Mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las anchas alamedas por donde pase el hombre libre para construir una sociedad mejor.

 

octubre 16, 2021

3 km

Cómo se llama ese muchacho que quiere venderte un saltamontes de zacate?

A dónde va ese señor en bicicleta?

Por qué ellos se abrazan? De qué se ríen?

Qué está comiendo el señor que está parado en la esquina?

Cómo se llama la persona que está pidiendo dinero?

Por qué no sabes, mami?

Por qué no les preguntamos?

 

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octubre 13, 2021

Desbordada

Me florece el cuerpo, por dentro. Tumores benignos, deditos de tejido que se llaman pólipos, un arbolito de brocoli microscópico. Un cáncer maligno en el estómago. Cierro los ojos y casi puedo recordar el sonido amordazado de su esfuerzo al romper superficies e ir creciendo, abriéndose espacio en la oscuridad de mi cuerpo.

Juan Luis Guerra quiere bordar de corales mi cintura y hacer siluetas de amor bajo la luna. Es de noche, hace calor, es una noche para hundirnos hasta el fin. Estamos bailando cara a cara, beso a beso- Es vivir, vivir, bailar así, con vos, mojada en ti, mojada en vos. Recuerdo la cadencia, los pasos, la mano de Alex en mi cintura, cantar la canción moviendo los labios, sentir en el cuerpo la necesidad de moverme, tirar la cabeza hacia atrás con los ojos cerrados para despegar el pelo húmedo del cuello. Para respirar.

También tengo la tristeza de José José cuando canta que está preso, de su forma de hacer eso, de lo que llamas amor. Cuando canta cualquier cosa, de hecho. Yo sé de esa tristeza de la que él canta. La entendí desde la primera vez que lo escuché cantar cuando estaba chiquita, sé que compartimos dolores. José José es lo que sonaba aquella vez en aquella casa donde brincamos en una cama que no era nuestra y nos acomodamos juntos en un sillón reclinable.

Leo un artículo internacional de cómo se vive en la parte más pobre del país más próspero de Centroamérica, donde naciste vos. Es una ventana a cómo habría sido tu vida, pero no es porque estás aquí y vas a tu colegio privado en buseta y aprendés otro idioma y preguntás cuánto falta para tu cumpleaños. No tenés idea de lo que es pasar una vida entera pensando qué hubiera pasado en otro universo. Qué será de esa muchacha? Pensará en vos? En nosotros? Le dará paz pensar que estás bien? Con hambre no hay espacio para recuerdos y mucho menos para buenos deseos.

Hoy es el primer día en meses que puedo decir que tengo control sobre mi mente, que siento que otra vez soy yo. Pero se me desbordan todos esos recuerdos.

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septiembre 6, 2021

San José, 6 de setiembre del 2021

Papá o papi? No me acuerdo cómo te decía. Sé que siempre me refiero a vos como “mi papá” y cuando hablo con vos en silencio, entro directo al punto, como si te acabara de ver en la sala o la cocina.

Se está empezando a morir la gente de tu edad, tus amigos, tus compañeros de la U y para mí es tan raro… Crecí viéndolos en cada aniversario en la casa de Mimí, riéndose y celebrando tu vida y recordándote y comiendo arroz con pollo. La misa era fúnebre y gris, pero después esa sala se llenaba de luz y abuela estaba feliz con su delantal y su cuchara de madera y sus ollones de comida. Hasta ahora me doy cuenta que te recordaban sonriendo.

No sé bien qué sentir cuando me entero que alguno de ellos murió. Cada uno te mantuvo vivo siempre y cada vez que me encontré con alguno, me regaló algo de vos, alguna vivencia, alguna anécdota. Les cambiaba la cara y sobre todo la mirada por “la hija de Alejandro”. Algo les dolía pero también les reconfortaba cuando hablaban conmigo.

Será que al morirse ellos, se mueren con ellos esos pedacitos de vos que he ido recogiendo en estos años. Será que pienso en cómo habría sido tu vida, con casi 80 años, cómo sería vivir tu muerte hoy.

