Mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las anchas alamedas por donde pase el hombre libre para construir una sociedad mejor.

 

abril 17, 2024

Sprechen

Anoche soñé que hablaba solo en alemán y me angustiaba mucho que no me acordaba de algunas declinaciones y eso afectaba mi fluidez.

abril 15, 2024

Pasó otro 8 de abril

Y cumplí 3 años de tener un tercio de estómago. Ese día fue la cirugía, donde nos dimos cuenta que sí había un tumor T4, que estaba a punto de romper la pared estomacal. Eso no salía en ninguno de los TACs, resonancias, ultrasonidos que me habían hecho antes de la cirugía.

Dos semanas antes, me habían dicho que era cáncer. Otra vez. Lo primero que pedí fue que cuidaran a Pato si me pasaba algo. Lo segundo, que no me dejaran sufrir.

Fueron dos semanas de shock, de llorar abrazada a Pato cuando dormía, para que no se asustara.

Parece que fue hace muchas vidas. Me dormí tranquila en esa sala de operación. Me desperté con sondas por todo lado. Marce de nuevo fue el que me dio la noticia. Tendría que hacer quimio. Ni modo. Pero estaba de alguna manera contenta de haberme despertado que eso era poco.

Recuerdo que dijeron que tenía poca oxigenación. Temí tener Covid, porque no fue posible vacunarme antes de la cirugía.

Empezaron luego las buenas noticias. Aunque sentía dormido todo el tórax, incluso a niveles muy profundos, no tenía dolor. Por el suero, no tenía hambre.

Cuando me dejaron tomar agua, tomé tanta que la capacidad del estómago no aguantó y vomité en chorro, por primera vez. Pura agua.

Apenas me quitaron la sonda de orina empecé a caminar, 10 mil pasos diarios, recorriendo el pasillo de arriba abajo. Quedaba empapada en sudor, con ampollas. Tuve que enseñarle al doctor el contador del teléfono para que me creyera.

Los exámenes salían como si no me hubieran operado.

Todo parecía producto de que estaba en la mejor condición física de la vida. Para ese momento había bajado 20 kilos y, como ahora, nadaba casi todos los días.  Eso me salvó.

El doctor me dijo y me insistió, que yo no tendría la evolución de un cáncer, que estaba curada, que no temiera cuando vomitaba porque nada se iba a soltar. Que podía hacer vida normal.

Y era cierto. Solo tuve que hacer algunos ajustes con la comida. No porque quisiera, sino porque simplemente ya no puedo comer así.

Tres años. Ahora mis controles son cada 6 meses. Me toca en junio, junto con mi cumpleaños.

Hoy me preguntó el dentista que porqué no me ponía los frenillos que tanto me ha insistido. Le dije que tal vez cuando cumpla cinco años y esté fuera de peligro, porque si el cáncer regresa, quisiera comer de todo lo que me de la gana y no estar limitada por alambres incómodos.

abril 13, 2024

Platos fríos

El primer día dejé que la conversación siguiera y al final me despedí cordial. Pero al día siguiente volvió a hablarme, contándome de su día.

Esperé a que me preguntara que había yo.

Fui malintencionada, lo sé.

Yo nunca digo que no a nadie. Siempre fue de las que dejan, de las que ruegan, de las que sufren. En esa época, parecía que todo el que yo quería, todo el que pensaba que yo quería, cualquiera que me daba pelota, luego desaparecía, se iba del país, se casaba o una combinación de todas esas cosas.

Este no fue la excepción. Yo no esperaba que se quedara. Esperaba un milagro, que le retiraran la oferta de trabajo. No ocurrió, obvio y se fue.

Ese fue el primer año de mi verdadera y tardía adolescencia. Cuando más de una persona me notó. Cuando no me sentí horrible. Cuando andaba con vestidos cortos, medias y tacones todos los días y practicaba mentalmente comportarme como si estuviera en una película y tratar de caminar recta a pesar de mi escoliosis marcadísima.

