Mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las anchas alamedas por donde pase el hombre libre para construir una sociedad mejor.

 

junio 14, 2024

Imágenes

Antes de la Revolución, las mujeres cubanas que eran víctimas de violencia doméstica o descubrían que su esposo era infiel o abusaba de sus hijos, se prendían fuego delante de él, hasta caer muertas.

El nombre de Dios, cuando se lo dijo a los hombres, es el sonido que hace la respiración cuando se exhala por la nariz. El soplo de vida, pues.

Mi mamá, llorando al ver una foto de mi papá. La última vez que lo vio vivo fue hace casi 50 años.

Me impresionan esas imágenes.

junio 14, 2024

Cincuenta y dos

Pensé que llegaría siendo una vieja. Y es cierto, tengo canas. Recientemente me han empezado a doler un poco rodillas. Pero me siento como la adolescente de antes, con una enorme diferencia: ya no tengo esa inquietud, esa angustia, esas ganas de morirme a cada momento. Esa claridad que si el resto de mi vida iba a ser así, no quería vivirla.

Es de los pocos cumpleaños a los que llego sin ese azore constante, sin tristeza. Me siento bien donde estoy, como estoy.

Jamás imaginé que yo sería tan feliz con la maternidad. Lo mucho que me llena Pato, jugar con él, estar con él, las cosas que soy capaz de hacer por él. Hace unos días acepté que con él no sirve el tough love con el que me educó mi abuela. Tampoco las amenazas y los castigos. Descubrí que sí soy capaz de esa paciencia que me parecía imposible y que, a diferencia de lo que siempre me dijeron, sí tengo capacidad de querer y de ser querida.

Tengo conciencia de esa infancia de mi hijo que va volando y quiero aprovecharla todo lo que pueda, sobre todo porque otros intereses siguen vigentes pero prefiero dedicar el tiempo a Pato. Amo leer, pero me gusta más abrazarlo. Sigo escribiendo y admiro a quienes publican, pero ya no siento que me pierdo de algo. Me encanta viajar, pero es mejor cuando le enseño el mundo y le cuento historias.  Disfruto nadar, pero son las competencias de él las que me importan. Me importa mi cuerpo, pero por salud, por más tiempo con Pato. Acepto feliz que las mujeres de más de 50 seamos invisibles. Me permite ser más yo, más libre.

Tal vez el coqueteo con la muerte. Tal vez los años que han pasado. Tal vez la terapia. Tal vez los cambios hormonales. Tal vez todo junto.

Quiero vivir.

junio 2, 2024

En el cine

Antes de la pandemia, Marce y yo íbamos al cine casi todas las semanas. Con el Covid, Pato y el streaming, simplemente dejó de pasar y la vez que Pato y yo nos escapamos al cine, nos dio Covid.

Ayer fuimos a ver Garfield, que me dejó con la fúnebre sensación de un porcentaje importante de muerte neuronal. Animada por computadora, doblada, aburrida, con escenas de miedo poco apta para niños e insulsa.

Pero ahí fuimos con nuestras palomitas gigantes y slurpees de sabores artificiales y, por supuesto, sin mascarilla.

Pato se terminó tomando el mío y el de él. Y sus palomitas dulces. Completas.

Tal vez por eso pasó toda la película como si tuviera hormigas en el poto. De un lado a otro, se movía, se acomodaba, levantaba el brazo del asiento, trataba de acostarse encima de mío, se ponía la suéter, se la quitaba, se metía en la mía, se la quitaba y así, acabando poco a poco con lo que me quedaba de paciencia.  Cada vez que le preguntaba si le pasaba algo, me decía que no, que tal vez quería ir al baño, pero todavía no, etc.

Es difícil esto de dejar la crianza de tough love de lado, sobre todo si es lo único que he conocido y que me parece que funciona. Es más difícil encontrar formas alternas de decir las cosas y no enojarse. No dejar salir lo que uno piensa. Controlarse.

Si lo logro al trabajar, no debería haber motivo para no hacerlo en casa, menos con todo lo que Pato es para mí.

