Mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las anchas alamedas por donde pase el hombre libre para construir una sociedad mejor.

 

noviembre 24, 2020

Grinchly me

Yo pensaba que ya esto se había superado. Que con Pato esa puerta se había cerrado. Tal vez es la pandemia, o todo lo que me hace falta para esta época: ir a repartir regalos y abrazos y besos.

Pero siento como se me aproxima la tristeza navideña. La amargazón de decorar. El dolor lejano de los villancicos.

Hoy me mandé y le dije al Patán, que apenas nos vacunaran, él estaba en la lista de las primeras personas a las que me les iba a tirar encima a abrazarlo, que hasta me sentaría a tomar guaro con él una noche entera a hablar estupideces- Que me hace mucha falta-

Pensé que me iba a mandar a la mierda  me dijo, también un poco triste “Mae, jueputa, sí, ha sido demasiado tiempo”

Estamos en reunión de padres por zoom y yo tengo sueño pero no de cansancio, sino de resistencia. No sirvo para hacer manualidades. En cada cuadrito se ven árboles de Navidad con sus luces y decoraciones. Yo no quiero hacer calendarios de Adviento. No quiero esta tristeza antigua de Navidad. Descubro que también me puedo disasociar en plataformas virtuales.

Las canciones tradicionales en cualquier idioma, suenan como la sangre bombeando cada vez más rápido antes de la migraña.

Será que las luces, las carreras, las visitas, las presas, los regalos, solo me distraían de mi misma y este año, que seré solo yo, sin nada en que ocuparme, volverá oscura, a acurucarse a la par.

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noviembre 12, 2020

Aislamiento. Día 1. Quiero comerme a Suertudo

Ayer andaba en mis mandados. Fui a refilar mi protocolo para que se pueda imprimir en él. Es como su le hicieran una pequeña inclinación en cada página, milimétrica. Pude ser todo el proceso y preguntarle al señor si alguna vez se había cortado con esa guillotina. Solo una vez y no sintió nada hasta que sintió algo caliente en la mano.

Entró el mensaje. Que lo incapacitaron 3 días mientras le sale la prueba del Covid. Y yo había estado con él el lunes, en un juicio, defendiéndolo en un proceso de pensiones, sin cobrarle, obvio, porque compas. Que tiene diarrea, dolor de cuerpo y de cabeza. Y le empezó el lunes en la noche.

Pero eso solo significa queme pudo haber contagiado. Llamé al doctor y empezó el vendaval. Que si Marce y Pato salían inmediatamente de la casa. Que mejor no porque podía contagiar a mis suegros. Que si me aíslo en la casa o en un apartamento. Que en la casa. Que se vaya la muchacha a su casa por si acaso. Que si la prueba ya o en unos días. Yo dando vueltas por el barrio porque estaban asfaltando la calle, hasta que Marce me dice que es mejor que parquee el carro cerca y camine a la casa, que ahí estaré más cómoda.

Desde ayer estoy en mi cuarto. Sin síntomas, con oxímetro. Seguís leyendo?

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noviembre 10, 2020

Permítanme presentarles

“Esa que se ve atrás es mi mamá. Se llama Alejandra Montiel, me está acompañando el día de hoy”- Pato, al inicio de su clase de zoom

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noviembre 8, 2020

Cumpleaños pandémico

Hay cosas que me pasan por comemierda. Como organizarle un cumpleaños a Pato en media pandemia.

Pero es que él estaba tan emocionado…

Hubo que hacerlo por partes.

Primero aterricé en El Rey, para comprar chucherías y una docena de cañones de confetti. Para ese momento ya sabía que haríamos algunas visitas y pensaba reventar uno en cada parada, pero no había decidido el itinerario.

Me emocioné y compré sombreros de feliz cumpleaños, anteojos, espanta suegras, trompetas y alboroto porque ya nos veía llegando a cada lugar en versión de mini carnaval. Hasta que me acordé que por las mascarillas no íbamos a poder soplar nada. Quedarán para el otro año. Seguís leyendo?

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noviembre 8, 2020

2020

 

Usted ha sentido que este año se le ha ido rapidísimo o ha pasado muy lento?

