Mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las anchas alamedas por donde pase el hombre libre para construir una sociedad mejor.

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La puerta

Viernes, noviembre 18, 2022

Estos días han sido una vorágine de alistar meriendas y almuerzos, recoger a Pato, preparar actividades y tareas, sacar al perro (2 veces al día), preocuparme porque no come, consolar a Pato en las lloradas diarias de “Papiiii!”, no nadar, administrar mi agenda y la de Pato, reuniones y demás.

Hoy se acaba. Y mientras llevaba a Siggy por el barrio, evadiendo otros perros, sintiendo su fuerza cuando me lleva patinada sobre las aceras verdes del musgo de fin de invierno, avergonzándome porque no recojo su caca, me di cuenta.

Llegué a una puerta dentro de mí. Una oculta, cerrada con llave, llena de telerañas y la abrí

He sido profundamente injusta con Marce.

Me doy cuenta que, sin darme cuenta, yo estaba predispuesta, en el prejuicio más cluiché, a que los hombres son malos papás. Tal vez porque tuve al mío muy poco tiempo y las experiencias posteriores con figuras masculinas,  como mi padrastro o mi tío, fueron funestas.

No me imaginé que Pato quisiera tanto a Marce, pero así es. Y lo viven ellos dos a su manera. Marce hace un montón por Pato, un montón que hasta ahora yo no reconocía y Pato lo adora como quería yo a mi papá. Tal vez no quería ver eso porque lo doloroso que es para mí recordar ese amor. Hasta dudo de deciría quería. Pero sé que no es quiero. Tal vez es como quiero yo a mi papá en mi recuerdo.

Me di cuenta que había en mí un miedo muy crudo, profundo y latente de que Marce lastimara a Pato. Un miedo totalmente infundado, consciente-inconsciente, por mi propia infancia. Que estaba poniendo mucha energía, desgastante, en proteger a Pato, pero no de Marce, sino de vivir lo mismo que viví yo, en un nudo macabro de volver en el tiempo. De protegerme a mí.

 

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Ideas brillantes

Jueves, noviembre 17, 2022

En un viaje de un diciembre, me compré un botón para usar en el junio siguiente:

“Kiss me. It’s my birthday”

La idea era ponérmelo y pasar frente al que me gustaba ese día, a ver qué hacía.

Se vino el junio y me angustió pensar que podía hacer el ridículo, que era demasiado arrastrada, que me podía pasar que alguien diferente me quisiera dar el beso. O, peor aun, nadie quisiera. Que se reirían de mí.

Se me hizo un mundo y al final no me lo puse. Nadie me dijo feliz cumpleaños. Bueno, mi abuela sí.

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Gatillos

Domingo, noviembre 13, 2022

Llevamos toda la tarde con episodios de llanto

Porqué se tenía que ir a otro país a trabajar?

Extraño mucho a papá

No quiero hablar con él, quiero que esté aquí con nosotros.

Papá hace mejor el chocolate caliente. Este no me gusta.

Cuándo viene papá?

Y si le pasa algo?

Y si decide quedarse en ese país y no regresa nunca?

Y llora con el corazón roto. Me pide abrazos. Vuelve a hacer cuentas de cuándo regresa papá y de si falta mucho o  poco para eso. El no sabe, pero me pone muy ansiosa. Trato de apoyarlo y consolarlo, pero me pongo peor cuando no se calma al primer intento.

Me hace pensar en mí y ese vacío de náusea de los días que siguieron a la muerte de mi papá. De esa oscuridad. Del silencio. Y pienso si esas habrán sido mis preguntas y mis lágrimas, si estaría así de desconsolada, llorando en el baño, viendo tele. Porque no me acuerdo. No me acuerdo. Y siento que quiero salir corriendo.

 

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Porras

Viernes, noviembre 11, 2022

Lo peor de las porras es esa certeza de que les voy a quedar mal. No me dan ánimo, me ponen ansiosa porque tengo claro que no tengo con qué llenar esas expectativas.

Además, encima de todo, tengo pelear con esas ganas de parar en seco lo que iba a hacer y viéndolos a los ojos, dejar todo tirado, dar media vuelta e irme.

Y allá voy, muy lejos de la concentración que debería tener para estas cosas y haciendo el ridículo.

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Llamada

Jueves, noviembre 10, 2022

La noche de ese 24 me llamaste desde muy lejos a decirme Feliz Navidad. Me dijiste que estabas solo en ese apartamento, recordando las Navidades juntos y, sobre todo, la carne de cerdo al horno. Llorabas. Bueno, llorábamos.

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Olores

Miércoles, noviembre 9, 2022

Al acostarlo a dormir, me abraza y me empieza a oler.

-Hueles a mamá

-A qué huele una mamá?

Se me pega al pecho. Respira profundo.

-A amor

-Y a qué huele el amor?

-A comida. A arrocito blanco recién hecho.