Entre la movedera y la película, me iba agriando como leche dejada al sol…

La película empieza con Garfield bebé, adorable, por supuesto, al que su papá lo deja abandonado en un callejón en una noche lluviosa. Le dice que regresará y no lo hace. Garfield, hambriento, se acerca a un restaurante italiano donde conoce a John, que se lo termina llevando a la casa.

Pato siempre juega a ser el perrito Arcoiris, que estaba abandonado y alguien lo encuentra. El le dice que no tiene mamá ni casa y está dispuesto a que lo adopten. Más que juego, es una dirección estricta, porque para cada línea de diálogo, acción, etc, Pato da una instrucción clara: Digamos que entonces tú te asomabas debajo de la mesa y encontrabas a Arcoiris dormido y le decías que si quería tener mamá…

Pero luego, en la película, el papá de Garfield vuelve a escena, le salva la vida a su gatijo, le explica que siempre lo quiso, que nunca lo abandonó, que solo fue a buscar leche, que podía ser un rufián pero que cada domingo lo iba a ver de lejos, desde el árbol de frente a la casa para por lo menos confirmar que está bien, dejando una marca en el árbol que, al final, termina todo rallado.

Hay una escena particularmente dura, del gato papá sentado en una acerca, con el bebé en los brazos. Llueve y todo está gris. De todas partes los echan, estorban a todos y tienen hambre.

Al final, el papá de Garfield se incorpora a la familia, a la casa y a las fotos de todos juntos

Los paralelismos con la historia de Pato me tenían tensa, molesta. Debí haber revisado el argumento de la película antes de aceptar ir a verla.

Pato me volvía a ver en cada una de esas escenas o al menos eso me parecía. Yo no le decía nada porque en el cine no se habla. Todo el mundo sabe eso.

Cuando salimos, como siempre, le pregunté qué le había parecido la película.  Hubo un silencio largo. No quise presionar

  • Sabes, mama? Me costó mucho quedarme quieto todo ese rato tan largo

mayo 25, 2024

25 de mayo

«Hoy hubiera cumplido 49 años»- me escribe mi mamá en un mensaje de texto.

Como si nunca hubiera olvidado la fecha. Hace poco más de un mes me pidió que lo buscara en el registro civil, porque algo le decía que esa fecha era importante y no recordaba porqué: el nacimiento y la muerte, 10 horas después, de su segundo hijo, mi hermano.

Nació antes de tiempo y con alguna condición que en esa época no se podía tratar bien. El médico advirtió que si sobrevivía, quedaría con daño cerebral o retraso. Eso pasó 4 días antes de que mi papá cumpliera 32 años y poco menos que seis meses antes de que él también muriera de un ataque al corazón.

Leo el mensaje y pienso si de verdad le dolerá. Seguro que sí. Me ha tocado ver de cerca, antes y ahora, el dolor de una madre de perder un hijo.

Pero luego pienso en lo que vendría después si él- Manuel de Jesús- hubiera sobrevivido. Una viudez con dos niños pequeños, uno de ellos discapacitado.

Con esa carga, difícilmente se hubiera podido casar de nuevo y quién sabe qué nos habría pasado.

Y si lo hubiera hecho, pienso en mi infancia, en sus dolores y silencios. En ella y cómo siempre le huyó a la maternidad, lo molesto que resultaban sus hijos, las veces que me quedé esperando que me defendiera o me consolara y pienso que, de verdad, Manuel, lo mejor que te podía haber pasado a vos era morirte.

mayo 25, 2024

vuelvo a respirar

El jueves vi al Patán y, de repente, ese roble que es él, se veía marchito.

Lo vi varias veces para confirmar. Es cierto, ha envejecido, como cualquier ser humano, pero se veía mal. Mal.

Pensé en preguntarle directamente si se sentía bien. Noté que estaba sin rasurar. Lo regañé por eso.

Hoy hablé con el hijo y me animé a preguntarle si el Patán está bien. Le conté lo que vi. Traté de que no escuchara mi miedo.

Me tranquilizó saber que fue que andaba de goma, culpa del futbol. Me aseguró que ya el viernes estaba repuesto. Que no me preocupe.

mayo 23, 2024

A woman in love

Desde la banqueta, oigo que empieza esta canción. Luego la oigo cada vez que respiro. O si paro mientras aun están sonando.

