Mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las anchas alamedas por donde pase el hombre libre para construir una sociedad mejor.

 

julio 25, 2021

Traum

Era un viaje de trabajo, nada planeado, obligados los dos, pero con más gente. Me empezó a hablar desde la sala de espera. Me dijo que no pensara que él no se daba cuenta. Que sabía u era evidente las veces que yo insistía en verlo a él, que llegaba sola a las reuniones o me paseaba delante de su oficina, con tal de hablarle.

Me ponía nerviosa y yo solo veía hacia el frente. El también. Yo no quería que nadie lo escuchara. No quería que se riera de mí, que me expusiera.

Ya estamos a dónde íbamos y esperamos un carro de alquiler. Me cuenta que nadie se dio cuenta, pero que se divorció de su esposa de muchos años y que se volvió a casar, con alguien que no sé quién es pero que tampoco importa.

Vamos en el carro y es el Caribe que existe en mis sueños. Me vuelve a decir que siempre supo, desde el inicio. Que le gusta mucho como soy, lo que sé, lo que leo, mi sentido del humor.

Sigo viendo al frente y le señalo las playas que conozco y le digo que podríamos quedarnos en esta que se convierte en otra y que hay cosas lindas qué hacer, que me la sé de memoria, que he estado antes aquí.

Mientras habla recuerdo cosas que no pasaron, de otros sueños, como cuando me llevó a conocer la casa de sus papás, arriba en la montaña y tomamos café en una terraza de madera con barandas de tubos pintadas de rojo. Cuando tuvo que ir a las oficinas centrales enormes, cuadradas, de acero o de aluminio y yo lo veía desde la ventana de un hotel.

Le escucho la voz y esa forma tan particular de hablar, que tanto me llama la atención. Como me vacila y me provoca y me molesta y se ríe. Estoy donde hace tiempo quería estar. Sola, con él, sin tiempos medidos, sin otra cosa que hacer. No hay cinturones de seguridad. El asiento de adelante es una sola pieza.

Siento esa anticipación adolescente de que algo va a pasar cuando lleguemos a donde vamos o a donde nos vayamos a quedar porque parece que ya a ninguno le importa el viaje original y tengo emoción y tengo miedo de decepcionar porque aun no sé bien cómo se supone que me tengo que comportar.

Después de una curva, ahí está. Esta es mi playa favorita. Aquí nos tenemos que quedar. Te va a encantar, vas a ver, es única: el mar, el viento, los animales, la comida.

A él le da igual el lugar. Apaga el carro y estira un brazo sobre mi asiento. Me está viendo, lo puedo sentir y hasta sé cómo se ve cuando me ve a mí.  Sigo  hablando sin parar porque no sé qué hacer porque nadie nunca me enseñó a ser la chiquilla linda, la que le gusta a los demás. Ya estoy vieja para esto, pero me tiembla el cuerpo.

Algo tiene que pasar.

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julio 25, 2021

Esperanzas

  • Una dosis de Astrazeneca protege entre un 70 a un 80% contra la variante Delta. Yo solo tengo una dosis.  El 17 me toca la otra.
  • Fui a cortarme el pelo y C me dijo que lo veía igual de volumen, sano, que me había crecido lo normal. Yo iba resignada a raparme.
  • Tengo dos pensamientos intrusos menos mordiéndose la cola en la cabeza.
  • Solo faltan 4 semanas de esto. 4.
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julio 23, 2021

Lapsus

Te lo juro que cuando me preguntaste cómo iba el proceso de quimio, te iba a decir lo mismo que a todos los demás: Bien. Un poco cansado, nada más.

Pero me salió otra cosa. Te dije “Prefiero no hablar de eso” y se me quebró la voz. Y empezó el llanto y no lo podía controlar.

No te lo dije, pero estoy agotada de ser fuerte para los demás, de disimular para no asustarlos, para no agobiarlos, para no incomodar.

Estoy harta de no tener un espacio para mí para llorar, para leer, para ver tele, para estar. Un lugar con llave. Un lugar cerrado.

De llorar solo cuando me ponen la vía. De querer llorar los días que siguen y no poder porque los ojos me arden por el medicamento.

De no saber exactamente porqué lloro.

No sé si mis defensas van a bajar o a cuánto. Si voy a aguantar las dos sesiones que faltan. Si a pesar de esto aun queden células positivas. Si me voy a contagiar de Covid por estar inmunosuprimida. Si llegaré a la segunda dosis de la vacuna con suficientes defensas. Si todo se va a atrasar y esto va a durar todavía más. Si soy malagradecida porque mis efectos negativos han sido mínimos comparados con otras personas. Si podré volver a hacer planes a futuro y no cada 3 semanas.