No sé si de verdad florecí o fue solo que mi autoestima comenzó a sanar poco a poco. No sé si era acceso fácil. Simplemente pasaba y lo agradecía. Tampoco era que se amontonaban en fila en la puerta o mi teléfono de la oficina pasaba ocupado de tanta llamada y propuesta.

En mi escritorio, seguía la foto del que más me dolía. No sabía entonces que esa esperanza sí duraría 30 años.

Así que apenas me preguntó qué más hacía yo, le dije que no quería ser grosera PERO. Yo no podía ser su única amiga en el país. No hablamos hace más de 20 años, mi vida cambió radicalmente. (es cierto. Yo casi no me reconozco en aquella). Tengo un buen recuerdo de mi juventud y las cosas que viví, pero nada más. Que sorry si sueno muy comemierda, probablemente lo sea, pero no quisiera disimular una amistad que no está ahí, y los dos lo tenemos muy claro

Se disculpó, que entendía, que no me preocupara, que no era problema-

Y ya no me habló más y espero que así se quede. Espero no haberme equivocado, pero creo que no lo interpreté mal. No quiero más amigos, los que tengo, son suficientes. Además, no me da buena espina. También tuve acción retardada, pensando en otros escenarios donde yo decía otras cosas, era más grosera o dejaba que la cosa avanzara más para luego dejarlo guindando, como tantas veces mi lo hizo a mí.

No tengo claro si lo que siento es dignidad, porque a la vez, siento culpa. O si es esa sensación de satisfacción de esos platos que se comen mejor fríos.

abril 12, 2024

Motel

Soñé que cerca de la casa había una serie de hostales mochileros, con muchas habitaciones aireadas y soleadas, llenos de colores.

Yo visitaba uno y quedaba encantada con el lugar, las zonas comunes y hablaba con los dueños.

Sobre todo me interesaba saber qué hacían para evitar que el lugar se convirtiera en un motel con otro nombre, como le ha pasado a tantos y tantos hoteles.

abril 11, 2024

Puertas

Cuando apareció el mensaje en la pantalla, no sentí nada. Llevo meses pensando si la medicación me tiene muy aplanada, o si es la menopausia.

Duré mucho en contestarle. Hubo un intercambio lento, forzado. Prensé en todas las veces que yo he estado al otro lado, recibiendo esas respuestas cortas y parcas, sin entender o sin querer entender que no me querían hablar, ni alargar la conversación, que me respondían por una combinación de educación y curiosidad, de letting her down gently,

Es tan ajena a mí, esta sensación de no sentir nada, más que un poco de rechazo mezclado con pereza.

Solo me preguntó de mi trabajo. Nada de mi vida. No quise sonar como la señora ofendida, diciéndole que estaba casada y con un hijo. No voy a compartir con él las cosas que son fundamentales para mí.

Han pasado demasiados años. Recordé algunas cosas, pero nada que anhele o quisiera volver a vivir. Me da lástima y pena esa que era yo en ese tiempo. La vez que lo llamé 16 veces seguidas. Las veces que le rogué. Las veces que me despreció. Siempre me sorprende lo que está dispuesto a aguantar un hombre por coger. Porque amor no había y eso lo tenía claro yo.

Me sorprende que crea que aun podría haber algo. Las células de mi cuerpo han cambiado por completo cada 7 años de esos más de 20 que llevo sin verlo y sin hablarle. Yo he cambiado muchas veces más.

No hay espacio. No hay nada que abrir. No hay puerta. Ni siquiera se cerró ni se tapió. Desapareció. No hay ni siquiera una pared, ni una sombra.

Dejame en paz. No me interesa.  Ni mantenerme en contacto, ni ser tu amiga. Nada

abril 10, 2024

Pato descubre el teléfono fijo

Ayer a media clase de natación, llamé a Marce para recordarle un tema de la escuela de Pato. Por alguna razón no le entró la llamada al celular, así que llamé a la casa y tampoco. Le dejé un audio.

Cuando terminé de nadar, tenía 5 llamadas perdidas de la casa. Obvio, pensé que había pasado algo. Y como cuando yo me preocupo, me enojo, llamé muy molesta a ver qué era la cosa. Marce me responde muy tranquilo que escuchó mi audio.

