Tuve el honor de que me invitaran al congreso del Movimiento Solidarista, donde escuché una charla sobre cómo la IA podía apoyar a las asociaciones solidaristas. Como no había espacio para preguntas, me desahogo aquí.
Yo vengo desde el anacronismo, de los días sin internet. Soy lo que llaman una cuadernícola. A riesgo de sonar como los locos que hace 100 años defendían el carruaje de caballos y venían en el tren o en los carros la marca del diablo, tengo preguntas.
Antes de eso, un comentario: cómo se le nota la falta de cursos de Humanidades.
Usted dice que la inteligencia artificial nos sustituirá en 10 años, el paraíso de los futuros. Y nos muestra un video de un robot humanoide haciendo lo que hoy hace una trabajadora doméstica. El robot está en una casa enorme, de esas que pueden pagar el 1%. No todos podemos pagar por un robot esclavo. La trabajadora doméstica, en cambio, tiene derechos, vacaciones, descansos, salario. ¿Sabe qué no tiene? No tiene educación formal. ¿Qué va a pasar con los pobres como ella? ¿Con los que estamos más cerca de la pobreza que de ese robot? ¿Que se mueran de hambre a nombre del desarrollo tecnológico?
Usted asegura la precisión de resultados de las cosas hechas con inteligencia artificial. Pero también nos dijo que inteligencia artificial es enseñarle a una máquina a pensar como un ser humano. Los seres humanos, por diseño, nos equivocamos. Entonces, ¿en qué quedamos?
Usted nos habla maravillas de la inteligencia artificial agéntica, de esa que se usa para programar un chat bot de servicio al cliente. Por la forma en que lo promueve, asumo que nunca le ha tocado batallar por cuatro horas con un chat bot bancario, suplicando que lo comuniquen con un ser humano. No exagero. Es un suplicio. Los chats de servicio al cliente han venido a incrementar la frustración, el enojo, la despersonalización- tan lejos del humanismo- y la pérdida de tiempo.
Hay que tener todo digital. Porque todos tenemos todo digitalizado, ¿cierto? Sin eso no es posible subirse al tren del progreso. No señor, no todos tenemos todo digitalizado. Usted podría preguntarle, por ejemplo, a abogados cuadernícolas como yo, nacidos en el siglo pasado, de cómo funciona el Poder Judicial. De las veces que hay que ir a firmar a mano. De cuando el sistema se equivoca y se traga documentos. De la frecuencia de sus caídas. De lo poco confiable que es. De porqué los documentos físicos siguen siendo fundamentales. Que usted diga que lo digital dominará todos los aspectos de la vida y que eso es normal y deseable, me hace dudar de su conocimiento de la realidad de la gente de a pie.
Si la IA es una manifestación de nuestra humanidad, ¿porqué es propiedad privada? Si llevará a la humanidad a nuevos niveles, ¿porqué nos cobran por usarla, pero además se dejan los datos de todos y no sabemos que pasará con ellos?
Usted nos dice que la IA permite crear un agente al que uno, cómodamente, le encarga reportes de todos los datos que ya tenemos digitalizados en un solo lugar y nos dice que tal persona lleva tantos meses de morosidad y que hay que judicializarlo. Un reporte, un número, jamás podrá sustituir conocer de primera mano la desesperación de quien necesita urgentemente un préstamo.
Usted predica que la IA es el camino hacia un humanismo real, pero es una expresión pura del capitalismo. Del mismo que ha creado las relaciones de explotación, donde los obreros, que son 380 mil personas, representadas por las organizaciones que están en este foro, son los más vulnerables. Los reemplazables.
Un conferencista hoy, antes que usted, nos dijo que los derechos se le quitan a quienes más lo necesitan porque no tienen la estructuras que se requieren para organizarse y resistir.
Y, por último, sobre su rebaja del 40% para la maestría en estos temas, quisiera saber cuál es su margen de utilidad, que les permite hacer ese tipo de descuentos sin dejar de ganar, como manda el capitalismo.
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