Mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las anchas alamedas por donde pase el hombre libre para construir una sociedad mejor.

 

diciembre 31, 2022

2023

El 2021 fue el año de sobrevivir. Toda la energía enfocada en eso. Solo en eso.

2022 el año de sanar. De dejar todo ir. De saber que era un año reservado para eso. Nada de competir. Nada de metas. Simplemente fluir. Aceptar los impactos del daño.

Por ratos me siento absolutamente plana. Tal vez sea momento de ajustar el medicamento. Pero veo pasar. Hay tantas cosas que no recuerdo.  No sé si fue el medicamento o el trauma.

Pienso tanto en mi edad, en qué sigue, en a partir de cuándo estoy obsoleta, si me llegaré a dar cuenta.

No se me olvida el 31 de diciembre del 2019. El beso que le di a Pato pensando en lo que venía. La felicidad y la esperanza. Creo que quedé con miedo a los fines de año

2023. Tengo que empezar de nuevo. Quiero. En febrero compito. Pero todo es tan diferente.

Google+TwitterPinterestFacebook

diciembre 24, 2022

La bipolaridad de mi Navidad

Me sigue costando. Empezó el día que fui a la Universal a buscar libros de primer grado. Los árboles, la música, la decoración, poco a poco me di cuenta que me estaba abrumando y que me puse ansiosa y triste. Y desde ese día, un poco como las luces del árbol, tengo días y a veces momentos en los días en que me siento mal y triste y desconectada y momentos donde siento que tal vez algún día podré disfrutar la Navidad.

Se atrasó mucho la decoración en la casa y ni siquiera quise hacer el intento de sacar todo. No hay portal. No hay botas. Pero es que la casa aun está como a medio camino de una remodelación que terminó hace seis meses. Y está Siggy, que todo lo bota y lo quiebra.

Ese día sacamos unos adornos de Santa que me gustan mucho porque son como juguetes preciados. Pato quebró uno. Y toda la tensión de esas emociones se me salieron en un regaño cruel y pesado. Un rato bien, otro malo.

Cuando no me siento plana, cuando no estoy pensando en pedirle al doctor que me reduzca el medicamento, me siento molesta, urgente, ansiosa. Necesito poner la cabeza en otro lado.

Le dije a una amiga pero diciéndome a mí misma, de la presión de la música, la publicidad, los medios, de la mejor época del año pero para una, una acumulación de cosas, mandados, últimos minutos, cansancios, enfrentar esos fantasmas.

Los míos se revuelven. Pato me dijo anoche que quería quedarse despierto para ver llegar a Santa. Quise contarle que siempre lo intentaba para ver a mi papá. Pero no lo quiero asustar. La imagen de luces y árboles y colores pero siempre con la sensación atrás del depredador, del dolor, del miedo.

También me enojo. Con el cliente que, habiéndole enviado un mensaje de que me fui de vacaciones, insiste en que le haga una última cosa. Con mi padrastro que en su vejez parece no recordar sus maltratos y mucho menos pedir perdón por eso. Que ve en mi hijo lo que nunca supo ver en mí. Con la vida, que me muestra a mi mamá decayendo cada vez más, acercándose a la muerte, aunque ella no quiera darse cuenta. Con los gastos. Con ese amigo dulce que ahora es un hombre profundamente amargado.

Pienso y pienso y pienso y casi no recuerdo nada de la Navidad del año pasado. Recuerdo que me vestí de elfo. Que amanecí atrapada en esto el 24 y que a media mañana decidí combatirlo.  Recuerdo que me costó mantenerlo y que Pato nos despertó muy temprano el 25.

Hoy debería recordar que, ante todo, sobreviví. Y que pasé todo este año reponiéndome, recuperando.

Llegará una Navidad en que sea todo cálido y amor y alegría y agradecimiento.

Google+TwitterPinterestFacebook

diciembre 16, 2022

Harry & Meghan

Me tiré las seis horas de documental. Llegué a varias conclusiones:

a. Ella me cae mal. Puede ser racismo inconsciente. La veo falsa, actuando y que se hace la víctima. Ni un solo mea culpa. No quiere paparazzis, pero sí venderle la vida a Netflix.

b. Yo también quiero una vida normal de vivir en una mansión con gente hasta para recoger las chancletas que dejo en la sala sin tener que trabajar nunca y con plata que sobre.

c. No entiendo en qué cabeza cabía pensar que podía cambiar una institución como la corona inglesa. Ni cómo alguien que se jacta de ser inteligente y estudiada no previó lo que podía pasar o no se enteró.

d. Me imagino los gritos que dice Harry que pegaba William más o menos así “Mae, mi tata casado con esa zorra. Tío Andrés metiéndose con güilas y enredado con Epstein. La abuela hecha picha y ¿vos me salís con esto? andate mucho para la mierda!”