En la tarde, cuando llevo a Pato a las clases de él, en algún momento me pregunta que dónde estaba yo en la mañana y le digo que nadando. Me dice que no me escuchó, ni el carro, ni la puerta del garaje, ni nada más

“Por eso te llamé”

“Me llamaste?”

“Sí, para saber dónde estabas”

“De dónde me llamaste?”

“De la casa”

“¿Me llamaste muchas veces?”

“Sí. Cinco”

Le explico que cuando estoy nadando el teléfono se queda lejos, que además no suena, solo vibra y que será hasta que salgo de nadar que me doy cuenta. Además, que cuando veo tantas llamadas, me preocupo.

“Ok mama”

Hoy en la madrugada, mientras iba de camino a la piscina, veo que me llaman de la casa. Casi choco del susto

“Hola Mami. Quería saber dónde estás. Por dónde vas? A cuál piscina vas? A qué hora vienes? Hoy me puedes hacer masajitos? Te quiero mucho mama”

Colgamos

Otra vez, dos minutos después, llamada de la casa

“Mama, recuerda nadar a tu ritmo. No hagas nada que te canse mucho. Lo importante es hacer ejercicio. Te amo mama. Besitos”

Sonrío. Recuerdo que de niña, cuando descubrí el poder del teléfono, todos los días de mis aburridísimas vacaciones, esperaba con ansias que fueran las 9:10 am para llamar al trabajo de mi mamá para hablar con ella, básicamente las mismas tonteras, pero sin tanto cariño. Nunca nos decíamos que nos queríamos. Y mi mamá se exasperaba conmigo. Mis llamadas interrumpían su descanso.

En mi casa le terminaron poniendo candado al teléfono pero ni siquiera eso me detuvo. Yo sabía llamar a punta de pulsaciones.

abril 7, 2024

Frenesí doméstico

Los domingos usualmente son de mucha carrera en la mañana, para irnos luego los 4 a donde mis suegros, donde el tiempo pasa mucho más despacio.

Pero ellos andan en Chile y yo me desperté a las 4 de la mañana.

Antes de medio día:

  • Asé berenjenas y luego tomate Cherry, agregué alcaparras y queso feta y dejé lista mi ensalada favorita de la semana.
  • Hice frijoles molidos a mi gusto.
  • Preparé mis boronitas de chorizo
  • Fui al super por dos ingredientes adicionales
  • Hice una megatortilla española. Pero reconozco que me quedó un poco dulce. Sospecho de la papa.
  • Dos strudels de manzana en freídora de aire.

Y todo eso sin contar actividades intelectuales fuera de la cocina.

abril 7, 2024

Antropológicamente atractivo

Estoy tratando de ver Yellowstone. Me cuesta, porque, para empezar, hay que competir con Pato y Marce por un tele. Cada uno de nosotros tiene gustos muy distintos. A mí me saca de quicio lo que ve Pato, me aburre o siento que me fríen las neuronas. Y lo que ve Marce es demasiado complejo para mí, que no disfruto la ciencia ficción, la fantasía o la matemática.

Por otro lado, aunque los reviews hablan que es una especie de Succession, y podría serlo, los diálogos no son tan buenos pero, a la vez, no es el tipo de serie que le permite a uno hacer varias cosas a la vez. Te obliga a poner atención, pero no te atrapa en la serie, como lo hizo Narcos al inicio o Gentlemen. Entonces por ratos aburre pero no te permite el multitasking.

Para rematar, es de vaqueros. Nunca me han gustado los vaqueros. Ni siquiera cuando jugábamos de indios y vaqueros. Ni siquiera el Llanero solitario y Wild Wild West solo me confundía muchísimo. Las actuaciones son malas.

