Mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las anchas alamedas por donde pase el hombre libre para construir una sociedad mejor.

 

diciembre 7, 2016

Sigue la espera

Un miércoles más que pasa y no nos llaman. Solo queda uno más este año. Tal vez sea el 2017 el que te traiga

 

Google+TwitterPinterestFacebook

diciembre 4, 2016

Nosotros, los imbéciles o Zapping, anotado y concordado

Uno de los pilares más importantes del periodismo –y de la vida– es la libertad de expresión. Sin embargo, así como lo deseó el rey de España, Juan Carlos I, a veces quiero decirle a muchas personas y medios de comunicación que se callen.

Yo me imagino que uno de los pilares más importantes del periodismo, es, además, la investigación. De haberla hecho, hubiera descubierto que Juan Carlos ya no es rey, es Felipe. Y además, que el antiguo Rey de España tiene a su haber una larga lista de incidentes sociales y diplomáticos precisamente por esa incapacidad de controlar sus impulsos y su bajísima tolerancia, en ese caso a un presidente constitucional de un tercer país. Ambas características, la mecha corta y estar conectado en directo al centro neural de los caprichos, y así caer en los berrinches, es propio de la sangre real.

Esta semana Diego Delfino, director del medio de comunicación Contexto, subió a su fanpage de Facebook una foto de un pickup con una bandera verde y blanca, mientras personas repartían botellas con agua en Upala.

Yo me fui en la finta cuando vi la foto. Igual que mucha otra gente. Seguís leyendo?

Google+TwitterPinterestFacebook

diciembre 2, 2016

La vanidad de Mimí

Mimí nunca fue una mujer coqueta, al menos no en el sentido tradicional de la palabra. Nunca la vi maquillarse. La cara de mi abuela es un recuerdo de piel muy morena y un poco arrugada. Su vanidad era otra.

Ayer, 1 de diciembre, hubiera cumplido 100 años de vida. Pero ella, a diferencia de otras señoras, no se quitaba la edad: se la ponía. Era más poético responder, cada vez que le preguntaban “Nací con el siglo”, aunque había nacido en 1916. Como resultado, todo el mundo comentaba sobre lo bien que estaba, cómo se conservaba y qué lúcida que era. Mi abuela era una apasionada del dramatismo. Seguís leyendo?

Google+TwitterPinterestFacebook

noviembre 27, 2016

Fidel

Estaba sentada en el suelo de la sala de Mimí, viendo muy cerca el tele pequeñito a colores, de control manual y Fidel hablaba en la pantalla. Mi abuela me dijo a gritos que me iba a quedar ciega y que encima por estar viendo a ese demonio.

Vi a mi abuela y volví a ver la pantalla, aquel hombre alto, barbudo, de verde olivo y de gestos dramáticos y supe que viviría para ver el día en que ese hombre y mi abuela iban a morir. Fue una lucidez de la mortalidad de la especie, que solo por el hecho de tener yo menos de 10 y ellos más de 50, los vería morir.

Fidel era comunista. Fidel era el responsable de los refugiados cubanos que hablaban pestes de él y del régimen. Fidel era el causante de aquellos libros que contaban de los horrores de vivir en una sociedad sin acceso a jeans de marca, a maquillaje, a Coca Cola y que obligaba a las muchachas jóvenes a prostituirse por un brassiere nuevo. Fidel era el diablo del que hablaba la colonia cubana en Miami. Fidel era el culpable de aquel artículo desgarrador del Reader’s Digest que hablaba de la prisión de Valladares, encerrado en una cárcel húmeda y caliente en Cuba y que por obra y milagro del Dios que Fidel negaba, volvió a caminar apenas puso un pie en Miami.  En la escuela, me decían que Fidel le lavaba el cerebro a los niños, les decía que Dios no existía, y los enseñaba a denunciar a sus propios padres.

Llegó la U, cuarto año de derecho. Mi profesor de filosofía del derecho me puso unas lecturas sobre educación que me sorprendieron. Le pedí más. Me las leí de un tirón y pedí cita porque quería saber quién había escrito eso. Había sido Fidel Castro. Seguís leyendo?

Google+TwitterPinterestFacebook

noviembre 16, 2016

¿Qué será, porqué tardas?

Una amiga me contó que te soñó. Dijo que eras Patricio y tenías la piel morena.