Pero lo peor de todo:

Pude ver cómo habría sido esa vida paralela. Mucho amor, sí, mucha oposición y jodarria de la familia política. Y estar atrapada y aburrida en una jaula de oro con un inútil que no ha hecho la terapia que necesita, un baboso sin criterio que se le crió para ser príncipe y no sabe ser otra cosa. Un pasmado que juega a la vida que cree que llevan los súbditos. Aunque fuese cierto que era amor, hay que saber que con amor no basta.

De la que me salvé.

Google+TwitterPinterestFacebook

diciembre 16, 2022

Migajas de recuerdos

47 años de muerto y aun sigo recogiendo datos nuevos:

Cuando vivimos en España, nos quedamos en una pensión, que aun existe, solo que ahora se llama Hostal Vascoleonesa

En Italia mi mamá recogía las botellas de vino vacías que se encontraba y las vendía en un restaurante de pizza, porque muchas veces el dinero de la beca se atrasaba.

Mi papá era un hombre muy dulce. Eso me conmovió.

Google+TwitterPinterestFacebook

noviembre 25, 2022

Reporte al Hogar

Ayer llegó el informe al hogar. Confieso que lo abrí sonriente esperando checks en áreas fuertes y sobresalientes. Confieso también que me decepcioné cuando bien que casi todo era promedio y en varias líneas “necesita ayuda”.

Primero le eché la culpa a la genética. No puedo esperar que salga igual a nosotros. Pero si creo que nurture rules over nature, entonces la culpa es mía. Pero también podría ser la culpa de las maestras. Tal vez no le pusieron suficiente atención. No puede ser que salga promedio en música o en natación. Acepto que hay que trabajar más los trazos del apresto, pero cómo un promedio en valores? En independencia? Qué estoy haciendo mal? Porqué no salió en todo perfecto? Y la culpa, oscura y densa.

En la noche, por algo que perdió, lloró a la hora de dormir y entre lágrimas me dijo que si perdía algo más tenía miedo de que tuviera que irse de la casa. No hubo nada que lo convenciera. Lloraba con el dolor del que teme el futuro.  Luego me dijo que quería irse a la casa de los que lo cuidaron antes de conocernos, porque ellos no lo trataban mal ni lo regañaban. Y siguió llorando.

Me rompe un poquito el corazón y recuerdo la cantidad de veces que alisté mi lonchera o mi bulto y las veces que en efecto me fui y el humillante regreso forzado ante la realidad de que no había nada que pudiera hacer con 2 jugos Kern’s, 3 meneitos y 2 galletas crema.

Lo abrazo, le hago cosquillas, le hago masajito, porque dice que le duelen las piernas del partido de fut de 15 minutos, porque dice que fue portero y que entre él y el mejor amigo hicieron un gol, pero también le cayeron todos encima y se torció un pie.

Cuando lo veo así, quisiera quitarle ese dolor, esas ideas, protegerlo, hacerlo sonreír de nuevo, que me crea que esta casa es de él y que nadie nunca lo va a echar de aquí.

Me repito que tengo que dejar ir, que no lo puedo cargar con mis expectativas, que él sea lo que él quiera, que sea luchador, sincero, noble, leal. Que las notas no importan. Que no es necesario que sea como yo. Que le irá mejor en la vida si su vida es otra.

Todo eso sí.

Pero ya le pregunté a las maestras cómo corregimos eso y ahora en vacaciones inicia el proceso de escuela militar de practicar caligrafía todos los días, yo a la par de él y de aumentar la cantidad de cosas a cargo de él. Disciplina se llama ese super poder.

Google+TwitterPinterestFacebook

noviembre 23, 2022

Dope Free

El doctor me dijo que procurara no tomar medicamentos que no eran estrictamente necesarios. Separó la lista de pastillas de la mañana en medicinas que SIEMPRE tengo que tomar y los que son vitaminas o apoyos pero que no ponen en riesgo la salud.

En la tira se fue mi desayuno de campeones: el boli de Enantyum o Conrelax Plus, en ayunas antes de nadar, que siempre sospeché que podía ser una de las causas del cáncer gástrico.