Vos solo una vez me has visto llorar y de esa vez tampoco quiero hablar.

Te agradezco el abrazo y el consuelo y el decirme que todo va a salir bien. Pero también sé que vos te diste cuenta que no podía abrazarte de vuelta y que no pude sentir, porque si te escucho, si me lo permito, si me suelto a llorar, no voy a parar nunca y solo faltan dos sesiones.

No es que me quebré. Desde marzo estoy quebrada y todos los días lo que hado es sostener los pedacitos con las manos

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julio 21, 2021

25 años

Para la zanahoria de papel crepé naranja

La primera vez en un torneo de natación no me sabía tirar desde la banqueta. Me daba terror golpearme la frente, quebrarme el cuello, quedar parapléjica, romperme los dientes. Pero me tiré y del golpe contra el agua, después del torneo tenía las piernas llenas de moretes. La gente del público hizo un ruido colectivo similar al que hace uno cuando ve que alguien se lastima. Eran 50 metros en piscina de 25 y cada brazada era como si me rebanaran los brazos con machetes. Llegué a la pared, descansé, respiré y empecé el regreso, medio llorando y medio respirando. Terminé y me dio un ataque de pánico. No podía salirme del agua. Todo esto en Sabana Oeste, San José, Costa Rica.

Hace 25 años hoy, una chiquilla machita tica, de pelo corto y ojos de cielo se colocó frente a su carril y saludó sonriendo a un estadio que coreaba “U S A- U S A”, como si ellos estuvieran gritando su nombre o el de su país. Puso algo en el suelo. Estaba en Atlanta. En una Olimpiada.

Se subió a la banqueta. Se subió con horas y horas y horas de entrenamiento, madrugadas, días libres. Se subió con el susurro hachero de muchos escépticos convencidos que Costa Rica nunca servía para nada en las OIimpiadas ni en ninguna otra cosa. Se subió con las lágrimas acumuladas de repetir un ejercicio cuando ya no da el cuerpo. Se subió con sus medallas, mejores tiempos, torneos y campeonatos mundiales. Se subió con los comentarios racistas por haber nacido en Nicaragua, con los descalificativos diciéndole que tenía las cosas fáciles por “alemana”. Con los silencios de las cosas no contadas.

Pero arriba, en la banqueta, esperando el pitazo de salida, se está igual que en cualquiera de esos 8 carriles y se comprende lo que decía Buda: al final, por más apoyo, buenos deseos y compañías, las personas estamos profundamente solas y así enfrentamos las cosas. Dependemos de nosotros y de nadie más. Nadie está en mi cabeza, nadie en mi cuerpo, nadie entiende lo que se siente, nadie nada por mí. Nadie más que yo- o en este caso ella- se sube a la banqueta y se clava en el agua.

Vimos en vivo cada brazada de esos 200 metros, sin respirar. Cualquiera que nade ha sentido en el cuerpo la elasticidad del tiempo, lo que dura un segundo, una centésima. Las sensaciones físicas que van variando en cada metro. La lucha contra el ruido en la cabeza, contra esa conversación que no para.  Todos, los que nadan y los que no, pasamos colectivamente de la mueca amargada descreída al silencio incrédulo y luego al grito del narrador:.

¡Vamos Claudia!…¡Vamos Claudia!  ¡Vamooos Claudia!

Cerramos llorando con ella, mientras la veíamos taparse la boca y agitar la banderita en el agua.  Nosotros tampoco sabíamos qué se dice en esos casos. Hay momentos en que no es necesario decir o entender nada. Momentos que son solo para sentir. Que ella llorara por esa medalla de oro, se entiende. Pero ¿y nosotros? ¿Qué llorábamos nosotros? ¿Qué es lo despierta en cada uno ese video y ese logro? ¿Por qué lo sentimos como propio? ¿Por qué la admiración y el cariño y el agradecimiento?

Tal vez porque todos enterramos esperanzas de sueños a los que renunciamos por creerlos imposibles. Y de repente, agitando una banderita, recibiendo la medalla de oro, escribiendo la historia de su país, nos recuerda que todos, todos, podemos subirnos a esa banqueta, lanzarnos al vacío y recorrer la distancia que nos separa de lo renunciado. Tal vez porque 25 años después, nos sigue renovando la esperanza. ¿Y qué sería de nosotros sin la ilusión de un cambio que dependa del esfuerzo personal y no del azar? ¿Qué seríamos sin el ejemplo de que se puede?

Cuando le preguntaron en qué pensaba mientras nadaba, respondió: “En mi papá”.  Porque las diosas olímpicas son, ante todo, son seres humanos y tienen también esos amores imortales. Eternos.