Unos días después yo estaba en una presa y esa amiga me llamó. Una amiga de ella se sienta en la mesa donde discuten cuándo vas a venir a tu casa. Esa amiga le preguntó a mi amiga cómo es tu mamá. Que si soy buena persona. Que si te iba a querer.

Lloré y lloré como estoy llorando ahora. Lloré como si te estuviera pariendo. Lloré sin poder parar de llorar mientras mi amiga y otra amiga trataban de pedirme que no llorara.  Al final, la gente de la mesa decidió que ese niño tendría otra mamá y otro papá y yo, sinceramente, me alegré.

Yo te sueño con frecuencia. Hay días en que sos Patricio. Otros, sos Paloma. No trato de analizar el sueño. No veo futuros escondidos ni mensajes cifrados. Veo lo que es evidente: cada día se hace más fuerte el deseo de verte a los ojos y de verte sonreír. Siempre le cuento al papá que te sueño.

El lunes mi hermana, tu tía, me contó que te soñó. Ella también dijo que eras Patricio, que tenías la piel morena y que tenías el pelo lleno de colochos. Me contó por mensaje y otra vez, sentí las lágrimas haciéndome cosquillas en la esquina de los ojos.

Hoy fue miércoles otra vez y otra vez no nos llamaron. Hay días en que me quedo sin fuerzas, ¿sabés? Sin fuerzas para esperar en calma, sin fuerzas para confiar, sin fuerzas para creer.  Esos días quiero llorar, pero de tristeza y quedarme vacía.

Vení. Vení que te estamos esperando. Y cuando estés aquí, vamos a ir los tres por un perrito juguetón y peludo, que se va a llamar Ulises.

Qué será que no llegas

Este mundo ya es duro y más duro sin tí

Google+TwitterPinterestFacebook

noviembre 15, 2016

El turno

Creo que era en junio. No sé porqué, porque bien pudo haber sido en cualquier otro mes de fines de semana soleados. Tal vez era marzo.

El sábado íbamos al mercado Borbón como siempre, con las bolsas, el bus, las visitas a los tramos, las gomitas de la Botica Solera. Pero comprábamos doble. Y al llegar a la casa, Mimí sacaba aquellas ollas enormes, de lata, viejas, golpeadas, que cubrían casi toda la cocina y empezaba la cocinada.

Seguís leyendo?

Google+TwitterPinterestFacebook

octubre 30, 2016

El debut de Un Nadador Shaolín

Natación es mi laboratorio personal. El lugar donde me enfrento de forma segura a cosas que me dan miedo, como competir, perder, hacer el ridículo, llegar de última, golpearme cuando me tiro de la banqueta. Lo que no hago en la vida, lo hago en la piscina.

Mientras que en la vida tiendo a huirle a las cosas que me dan miedo, en la piscina, si me da miedo tirarme de la banqueta, me tiro una y otra vez y me regaño para tirarme con los ojos abiertos. La piscina es un lugar seguro para mí y tengo la teoría que al superar el terror en estas pequeñas cosas, me ayuda a superar el miedo en las cosas de la vida.

Nadar ayudó a controlar mis ataques de ansiedad. Me protegió de la agresividad de un cáncer. Le generó electricidad a una cámara del corazón. Me ha levantado de muchas tristezas. Me ha sacado de muchas tensiones. Me activó las endorfinas tanto, que me hace falta si no lo hago y me siento añeja aunque me bañe a diario.

Para el torneo nacional, me apunté cautelosamente en 3 pruebas, una por día. Luego escuché que si participaba en más aumentaba el puntaje del club y me apunté a dos más. Me sentía muy tranquila con la idea, porque los profes me habían insistido en que no iba a ganar, era apenas a vivir la experiencia y fijar mis tiempos iniciales y que se ahí en adelante, empezaba el trabajo de ganarle a mi tiempo.  Terminé nadando 9, 5 individuales y 4 relevos.   Seguís leyendo?

Google+TwitterPinterestFacebook

octubre 21, 2016

La feria científica

Este año, aprovechando que la escuela de mi sobrino queda muy cerca y que tengo teletrabajo, me fui a pie en el reducido horario en horas hábiles a vinear la feria científica.

Yo nunca participé en una de esas y la verdad, me generaba un poco de curiosidad. Mi sobrino me había estado llamando pidiendo que le preguntara a Marcelo sobre los hologramas. Adelantándome a las respuestas técnicas de Herr Doktor Professor sobre proyección tridimensional, yo le mandé links de Obi wen Kenobi y de Tupac para que se hiciera una idea.