No ha sido fácil. Mis tiempos al nadar, de por sí bastante modestos, empeoraron como por 6 a 8 segundos. Al hacer el final, siento el cuerpo tieso y me duele la cintura al agacharme en el “ensusmarcas”. Me tiro a nadar y siento claramente cuando el cuerpo le dice a la mente que no podemos, que no hay con qué.

Es un ejercicio de tolerancia, porque me duele el cuerpo todo el día y, a veces, en la noche, a un nivel tal que no me deja dormir.  Tengo que repetirme que ya conozco la diferencia entre el dolor de músculo y el dolor de una lesión. Que tengo que dejar de tenerle pavor al dolor y aprender a vivir con él. Dejarme de chinearme y encamarme a ver tele o leer, cuando siento la menor incomodidad. Aceptar que puedo funcionar normal todo el día aun con eso, aunque cada vez que me levante de la silla sea repetir la sensación de la banqueta.

Hay días en que me amarga ver mis tiempos en el piso acuático metafórico. Pero también es cierto que después del cáncer, no me angustia como antes, ni me castigo como antes, ni siento la presión de antes de mejorar siempre, ni me decepciono de mi misma, ni me avergüenzo por adelantado de alguna futura competencia.

Dejé de mentirme sobre mi capacidad deportiva y mi potencial y me siento mejor. Me acepto como el lastre que soy.

Hay otra óptica en todo esto. Mantengo la disciplina, pero no como obsesión, sino recordándome, cuando no quiero ir, que nadar me ha salvado la vida. Dos veces. Es mi medicina.

Puede ser que esté a las puertas de empezar a disfrutar el deporte y replantear la frase de mi abuela “Gracias a Dios ya me bañé/ me confesé/ comulgué” y a veces me sorprendo con la voz en mi cabeza, cuando me quito los googles “Gracias a Dios ya nadé”, con todo y suspiro de satisfacción.

Google+TwitterPinterestFacebook

noviembre 22, 2022

Mis muertos

 

Hebe. Toda gorda, ella. Mi gorda. Su cuerpo de mamá gallina que abraza con calor y con ganas. Su cara estricta. Su sencillez, el fustán que se le sale.  La fuerza y dolor de sus palabras. Sus anteojos y su pañuelo blanco- el que fue pañal- en la cabeza.

De Hebe fue la primera vez que escuché que de nada servía quedarse en el dolor, que había que levantarse y seguir andando y dar la lucha. Para entonces no tenía idea yo de cómo se hacía eso. Pero ella daba el ejemplo, una persona común y corriente, madre,  diciendo no estoy de acuerdo, no me callo, dónde están, se lo debo a mis hijos, dejá de hacer las cosas mal, es inmoral lo que hacés. Esa voz necesaria.

Rocío. Me garuó en el corazón cuando me dijeron que murió en enero. No supe antes. No pude ir a su entierro. Tengo fotos de bebé con ella alzándome en el patio de su casa, con su sonrisa de dientes de conejo. Siempre feliz de verme, siempre cariñosa. Su enorme biblioteca de revistas de Archie y el Pato Donald, de acceso libre para mí. Las invitaciones a quedarme a dormir y caer dormida leyendo, leyendo, leyendo. La primera persona que conocí que quería cambiarse el nombre: Daniela. Y su matrimonio y luego la maternidad y el divorcio y los rumores de violencia y yo dolida porque alguien le pegó a Rocío. Le apagó su sonrisa.

También el secreto de su vida: Rocío fue hija de la muchacha que trabajó en su casa. Se embarazó soltera y le entregó la bebé a su patrona. La muchacha se quedó trabajando ahí para ver crecer a su chiquita. A Rocío nunca le dijeron nada. Pero yo sabía.

Pablo. Cuando todas tenían novios que iban a marcar a sus casas y ninguna se daba por menos en el high del empoderamiento femenino de los 80, Pablo dignificó aceptar migajas. La prefiero compartida, antes de vaciar mi vida, me resonaba y me resuena porque solo el que conoce la soledad puede juzgar esos arreglos que se alejan de lo que otros creen correcto. En Pablo me encontré descrita, entre violenta y tierna, el gusto por las canciones que comprometieran mi pensar, con un temor a cualquier cosa formal o eterna, rompiendo todos los esquemas de esa adolescente femenina, coqueta, que se pone faldas o vestidos, tacones y se maquilla, que se quiere casar y ser mamá antes de los 30, con una carrera pero dedicada a organizar cenas de amigos y fiestas en salones infantiles.  Pablo me enseñó que había otra vía. Otra forma de hacer las cosas, cuando yo ya me había dado por vencida.