Con excepción de Kevin Costner, en el papel del patriarca. Me encanta verlo, así, ya mayor. Después de ver varios capítulos seguidos para ponerme al día después del viaje, me doy cuenta que lo veo guapo. Guapísimo. Me gusta ver lo rudo que es el personaje, cómo da órdenes, cómo dirige las cosas, cómo se relaciona con mujeres, cómo se comporta con ellas. Me gusta que es serio, duro. Es inteligente, asume riesgos, toma decisiones, cuida a los suyos.  Un Tony Soprano a caballo. La mayoría de las tomas son de él muy serio, casi mal encarado. Un hombre Malboro moderno.

Claro, lo que me gusta es lo mucho que me recuerda al Patán.

Es un macho, definitivamente alfa. El arquetipo del hombre fuerte, proveedor-protector, dispuesto a cierto nivel de violencia si alguien atenta contra sus reglas.

Hay algo en mis genes, que deben venir arrastándolo en los doscientos mil años de presencia humana en la tierra, que me atrae mucho a ese tipo de hombre, que es tan difícil de encontrar hoy en día.

O tal vez solo es estrés post traumático.

abril 7, 2024

Maternidad monstruosa

Estoy vieja. No sé usar Instagram. No veo tiktok porque es como crack. Lo evito al propio. Tengo mis programas fijos en you tube que me gusta escuchar y aunque intenté opciones a Twitter, ninguna mi atrapó y es ahí donde leo noticias y chismes, curando cuidadosamente mi time line y protegiéndome con un candadito. Linked in es mantequilla.

En FB, me aburren los anuncios, las sugerencias y que me lean la mente. Cada cierto tiempo, hago limpieza de contactos y luego me aburro. A veces me meto en perfiles de personas conocidas para ver en qué andan o cuál es su última retahíla.

En esas, ayer vi unos videos durísimos. Se trata de prueba tomada por los vecinos de una mujer que, supuestamente, vende drogas y maltrata a su hijo de cuatro años. Solo se escucha el audio.

En uno de ellos, se escucha cómo ella le dice al niño que es una desgracia ser su mamá, que desearía regalarlo a alguien o dejarlo botado y lo insulta, con desprecio y malas palabras. Atrás, solo se escucha al niño llorando, muy dolido y asustado.

En el otro, aparentemente se toma desde fuera de la casa de ellos, porque la madre sale de noche y deja al niño solo. Aquí se escucha al niño llorando, llamando a su mamá, rogándole que no lo deje solo.

Espeluznante. Fue muy difícil verlos/escucharlos completos. El dolor y el miedo de ese niño era dolorosamente real. No era necesario tener imágenes.

Me puse a pensar en la fuerza de la maternidad, esta relación intensa y extraña. No tanto desde el punto de vista de la madre, sino de uno como niño. Como a pesar de esos rechazos, desprecios, insultos y maltratos; en esos momentos de miedo y peligro, ese chiquitín le ruega a su mamá y la invoca “Mamiiii”.

Confía en que la misma persona que le asegura a diario que su nacimiento le desgració la vida y que quiere abandonarlo, lo proteja de la soledad y la oscuridad.

Porque entre en dolor y la nada, preferiría el dolor.

Yo sé que es así. Y lo entiendo.

abril 5, 2024

Islandia: Cosas que aprendí

  • Phetta reddast.  “We will get there”.  El lema nacional islandés. Algo así como “Todo va a salir bien” y si no sale, pues seguimos intentando. Alguien dijo que era como un optimismo infantil. Y que cuando las cosas no salían, como suele pasar, igual decían, mañana será mejor. Alguien más dijo que era como la mentalidad de un elfo.

Yo creo que cuando vivís en condiciones tan agrestes, es como cuando tenés cáncer. La única opción es creer que todo mejorará, porque creer lo contrario solo te hunde más.

  • Amex es una mierda de tarjeta. No la aceptaron en ningún lado. Nos decían que los cargos eran muy altos o que simplemente costaba mucho que los datáfonos la recibieran.

Acepté una nueva versión de Amex solo para usar los VIPs de los aeropuertos. Por temas de horarios y terminales no usamos ni mierda.

  • Llevé de paseo las meriendas que preparé. Las de semillas y pasas, las boté llegando a NY por temor a que me las quitaran y en Islandia, vivimos a punta de papas, chocolates y palomitas de maíz.
  • Creo que me gusta más esa opción de vivir con poco o jugárselas con lo que hay. Una opción de mantequilla, jalea, ropa, pan y listo. Simplificar las escogencias, sin quejarse.