Pienso en cosas. Cosas como que nunca me he sentido una MUJER. O sea, sé que formalmente lo soy. Pero no siento esa fuerza que tanta gente dice que viene de ser mujer. Mucho menos un mujerón. No siento la diferencia por ser mujer.

A veces siento que soy una vergüenza del género, precisamente porque nunca me gustaron los vestidos, las muñecas, las cosas rosadas. Porque nunca le gusté a nadie y no supe de novios o popularidades. Porque no había una comunidad de mujeres en quienes apoyarse o aprender.

Qué importa que seas una mujer si estás enamorada? porqué marcar la diferencia? cuál es ese impulso que sacan de saberse mujeres? qué no saben que solo por eso somos más vulnerables a todo?

Hoy vi al Patán. Y lo vi hecho mierda. Me pesa el corazón. Tengo miedo.

mayo 22, 2024

Sabor

Pato ha insistido en que hagamos cosas juntos, y por cosas, se refiere a cocinar. Así que hoy fue el día. A él le tocaron los frijoles arreglados, a mí las fajitas.

Ponemos música mientras cocinamos. Trato de enseñarle algunos pasos.

Pero me para en seco:

«Mami, así bailan ellos. Nosotros tenemos sabor, no necesitamos bailar como los demás. Bailamos como nosotros queremos»

Y sigue menéandose al ritmo de la canción.

mayo 20, 2024

Sartorial

En el hoy, reviso redes sociales como forma de mantenerme haciendo algo, tratando de aprender algo, de reírme de algo. Sigo una cuenta donde se comentan los trajes de hombres, su corte, caída, largo, tela, tamaño y se muestra la diferencia entre una escogencia y otra.

Me maravilla porque siempre he sentido que no tengo esa agudeza de vista. Nunca sé escoger las cosas o qué va con qué, o qué se me ve bien. Nunca me acuerdo de la colorimetría de mi piel y sería feliz en jeans y camiseta. Quisiera, eso sí, que las cosas se me vieran como en la revista, tener ese conocimiento, ese sentido del gusto y no simplemente ponerme lo que me parece que me queda.

Mi papá, entre los muchos trabajos que tuvo, fue sastre. Aprendió desde niño, en la sastrería de mi tío abuelo. Me lo imagino enhebrando, cortando, acomodando, apreciando la tela con la mano, planchando, tallando a los clientes, oyendo la conversación de los otros sastres. La sastrería, un lugar solo de hombres, una escuela distinta.

Han pasado casi 50 años desde la última vez que sentí su abrazo. Y en el futuro que él no vivió, lo sigo sintiendo conmigo y sonrío.

mayo 19, 2024

Culpas

Siento una culpa horrible cuando te veo apagarte, ponerte serio, decir que no tenés hambre. Me siento pésima y responsable e ese silencio, de esa ausencia de sonrisas y canciones, de todas las preguntas que empiezan con “me pregunto”. Sospecho que hay menos abrazos y menos besitos y menos caricias cuando estamos bajo el efecto de la pastilla.

Y, a la vez, dicen las maestras que vas bien en todo, tal vez un poco lento al copiar de la pizarra.  Que sos educado, amable, resiliente, cariñoso y otro, comparado con el año pasado, cuando no sabíamos qué era lo que te impedía concentrarte.

Dice tu otra maestra- la que te sacó del hueco- que vas excelente y que sospecha que sos disléxico además, pero que no digamos nada aun para poder desarrollar estrategias de ajuste. Y que por eso te cuesta copiar.  

Sentí el derrumbe de la idea que he venido cultivando, en secreto, de que algún día quisieras leer todo lo que he escrito, que siguiéramos conectados por mis palabras y tus ojos profundos.  Aceptar qué es posible que no te guste leer y que todo lo que ha quedado en el teclado ahí mismo se pierda.

Dije que me preocupaba tu futuro. Me dijo la maestra que no entendía porqué. Que abundan los disléxicos que se han forjado vidas sin problema.