Tu nieto está bien. Sabe que sos mi papá pero todavía no hace la conexión de que eso te convierte en su abuelo. Ve tu retrato todos los días. Me pregunta porqué se paró tu corazón. Una noche me preguntó cómo me sentí yo cuando eso pasó y le conté, sin mentirle. Se puso a llorar y me dijo que le dolía mucho que yo me hubiera sentido así. Y qué le voy a decir? Nada. No puedo decirle nada. La verdad a veces es así.

Es inteligente como vos y como yo. Como vos, es entrador, bailarín, alegre, amistoso, dulce. No tiene los miedos que me atacaron a mí después de perderte.  Le gustan los libros, el agua, los animales y la música. Tiene los gestos míos, o sea los tuyos y nombre de galán de telenovela. Los tres tenemos el mismo brillo en los ojos. Dice su nombre completo, con los dos apellidos. Y me gusta que lo haga porque te recuerda a vos y a abuela y a mí al decirlo.

Le hablo de vos de vez en cuando. Le enseño fotos o cosas tuyas. Quiero que él te lleve, como yo, siempre presente. Algún día, cuando esté más grande, le contaré que, a veces, en silencio, te pido ayuda o guía o al menos que estés pendiente. Como ese primer día en mayo que me pusieron la vía.

Es un valiente. Acaba de llevar el proceso de quimioterapia mío agarrándome con su manita. Cada vez que pudo, apagó las velas que mi mamá encendía en el baño pidiendo por mi recuperación, preocupado por un incendio. Desde que nació, es un luchador. Me gusta pensar que te hubiera encantado conocerlo y que lo querrías con locura, como me quisiste a mí.

Don Jaime lo vio el otro día y sonriendo con nostalgia, lo dijo en voz alta “el nieto de Alejandro Montiel”. Te imaginás?

Nada me ha hecho más feliz que ser mamá. Y ya no me creo ese cuento de abuela. Podrás haber gritado Mamá cuando te dio el infarto, pero tengo la certeza que tu último pensamiento fue para mí. No es una competencia. Es algo que simplemente sé desde que tengo a Pato.

Llevaba días pensando que hoy quería ir al cementerio y dejar flores, pero al final no quise, sabés? Ayer el oncólogo me dijo que podía dejar de tomar las pastillas de la quimio y eso significa que oficialmente se acabó esta mierda. Y aunque lloro cuando lo cuento, es de alegría. No quería ir a sentarme frente a una tumba a llorar de tristeza antigua. No quiero estar triste. Quiero celebrar la vida.

Por eso tampoco quiero pensar que mi mamá se acerca a esa edad ni qué pasará ese día. Yo soy otra, claramente, no la que dejaste vos hace tantos años. Por eso hoy, cuando la llamé porque quería saber cómo estaba Pato y le corregí las fechas y le recordé que hoy es 6 de setiembre, no quise decirle nada más cuando le tembló la voz repitiendo seisdesetiembre.

Igual sé que piensa a menudo en vos. Igual que yo. Es inevitable. El amor es inmune al olvido, verdad?

 

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septiembre 3, 2021

Epitafio

Quisiera que cuando Pato hable de mí, cuando yo ya no esté, diga “Mi mamá era como una fuerza de la naturaleza”

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agosto 20, 2021

La última

Hoy fue mi última aplicación de quimio. Fueron 6 en total y se supone que no muy fuertes. No se me cayó el pelo, pude seguir trabajando, no quedé en una cama, no vomité ni una sola vez.

Pude seguir nadando, aunque menos tiempo con una energía más limitada. Tuve (tengo) chemo brain, donde todo se me olvida si no lo apunto y olvido palabras que tengo en la punta de la lengua. Una neblina parqueada en mi mayor orgullo: mi capacidad mental

Con cada aplicación se sentía peor, por la acumulación de medicamento. Esto, más que cualquier cirugía, siempre había sido mi peor pesadilla.

Fui cerrando facetas de mi vida, retirándome de cosas que normalmente hacía, sin decirles nada, porque ver su normalidad y comportarme yo como si nada, me daba esperanza.