A la vez, la maravilla local de tener acceso a todo tipo de fruta y verdura llenas de sabor. No hubo una sola ensalada que comiera allá en que la lechuga o la parte verde no estuviera ya malladita, pero había que sacarle provecho y me la comí.

  • Ser flexible me sirvió y me gustó. Todos los días probé algo nuevo de comer. No me estresé cuando se cerraron caminos y tuvimos que modificar el plan. A un guía español le escuché decir en una gasolinera que el itinerario es más una sugerencia que una obligación, que rara vez se logra cumplir. No tuve un solo ataque de pánico, salvo algunas intentonas en esos momentos en que por la nieve y el viento quedábamos envueltos en un ambiente totalmente blanco.
  • La carga de la maternidad es real. Me encargué de comprar ropa y zapatos de invierno para todos, jackets, bolsas especiales para guardarlas, acomodar todo en las maletas, llevar botiquín, comprar calentadores eléctricos y de automárticos para manos y pies, etc y nada de eso me lo agradecieron, como dando por sentado que yo me encargaría de todo. No me gusta que ni siquiera me reconozcan mis esfuerzos o mi creatividad o cómo esas cosas facilitaron todo.
  • Creo que sí me gusta la naturaleza así como la vi, en su versión salvaje, sin estar rodeada de trampas de turistas. Me quedé pensando que nunca había visto focas o cisnes en su ambiente natural y la sensación es distinta. De alguna manera Islandia es un enorme parque nacional, donde uno simplemente llega y observa y la cultura de no rompa, no robe, no ensucie, no moleste es sumamente fuerte. Los paisajes se quedan en la retina.
  • Creo que tengo un prejuicio con los chinos o en general con los turistas asiáticos. En una de las cuevas, cuando quedamos en oscuridad total, empezaron a hacer ruidos de fantasmas y sentí que los quería matar, por la forma en que eso asustó a Pato y a otros chiquitos de su edad. Me molesta cómo se comportan, lo pushy que son, lo molestos. Pero también podría ser racismo.
  • Me gustó la nieve. Pero allá. En esas condiciones. Sin exposición prolongada.
  • Costa Rica es exageradamente caro y no ofrece ni la mitad de la experiencia que ofrece Islandia. Es una estafa. O será que la conozco por dentro y entonces tengo clara la cosa.
  • Nunca más oveja sintética gringa. Si viajo de nuevo al frío, lana, y de verdad. De la que sí calienta.
  • Siempre tengo estas ideas fantasiosas. Por ejemplo, de escribirle a Diana Uribe, que sí lo hice, contándole que gracias a ella vinimos a Islandia. O de escribirle al depto de turismo de Islandia, diciéndoles que escribí una crónica de la visita y que la leen y que les gusta… hasta que los busco en internet y son lo más de pascos y recuerdo al guía que nos dijo que el islandés couldn’t care less about the tourists. Y debe tener razón. Así que esa parte, abortada.
  • Quiero saber más. Tengo lista de libros que leer. Despulgaré Netflix para ver todo lo que sea islandés.
  • Viking se dice en islandés así como suena en español. No «Vaikin»
  • Hay cosas que mejorar con Pato. Cosas que son mis propios defectos. La forma en que maneja el enojo, la forma en que responde cuando está molesto o cansado, su desafío a la autoridad en general.
  • Quisiera regresar. Ver lo que me faltó. Ver Akureyri en verano. Tal vez en el futuro, si regreso a Europa, pueda parar allá unos días, porque no hay carga adicional a la tarifa aérea. O tal vez si mis amigos se antojan de ir y vamos todos juntos. O en sueños. Islandia se quedó en mi corazón.

Alguien me dijo que me fui tanto tiempo, que más que viaje, parecía que me había ido de intercambio y que porqué no me iba a vivir allá. Le respondí citando al ídolo, a Juan Gabriel: «No me provoquen»