Por otro lado, conforme voy incorporando más lecturas y aprendizaje de parenting, pensé que sería buena idea ir a apoyarlo a una actividad y ver cómo se ven y se comportan los niños de hoy.

Por dicha no está lloviendo, porque ando sin carro. Pero solo a mí se me ocurre ir vestida de trabajo a pie, en un día soleado, a un lugar que me queda a seis cuadras, cuestas incluidas. De camino, iba haciendo gimnasia mental comemierda, recordando que en Berlín yo caminaba vestida de trabajo los 2 km entre mi oficina y mis clases y que así, en menos de 2 meses, destrocé un par de zapatos de vestir carísimos. Seguís leyendo?

Google+TwitterPinterestFacebook

octubre 18, 2016

Carta para un niño que hace la primera comunión

Mi sobrino va a hacer la primera comunión y mi hermano me colocó en medio de la visagra: me pidió escribirle una carta a mi sobrino, que parece que leen en un retiro que hacen antes de la primera comunión. Lo más irónico del asunto, es que mi hermano le dice a mi sobrino que yo no creo en Dios, que no me hable de cosas de religión porque me enojo y que por eso es que digo malas palabras. Me tuve que poner a pensar seriamente qué escribirle para que fuera algo útil para él, pero sin ser desleal conmigo. Esto fue lo que salió. El abuelo de mi sobrino es mi padrastro. Y su Tita, mi mamá

Juan Pa:

Todavía me acuerdo de mi primera comunión. Fue un día muy emocionante para mí. Un día de octubre, que hacía sol, pero no hacía calor, en la iglesia de mi colegio, vestida toda de blanco, como una novia chiquitita. Tenía 8 años y estaba en tercer grado.

Tus abuelos fueron conmigo y me acompañaron a comulgar por primera vez. La hostia me la dio el Padre Andrés, que era gringo, muy alegre. Jugaba futbol con sotana y en las misas, al final siempre hacía concursos de preguntas y el que contestaba bien se ganaba una medallita.

Cuando me dio la hostia, me sonrió y me cerró un ojo contento y me dijo: “Pescadora”. Me dijo eso porque tu abuelo al principio no quería comulgar. Y me costó mucho a mí y a tu Tita Ligia, convencerlo de que lo hiciera.

El Padre Andrés me dijo “Pescadora” porque pensó que había pescado a tu abuelo y lo había convencido de comulgar. La verdad no sé si fui yo, si fue tu Tita Ligia o quién fue. Lo que sé es que desde entonces, me gusta mucho una canción que a veces se canta en las misas, que se llama Pescador de Hombres.

Cuando me tocó el turno de comulgar, me emocioné tanto que no sabía ni qué rezar. Me devolví a la banca temblando de la emoción. Se me pegó la hostia al paladar. Mis compañeras estaban hincadas y yo, con la mente en blanco, no se me ocurría qué hacer.  Así que disimulé como si estuviera rezando y mucho y luego me senté con los demás.

Seguís leyendo?

Google+TwitterPinterestFacebook

octubre 11, 2016

Last days of summer

Me enfermé. La noche que llegamos no podía dejar de sonreír. Nos fuimos a caminar por las calles oscuras con sombras de los árboles y las casas que se ven como en las películas, hasta la calle principal del barrio. Encontramos un restaurante árabe que olía y sabía delicioso. Se me olvidó que soy intolerante a cualquier cosa de cabra.

En la noche, tenía un incendio en el estómago. Apenas amaneció, me fui mareada a una farmacia y me vomité en la calle, como los borrachos. Volví y me vomité en el apartamento Airbnb, con la congoja de que me escuchara alguien el anfitrión.

Una se debería sentir bien luego de que se vomita. Pues no. Aun así me fui a caminar y me insolé. Pasé la tarde cobijada, temblando de frío en un clima de verano hasta que algo me hizo click y me regresó la sangre al cuerpo.

Esa noche fuimos a cenar a un lugar delicioso donde casi no pude comer nada por temor a repetir el papelón. Traté de explicarle a los nuevos amigos qué me había pasado. El lo resumió perfecto “No hay forma digna de decir eso” Seguís leyendo?

Google+TwitterPinterestFacebook