*No sabemos quién editó ese video. La música es de un CD de esos Juegos Olímpicos

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julio 20, 2021

Una escala

Fue hasta que estuve acostada en una silla delante del mar, mientras mis amigas cuidaban a Pato y lo entretenían y lo ayudaban a corretear olas o hacer castillos de arena, que me di cuenta de lo mucho que me hacía falta salir.

Salir de todo. Aunque fuese al mar que no es mi lugar favorito y ahora menos porque no puedo recibir sol. Pero el día estaba fresco y oscuro.

Me di cuenta de lo cansada que estoy no del tratamiento, sino desde marzo, en esta carrera por ganarle a la muerte, a la enfermedad, para que me operaran rápido, salieran rápido los exámenes, me vacunaran rápido, empezáramos la quimio cuanto antes.

Comí como no me comido desde marzo y nada me cayó mal. Hasta disminuyó el efecto de la intolerancia al frío. Probé unos patacones enormes como tortillas. Recordé cómo era la vida antes de todo esto.

Vi pasar una pareja de lapas rojas y me emocioné de su inocencia.

En la piscina, Pato le gana todos los chiquillos de la edad de él, porque sabe nadar y pasa de lo bajo a lo hondo y de vuelta. Les sale de repente por detrás, se les acerca debajo del agua.  Es el único sin camisa de manga larga, flotadores o chaleco salva vidas. Al principio no le creen cuando dice que se llama Pato. Luego, uno de ellos reúne a los demás y les dice “Se llama Patricio y hay que tenerle mucho cuidado” Es la primera vez en meses que socializa con otros niños.

En la noche, como siempre, le canto a Pato para que se duerma. A él no le estorba que desafine:

Qué bonito cuando te veo, ¡ay!
Qué bonito cuando te siento
Qué bonito pensar que estás aquí
Junto a mí

En lugar de dormirse, empieza a cantar conmigo haciendo las palmas flamencas, con métrica perfecta

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julio 16, 2021

El pelo

No se me ha caído, pero todos los días siento que está a punto de caerse

Cada vez que me pica, cada vez que me paso la mano por la cabeza, siento que es cada vez menos y que en cualquier momento me quedo con un mechón en la mano y tendré que raparme.

Me parece que se ve quebradizo y medio muerto. Está llenándose de canas.

Mi pelo, que era tan suave y tan lindo, ahora se me marchita en el espejo.

 

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julio 14, 2021

Big bang

El médico me dice que todo está en la cabeza. Todo. Que es un tema de actitud.

Pero mi cansancio es físico. Me pesa. Lo siento.

También es real esa explosión dolorosa en el universo oscuro de la garganta cada vez que trago agua.

El hormigueo molesto en el brazo

La náusea, el asco.

La mano que se entume y se paraliza

Mi propio cuerpo me electrocuta.

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julio 11, 2021

Limbo

No sé si quiero estar sentada o acostada.

No sé si quiero comer o no. Y si quiero, entonces qué o cuánto.

No sé qué hora es. No sé cómo pasa el tiempo. No sé qué pasa cuando esoy despierta y si me duermo, me pierdo.

Me siento flotando entre arrugas en el espacio-tiempo.

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julio 10, 2021

Lo que me sale del cuerpo

He seguido de necia yendo a nadar, después de cada aplicación. Apenas dejo de sentirme así, atolondrada, un poco mareada, apenas siento que vuelto a ser yo: al agua.

La vez pasada sí sentí que me moría del cansancio y los tiempos lo reflejaban, por lo menos la primera semana de regreso. Luego poco a poco volví a ser yo- yo en modo quimio- pero sí siento que necesito recuperar más después de cada distancia, aunque sea un 50.

En las primeras dos puesta tuve la energía y las ganas de salir a caminar los días que no podía nadar. Ya no puedo, ni quiero.

Después de caminar, mi ropa quedaba con un olor a sudo medicamentoso, a hospital. Me han dicho que tome mucho líquido, que orine mucho, que el medicamento debe salir y que se queda solo lo que se necesita. Es como una carrera entre el medicamento y el líquido y yo tratandoi de diluirlo por todas partes.

Cuando volví al agua, mis anteojos de nadar erana transparentes. Ahora están así:

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Amarillentos. Y empezaron a tener vida propia, en esos puntos negros que aparecieron en los últimos 4 días.

Están amarillos justo en la parte que se ajusta sobre mi cara. Donde tendrían contacto con el sudor que una no siente, por el agua.

Aguantaron 4 ciclos. Para los 2 que faltan, tengo anteojos nuevos.

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julio 4, 2021

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¿Qué es lo que extrañarías más de estar vivo?

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