No iba con nada de ganas para la celebración del día de la Madre en la escuela de Pato. Pero él sí tenía mucha ilusión. Anoche me dijo que estaba emocionado y que no me podía decir qué era el regalo, que había que esperar.
Me da pereza compartir con otras mamás. Me da pereza que me pongan a hacer los regalos sobre todo con aptitudes que no tengo, por ejemplo de artes plásticas. Me salen tan mal como cuando los hacía para mi mamá.
Tuvimos el precedente del agarronazo en el chat de Juntas Directivas donde Mamá Fashion se quejó de que nunca la tomaban en cuenta con sus ideas, yo defendí a la presidenta de la Junta porque nos resolvía y no eran necesarios 60 mensajes y la presidenta la mandó educadamente a la mierda y le dijo: encárguese usted entonces de la merienda del día de la Madre.
Pero este año estuvo distinto. Se llamaba La Odisea de Mamá. Habían 7 actividades que completar, como un rally.
Hacer una pulsera de cuentas. Check. Tomarse una foto divertida después de media hora de fila. Check. Bailar merengue con Pato muriéndose de vergüenza, check.
Pero los alemanes son fanáticos del ejercicio y SEIS de las actividades eran eso: ejercicio. Tres en el gimnasio: un brinco con cabellete, caminar sobre una barra de gimnasia, y algo más relacionado. Mientras hacíamos fila vi por los menos a tres mamás brincar sobre el caballete y despicharse con el coro de gritos de acompañamiento. Desertamos.
Luego en la cancha, una estación donde quedaba uno empapado. No gracias. Una de carretillo humano. Pato intentó 4 veces pero no aguantaba los brazos para avanzar. Somos nadadores, no monos. Y media hora para que él tratara de meterme un gol que le paré sin problemas y yo a él.
Lo que más me gustó fue corear a gritos a Juan Gabriel, o sea la discomóvil. Y los ojitos de ilusión de Pato cuando me dio el regalo que pintó el mismo.
Ahora más tarde hacemos el video de todos los años. Le pregunto, como los niños perdidos a Wendy, qué hace una mamá.
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