Veo que leés palabras en la calle, en la tele, en la misma casa. Ya tengo que tener cuidado con lo que escribo.

Esa lentitud, que a mí no me estorba, pero parece que a la escuela sí, hace que traigás trabajo para la casa casi a diario. Nos sentamos a hacerlo a la hora en que va pasando el efecto. Y entonces empieza la tragedia: lágrimas, enojos, tirás cosas, gruñís. No quiero. Papá te regaña y te amenaza. Yo creo que podría hacerlo mejor, pero a la hora y media, también pierdo la paciencia.

Hoy, agotados, hicimos el experimento. Te dimos la pastilla y la tarea se resolvió en 10 minutos. Te pregunté cómo te sentís cuando la pastilla empieza a hacer efecto:

Raro, porque todo desaparece y solo estoy yo y la maestra y dejo de escuchar todo lo que dicen mis amigos.

Para eso está la pausa, te dije.

Pero es peor. Le escribimos al médico a preguntar si sería necesario subirte la dosis, para cubrir esos periodos.

Me digo a mí misma que es por tu bien. Que es tan medicina como la que tomás para prevenir el asma, como la que tomo yo para la tiroides. Recuerdo al médico diciendo que sos extraordinariamente inteligente y que él recomendaba medicarte solo para que esta inteligencia no tuviera freno y que no crecieras creyéndote tonto o escuchándolo de otros.

Y, sin embargo, la culpa. Si te estaré robotizando. Si es necesario tenerte como un zombie. Si esto es un zombie o es un niño normal. Si tu silencio y tu calma es más bien una tristeza profunda. Si en realidad lo hago para que mi vida sea más fácil. Si todo me lo estoy imaginando.

mayo 5, 2024

El regalo

Hoy Waweli le dio a Pato un regalo especial. Es un carrito modelo del que fue su primer carro, en Santiago.

Para entonces ya trabajaba en un taller mecánico en las noches e iba a la Universidad en la mañana. Ahorró y se lo compró. No era el carro más frecuente en la ciudad, pero sí se veían de vez en cuando. Les decían los huevitos.

Este fue mi primer carro. Aquí le di el primer beso a la Nonna cuando empezábamos a pololear. Con este carro la conquisté.

Es un BMW, chiquito. El de él era celeste y descapotable. Atrás cabía una maleta pequeña. En la puerta, había un bolsito para llevar cosas.

A Micro-Car That You Enter Through the Front of the Vehicle ...

Era más pequeña que las llantas de unos buses que se llamaban Mitsubishi. Llamaba la atención en todas partes por lo bien cuidado que estaba.

Desde entonces hemos estado juntos, transitando por la vida. Mira, le puse en los asientos una foto de la Nonna y mía. Entonces estábamos jóvenes y ahora ya somos mayores. Quiero que lo pongas en tu escritorio y cuando tengas problemas, te sientes en tu silla, abras la puerta y veas a tu Nonna y a Waweli y te pongas en las buenas contigo.

Después tuvieron un mini Morris 800, rojo, con una tapa con la bandera de Inglaterra pintada. Con ese fueron a Argentina con la abuela Berta, que compró tanto, que tuvieron que comprar una canasta para poner en el techo y traer la maleta. Viajaron por la carretera que en esa época era de un solo carril y en las curvas se pitaba para avisarle a los demás que venías.

Cuando tengas problemas en el colegio, con tus amigos, con el papá o la mamá, te sientas a ver la foto y recuerdas lo mucho que te queremos y eso te va a ayudar a sentirte mejor. No es para jugar, para chocarlo ni para que te metas a bañar con él. Es para cuidarlo. Cuando vaya a tu casa me voy a fijar si lo tienes en tu escritorio.

Hablaron un poco más de la comodidad, de cómo se metía uno al manejar, dónde quedaba el motor y el tanque de gasolina, si olía o no a combustible, y otras cosas más.

Me costó disimular las lágrimas. A veces me da miedo que ellos sientan que pronto dejarán de ser esos muchachos de veinte años y que su cuerpo finalmente les falle. Como si empezaran de una vez a despedirse.