Pero hoy fue la última. No hubiera podido hacerlo sin el apoyo y el cariño de muchas personas: a las que les quedé mal por atrasos, a las que tuve que decirles que no podía seguir mientras tanto y no se resintieron, sino que me apoyaron, a los que llevaban las cuentas y las fechas de cuánto faltaba, a los que me reclamaron cariñosamente que no les había contado y estuvieron a la par mía, a los que, con su mano en la espalda, me empujaban con amor a seguir nadando, caminando, a mantenerme activa, haciéndome comida; a las que entendieron y respetaron mi silencio sin soltarme nunca; a los que me siguieron tratando casi como si nada, sin dejarme caer y me siguieron dando trabajo; a los clientes a los que sí les conté e hicieron lo imposible por ayudarme; a la gente de la oficina que se puso a disposición; a los alcahuetas que me complacieron cada antojo; a los que entendieron que a veces necesitaba llorar y me abrieron los brazos; a los que me llamaban, a los que ofrecían llevarme al tratamiento, a los que ya han visto seres queridos en este estado o lo han vivido en su propio cuerpo y comprenden la experiencia y la comparten.

A los que lo trataron con naturalidad. A todos, los que a su manera, con mucho tacto y directo del corazón me hicieron saber que era importante en sus vidas y que podía contar con ellos.  A los que siempre me mostraron el silver lining. A las que me llevaron a la playa para tener 36 horas de vacaciones de la maternidad. A los que me ayudaron con los trámites, a los que me ofrecieron dinero si hacía falta. A los que rezaron por mí y encendieron velitas y me lo dijeron o no. A los que lloraron y rieron conmigo. A la que me daba ánimo diciendo que mi cuerpo resistiría y no me permitían sentirme débil. A la candelita que mi mamá prende en el baño para casos duros. A los que conociéndome y sin conocerme me ofrecieron remedios caseros y holísticos, aunque no creo en eso.   A todos los que nunca me permitieron sentirme sola y tener lástima de mí misma. Y al amor, a Marce y a Pato, al amor que es la motivación más grande para sentir que uno quiere vivir, que tiene sentido vivir y que vale la pena.

Patito, que aprendió a decirle la vacuna del mareo, que se hacía el fuerte, que aceptó los cambios, que unilateralmente puso al papá a leerle los cuentos en la noche “para que yo descanse”, que se tuvo que acostumbrar a que le diga que estoy muy cansada, que cuando me oía llorar llegaba a darme abracitos y besos y preguntarme si quería algo y me aseguraba que él no se asustaba por eso, porque el cansancio no es un dragón pero sí lo es y le agradezco que me mintiera con amor. Pero también se aferró a su peluche, se empezó a orinar de nuevo, hizo berrinches y travesuras que llevaron a la desaparición de muchas cosas de la casa.

Mi quimio era preventiva. Pero con sus efectos, costaba mucho mantener la mente clara de que estoy sana cuando me siento tan mal. Sin saberlo, antes de la cirugía me había preparado, leyendo a Viktor Frankl y el sentido de la vida y a la Dra Eggert con La Bailarina de Auschwitz. Leyendo  a Mr.Rogers y con años de deporte que me permitieron entender mejor al cuerpo y por primera vez oírlo y entender lo que decía.

No imagino cómo sería una quimio como tratamiento, estar esperando el resultado. O repetir. O que sea paliativa y lidiar con acostumbrarse a la idea de la muerte que nos es tan ajena.

Las dudas, el miedo, el pánico al contagio de Covid, la pulseada de la vacuna, las pesadillas, las lágrimas, las conversaciones, los recuerdos, los descansos forzados, el cambio de ritmo: todo, me hizo crecer y aprender muchísimo. El cáncer no falla en eso. Y, bueno, la pandemia tampoco: se reacomodan las prioridades y se comprende mejor muchas cosas. Uno se hace más fuerte. Uno cambia su percepción de uno mismo. Uno se abre a los demás con miedo pero luego entiende que fue la mejor decisión.

Y también entiende que está bien llorar y sentirse mal y tener miedo. Que puede pedir ayuda. Que puede comer cosas que lo reconfortan aunque no sean sanas: Cada jueves antes de la aplicación, una ensalada extra grande de la Soda Castro. Por eso debe ser que aunque me queda un tercio de estómago, no he bajado más de peso.

Para el momento de la cirugía y la quimio estaba en la mejor condición física que he tenido en la vida. Me sentía fuerte y amazona. Y fue la mejor condición para recibir este tratamiento. Al principio creí eso que me dijo el cirujano de que todo estaba en la mente. Pero conforme avanzaron los meses y las sesiones se hizo evidente que no todo estaba ahí, porque no es la mente la que se imagina estos mareos o esta sensación de electricidad en los brazos.