Las dos cosas. O no sé, la verdad. En marzo me puse muy mal cuando de repente empezaron a subir los casos y se declaró emergencia nacional y sentía que iba a faltar comida. La desesperación de la gente haciendo fila en el super, de no encontrar toallitas de cloro, alcohol, todo eso me descompensó. Recuerdo el ataque de ansiedad que tuve el día que anunciaron 37 casos. Fue cuando llamé al doctor y él me preguntaba si yo estaba bien, si Pato, si los míos, si todos estábamos bien y fue cuando me dijo que era mejor que volviera a tomar medicamentos. Seguís leyendo?

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noviembre 6, 2020

Cocinando

“Mamá, a qué hora nos comemos a Roberto?”- Pato, refiriéndose al romero que ayudó a cortar para preparar papas fritas de camote.

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noviembre 2, 2020

Necesidades

Hoy, en la clase por zoom, el mejor amiguito de Pato levantó la mano con insistencia. Cuando le preguntaron qué necesitás?

Necesito que no haya zoom, que no haya coronavirus. Yo necesito volver al kinder”

Y se puso a llorar. Tiene 4 añitos.

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noviembre 1, 2020

Flashback

Mis hermanos y mi mamá se fueron a Condovac con oferta de pandemia. Reportan que está muy lindo y limpio, bien equipado, la playa preciosa y la cuesta tan infernal como siempre. Solo se puede movilizar uno en carrito. Además, cumplen estrictos con todos los protocolos.  Me mandan una foto desde la piscina.

Al fondo, se ve el mar, el rancho de paja que era o sigue siendo un bar.  Ahí también estoy yo.  Es de noche, tengo 16 años y Costa Rica va a las playas de Guanacaste. Uno se quedaba en un hotel de Liberia o Santa Cruz y en el día recorre playas y en la noche fiestas. Todos los años el mismo muchacho destroza un carro en uno de esos caminos de tierra oscuros que llevan a cualquiera de las playas. Todos los años son las mismas caras. Ese año la cara nueva era yo.

Pero no como debutante. Más bien como la acompañante fea de mi prima, que siempre fue una muñeca. Alta, atlética, con cuerpote de bailarina de ballet, extrovertida y de ojos claros. Ella sabía a cuáles fiestas ir y llevarme de chaperona era buen negocio para que le dieran permiso para todo aunque yo me quedara en una silla mientras ella estaba rodeada de pretendientes. A su lado, yo era invisible. Tampoco era que me molestara mucho, porque estaba acostumbrada a eso.

Llegamos y mi prima estaba por allá, rodeada de muchachos, bailando, saludando, buscando algo de tomar, riéndose echando la cabeza para atrás con aquel cuello de cisne y su melena de rizos rojizos. Parecía una estrella de cine. Eran solo 2 años de diferencia, pero ella ya era una mujer y yo la admiraba y la envidiaba a la vez.

Yo me contentaba con mi sillita y ver tanta gente distinta y tan bonita. Cuánto me faltaba para entender esa dinámica social, para hablarle a alguien que uno no conocía? De qué se le hablaba, qué se le decía.

Los veía bailar. Trataba de memorizar sus pasos pero sabía que cuando me parara frente al espejo, tendría el corto circuito. Pasaría el rato viendo cuál mano se levantaba en el espejo cuando yo movía la mía y otro rato más tratando de recordar cómo se llamaba esa mano, muchas veces sin lograrlo. Pero entonces yo no sabía que tenía dislexia lateral.

No es que no quisiera bailar. Me gustaba esa música, La conocía. Quería poder hacerlo como ellos. Pero también era y soy muy alta. A a diferencia de mi prima, con su gracia y su habilidad, nadie quería bailar con una jirafilla esmirriada, callada y torpe.

Así que la silla estaba bien. Me concentré en poner cara de estar muy entretenida. Cuando regresara a San José le contaría a mis amigas de mis aventuras. Probablemente exageraría un poco para hacerlo más interesante y las cuatro diríamos que con todo y todo era mejor no ser de la argolla y las cuatro sabríamos que estábamos mintiéndonos y que hubiéramos querido ser más normales, gustarle a alguien, tener novio. Seguís leyendo?

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octubre 31, 2020

Edipo

Pato ve pasar a una mujer alta de pelo oscuro “Mira mamá! qué elegante y perfecta es! Casi como tú!”

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octubre 30, 2020

Cotidianeidad

El milagro diario de oírte decirme “mamá”

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