Google+TwitterPinterestFacebook

noviembre 22, 2022

To haunt

No encuentro la traducción adecuada. No hay un verbo en español que transmita esa sensación de melancolía, de estar siempre al lado tuyo, del auuuuu lastimero en las noches y en las pesadillas, del peso de eternidad, de imposibilidad de resolución que lleva algo que haunts you. Que está presente sutilmente, que te deja llevar tu vida, que no te quita la concentración en otras cosas, pero tampoco se va. Que ni vos ni eso saben cómo resolverlo. Eso solo sabe que tiene que estar ahí con vos, hasta que vos encontrés cómo permitirle finalmente irse al otro plano. Pero como vos no le prestás atención, o toda la atención, ahí se queda, en esa mente que está embrujada como la casa antigua y abandonada.  Yo soy el sujeto pasivo en este verbo.

No puedo decir algo que me atormenta, porque atormentar implica acción, movimiento violento, agua torrencial, luz repentina, viento, la urgente necesidad de sobrevivir y a la vez, la certeza de una duración corta. La tormenta te obliga a enfrentarla y a protegerte y luego se disipa.

Tampoco que algo me asusta. Un susto es una sorpresa, es momentánea, me roba la respiración, el habla, pero luego todo se reestablece porque sé que no existe. No tiene esa permanencia del to haunt.

Cuando algo me atormenta o me asusta, yo soy el sujeto activo. Es intrínseco y además, reflexivo.

Y cómo digo entonces, cómo hablo de eso? It does haunt me

Google+TwitterPinterestFacebook

noviembre 21, 2022

La compulsión

La ansiedad social o la timidez o la desadaptación, se hace más evidente en las fiestas infantiles. Al menos en esta podía quedarme al lado de Marce. Normalmente me toca sentarme con las mamás y tratar de adivinar cuándo puedo intervenir en la conversación y equivocarme varias veces. Además del esfuerzo por tratar de escuchar lo que están diciendo. Me canso. Me siento incómoda. Me tenso.

Es la fiesta en la que mejor hemos comido. Patí, plantintá, fruta, queso, jaelitas, chorizo, yuca, chicharrones, ensaladas. Muy por encima de la pizza usual o la repostería añejo con dejo a manteca.  En una casa y no en un centro de fiestas, con naturaleza y verde y llovizna y frío. Perfecto.

Allá en la esquina, hay otras parejas conversando. Ellos son el prototipo de lo que creo que son los bros. En shorts, tennis, gorra y esa forma de hablar tan particular que los evidencia como Chechos de ingeniería. Y lo son.

Hablan del nuevo proyecto que es de tal Banco y las tiendas que curiosamente están abriendo ahí. Especulan. Quisiera decirles que eso es porque los dueños del Banco y de esas tiendas, son los mismos. Pero tendría que levantarme, ir hasta allá y decirles eso. Y luego devolverme. Porque si solo me llego a sentar allá, pasa el momento y ya no tengo nada que decir.

Hablan de sus jefes y sus experiencias con carnes exóticas. De sus viajes. De la gente que se han topado, de las cosas que les han dicho. Yo, yo tengo muchas anécdotas buenísimas. Las he ido mejorando con el paso del tiempo. Les encantaría oírlas, me encantaría que me oigan, que me pongan atención, ser el centro de la conversa, que me pregunten cosas.

También comentan de sus padecimientos de migraña (Yo tuve!) y de cómo nada les sirve (a mí tampoco me servía!), de los gatillos y cómo pierden el habla (¿Quieren saber de los míos? ¿Les cuento?) y el tratamiento nuevo (¡También es el mío! te va a funcionar, vas a ver, pero ¿te dijeron que produce impotencia?)

Se quejan de los costos de las clases de baile en el oeste: $180.00 por cada traje de presentación, $70.00 por cada maquillada, $50.00 por entrada y son tres días. Afuera, están los Audis Q7 que aun no tienen placa, el Audi eléctrico, los carrazos. La ropa de marca, los conocidos mencionados de nombre y apellido en una sola palabra, los eventos comunes, los restaurantes caros.

 

 

 

Google+TwitterPinterestFacebook

noviembre 21, 2022

Books on the Moon

Es un esfuerzo lindo de comentar  libros, de dejar rastro, de sugerencias de qué podemos leer, genuino, divertido, amateur y artesanal. Una vez en video y otra en audio. Suscríbanse. Y comenten 🙂

En la última edición de audio, salgo yo, hablando de estas alamedas, por si quieren ponerle un sonido a las letras.

Google+TwitterPinterestFacebook