No quiero volver a pasar por aquí. Nunca. Fue mejor pasarlo yo que ver a Pato pasando algo así. Pero ya terminó y ahora toca empezar a volar de nuevo hacia el sol, con alas que no se derriten ni se queman y con la vista clara, sin lágrimas ni dolor,  puesta en la próxima etapa de mi vida.

 

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agosto 10, 2021

Lluvia con sol

No puedo comer broccoli, repollo, natilla, chocolate y hoy descubrí que tampoco gomitas.

Me van a pasar la segunda cita de la vacuna al 10 de setiembre 🙂

Anoche dormí y soñé rico.

Hoy tuve terapia física.

Hoy pude nadar en tramos de 100 m.

Siggy me muerde cada vez menos

Mañana comemos picadillo de vainica con zanahoria, mi favorito.

Aun se me quiebra la voz cuando tengo de contar algo de este proceso.

Aun me falta llorar más.

Faltan 10 días para que todo termine-

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agosto 9, 2021

9 de agosto

Me siento un poco mejor

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agosto 8, 2021

Low energy

Ayer conocí una nueva sucursal del infierno: uno persigue a un niño aceleradísimo por las máquinas y las luces por tres horas, de juego en juego, con una tacita llena de monedas y en la otra recogiendo tiquetes, para que cuando se acaben, cambiarlos por una mariposita china de plástico.

Terminé agotada. Es que caminé cuatro horas. Me dolía todo el cuerpo, cada articulación. Cuando traté de estirar, Siggy me mordió un pecho, jugando.

Pero eso fue suficiente y se me rompió otra vez la represa en el corazón y empecé a llorar y a llorar y a llorar. Necesito tanto llorar. He aguantado tanta lágrima en este proceso que ya se me desborda.

En la mañana abracé a una amiga que perdió a su hermano hace 3 semanas y las dos llorábamos. Su hermano murió de un cáncer gástrico descubierto muy tarde. Me decía “Yo no sabía de lo tuyo”. Yo traté de ser fuerte, de recordarle que estoy sana, que lo mío es preventivo, que no es nada. “Cómo estás emocionalmente?” y yo ahogada diciéndole que hay días malos y días buenos sin decirle que estaba atravesando los peores.

Luego me fui al baño a lavarme la cara. Cuando me vi al espejo sentí lo mismo que hace tantos años: esa energía desde las vísceras: Estoy viva.

Yo sé que tú no entiendes. Que no sabes cómo ayudarme. Yo misma no entiendo qué me está pasando. Estoy viviendo una pesadilla. No es cierto que puedo hacer vida normal. Los efectos del tratamiento se extienden y me molestan.

No quieres que Pato me vea llorando. Yo tampoco. Pero tampoco quiero que crezca pensando que mamá nunca llora. Ni que cuando una mujer llora, es mejor que no la vea. Quiero que aprenda a consolar, a contener, a entender que no todo se resuelve racionalmente.

Tomé suficientes gotas para dormir doce horas. Pude dormir 6 antes de que Pato me cayera encima y Siggy también.

Soñé cosas lindas, que me hacen pensar que en algún lugar muy adentro de mí aun está todo lo que soy y que lo puedo volver a sentir y a vivir cuando esto pase.

Ya no me duele tanto el cuerpo.

Pero simplemente no tengo energía. No quiero pensar en nada. No quiero tomar decisiones. No quiero escoger. No puedo

Faltan 2 semanas para que termine esto.

Hoy hace 7 años me operaron de cáncer de mama. Entonces mi peor temor era el dolor y el sufrimiento de una quimio. La ironía.

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agosto 6, 2021

La quinta

Esta aplicación no parecía que me iba a pegar tan duro. Me equivoqué.

El martes pasé en llamadas sin descanso hasta las 6 de la tarde. Justo cuando el cuerpo está entrando en la etapa más débil por todo el acumulado de quimios, se me ocurre no descansar nada. Ya para el miércoles a las 9 de la mañana, necesitaba estar en la cama. Levantarme a comer me cansaba. Malestar general. Mareo. Debilidad. Y el miedo.

