos chilenos llegamos a Costa Rica después del golpe. Estamos muy agradecidos con este país”

Yo también, poh. Yo también.

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septiembre 6, 2018

50 pecho

Patito:

Hace unas semanas, mamá se fue en avión, a nadar a una piscina que queda muy largo de aquí. Me enfermé, con una gripe repentina y en una de las pruebas en las que esperaba hacer menos tiempo, en la de 50 libre, hice un tiempo muy malo. No sé si fue la gripe, o el miedo, o el calor. Hacía muchísimo calor. Cuando uno se quitaba del ventolero de los abanicos industriales, casi de inmediato quedabas empapado en sudor.

Cuando terminé esos 50 metros estaba a punto de un ataque de pánico y quería llorar. Pero no pude, corazón, porque tía estaba ahí y me insistía en que lo había hecho bien. Mis compañeros estaban ahí y decían lo mismo. A cada lado que volvía a ver había gente y yo tenía que sonreír aunque no me había estabilizado. Si hubiera podido llorar, se me pasa en 10 minutos. Pero como no pude, me tomó hora y media antes de volver a respirar normalmente.

Patito, mamá había entrenado todo un año para esto. Ya no sé ni cuantas madrugadas. La vida, amor, es un poco como la natación. Te preparás y solo hay una oportunidad: la competencia. Y en menos de 90 segundos, al menos en mi caso, sabés si lo lograste o no. Y si no, lo más difícil es pasar la página. Recogerse del suelo, sacudirse y decir: en la próxima será.

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