El jueves empezamos la pre temporada. Yo lo que llevo de carga es el cuerpo. Siento cada gramo y cómo me cuesta arrastrarlo en el agua, forzarlo a hacer lo que antes hacía. Me dediqué a hacer piscinitas individuales y aún así me agitaba.

En algún momento antes de las banderillas, recordé a Luis Carlos, con sus ojos claros y su cuerpote de oso. Recordé cuando empezó el segundo ciclo de quimio porque el cáncer había regresado. Y cuando su mamá contó que ese hombre enorme, que tantas veces me escuchó soñar, se le sentaba en los regazos, agotado, mientras le ponían la quimio. Vino una septicemia y Luis Carlos se fue.

En la noche Pato llora y me pregunta qué pasará cuando ya no nos pueda ver todos los días, si algo me pasa a mí, si yo me muero. Yo lo abrazo porque no puedo hablar del nudo que tengo en la garganta.

Mami, viste que Qué Bonito es una canción de alguien que se murió? porque ella dice qué bonito sería estar juntos otra vez y cantar como cuando cantaban juntos.

Jueves ando con ganas de llorar por todo. Pienso en lo bien que me vendría sentarme en algún regazo a llorar. En la falta que me hace un abrazo. En cuánto tiempo ha pasado desde que me han dado alguno. En como a nadie realmente le importa cómo me siento, en lo incómodos que los hace sentir siquiera preguntarme cómo estoy, en cómo insisten en que vea la parte buena. En el miedo que le tenemos al dolor y a la muerte.

Vuelvo a la sensación de toda la infancia: nadie me quiere. A nadie le importa. Nadie me chinea. Todos me exigen como si estuviera al 100%. Nadie es considerado conmigo. Vos, que prometiste no soltarme, ni siquiera me llamás y vivís ya en la post-pandemia. Para qué hablar con alguien que solo se queja?

Pierdo un cliente porque es un patán o porque yo fui descuidada y debí preguntar y no asumir. Da igual. El vacío se hace más grande. No sirvo para nada.

Que qué me pasa? Me pasa que estoy pasando por una quimioterapia. Que qué me pasa? Me pasa que estoy aterrada-.

En la noche, pesadillas de vampiros que vienen a reclamarme el cuerpo o me exigen que les entregue a cambio a Patricio. Me amenazan con contar todo. Es una pesadilla completa, llena de sangre y violencia y culpa, de las que te despierta a las 3 de las mañana empapada en sudor.

Viernes es otro día perdido.

C en la mañana me abraza y me dice Suéltelo. No puedo. Si lo suelto, la pierdo.

Esta vez un reflujo que se siente como si las pastillas se hubiesen quedado atascadas en el esternón. Por más de una hora trato de vomitar y no puedo. No puede ser gastritis porque el cirujano me dijo que nunca más tendría gastritis. Entonces esto que siento es otra cosa y solo puede ser el cáncer, regresando a traición. Me voy a morir. Termino hincada frente al inodoro con un ataque de pánico,  llorando y gritando como un animal herido. Yo ya sé que no hay que ponerle resistencia. No le pongo y también termina de pasar.

Sé que Pato debe estar asustado porque quiere acompañarme pero Marce lo hace sacado del baño y del cuarto. En algún momento se cola y me pregunta cómo me siento y me abraza y me besa muchas veces con fuerza. Le digo que no quise asustarlo y me miente diciéndome que esas cosas no lo asustan, pero me vuelve a abrazar como para que no me le vaya de las manos.

Pienso en Ana Monge y cuando la visitamos. Se estaba muriendo de cáncer de cérvix y mi primo dormía con ella todas las noches. Ella le decía mi pollito y él no se separaba de ella. Entiendo por primera vez que el dolor de Ana no era físico. Su miedo no era morir. Ahora entiendo. Parece que no voy a dejar de llorar nunca

Hay dos fiestas de cumpleaños este fin de semana. No le puedo fallar a Pato.

Hoy se empezaron a manchar de amarillo mis anteojos de nadar nuevos.

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agosto 2, 2021

Barren

Esta vez pasó algo diferente

Me siento muerta por dentro

No registro ninguna sensación de nada. No quiero nada.

Soy cemento.

 

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