Se duerme

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Things left unsaid

Jueves, noviembre 3, 2022

Fue distinto el otro día, cuando te dije que ya estaba harta de decir sin decir las cosas y de quedarme callada, que sentía la vida encima y que ya no quería dejar cosas sin decir porque prefería las consecuencias y asumirlas que quedarme con preguntas para siempre y con la desazón de la incertidumbre y la sospecha de si entiendo lo que es o son cosas mías. Te rogué que me dijeras de frente si sí o si no.

Te dije que ya estaba cansada de preguntar y proponer y de las muchas formas que me decís que no, pero después me mandás una canción que solo puede ser para mí.  Te dije que prefiero que me digás las cosas de frente, no por compromiso, claramente y no con una foto sin texto desde un rascacielos en otro país que me hace pensar si me estabas pensando.

Te dije que estoy vieja. No que me siento vieja. Que estoy grande, que soy otra. Y entonces puedo entender mejor un no  y eso no me destrozaría, porque ya conozco otros dolores. Que me cuesta más adivinar cuando no me contestás o no me decís las cosas, porque no soy bruja.

Y, desde ese día, silencio.

Una parte de mí se pregunta por quién me cambiaste, quién llena ese espacio, qué debo entender, si vale la pena preocuparse.

La otra, la que soy ahora, sabe que es cierto lo que ha sido cierto desde hace tantos años. Cobarde.

 

 

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Creciendo

Miércoles, noviembre 2, 2022

Ayer:

Ya voy a cumplir 7 años. Papá me enseñó que tengo que ver para cada lado a ver si vienen carros y cruzar con cuidado. No necesito que me des más la mano.

Y cruzó solo la calle.

 

Hace unos meses:

Creo que ya es hora de guardar mi tenedor pequeño en la caja donde guardamos mis cosas de bebé…

Lo ha usado desde que llegó. Tiene el dibujo de un robotcito.

 

Hace cuatro años:

Me pedía todos los días que le contara el cuento de los Tres Chanchitos. Al propio hacía la voz del lobo lújubre y macabra, seguida de un aullido que le paraba todos los pelitos y lo hacía carcajearse del miedo. Un día estaba él en el baño y le toqué la puerta:

-Soy el Lobo Feroz ¡Abreme la puerta!

-¿Quién?

Dije que soy el Lobo Feroz ¡Abreme la puerta! O soplaré y soplaré y la puerta derrumbaré. Auuuuuuuuuu!

-Los chanchoz no eztán

 

 

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Germinada

Martes, noviembre 1, 2022

Anoche soñé que me costaba encontrar la parada del bus de Alajuela, en la Alajuela paralela de mis sueños. Entraba a una soda a comer mientras encontraba a quién preguntarle, pero no me gustaba lo que servían, pedía cambios y al final me daban solo un plato de picadillo de ayote. No lo tocaba.

Me fui a la calle a preguntar y la parada resultó estar a la vuelta. Yo sabía que estaba cerca, pero no exactamente dónde. El primer bus se llenó rápido. El segundo no permitió que se montaran más de 4 personas. Pensé que podría montarme yo, pero el bus se movía y era peligroso. No lo lograba.

Luego esperé en fila lo que los demás dijeron que eran como 50 minutos. Todos se quejaban del servicio y me contaban las cosas que les pasaban. Yo pensaba si me alcanzaría con las monedas que llevaba, si sabría dónde bajarme en San José.

Y mientras tanto, los pies me germinaban.

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Cacería de truchas

Domingo, octubre 30, 2022

Papá: Pato, si sigues en esa habladera y ese alboroto, vas a asustar a los peces y se van a esconder.

Pato: Ah… bueno. Entonces me voy

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Muchos estaban ilusionados con la idea de pescar. Pocos estaban claros que al sacar al pez, la cuerda corta el dedo, hay que agarrarlo con las manos, empieza a ahogarse por estar fuera del agua, hay que sacarle el anzuelo- está sufriendo- matarlo, abrirlo, destriparlo y luego cocinarlo para comerlo. Traumático para niños que no tienen claro que matamos lo que comemos y que no tienen esas muertes como parte de sus vidas protegidas.

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Muchas familias solo con la mamá. Las mamás sabemos hacer muchas muchas cosas. Pero usualmente no sabemos pescar. Algunos papás. Pero sin esas habilidades de sobrevivencia que se requerirían para un futuro apocalíptico nuclear. Su hombría definida por carros de marca y habilidades deportivas.  Desfilan asqueados para el baño a lavarse las manos después de tocar escamas.

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El niño que golpea a todos, que dice malas palabras, que castigan todos los días y llora. Es de los más pequeños, pero es enorme. No habla bien. Se nota que es tosco en sus movimientos. Todos le huyen, menos uno. Hay uno que juega con él, es al único que no le ha hecho nada. Ese uno juega con las niñas y las defiende cuando se arman bandos. Los papás del niño problema lo persiguen por todas partes, atentos a que no haga daño

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Hay otro, más grande. Un hermano mayor de un matrimonio previo. Nos reconocemos en la mirada triste, en no sentirse parte, en sentarse a un lado, en saberse distintos. No es que lo tratan mal. Es que simplemente, a veces no es lo mismo y a los adultos no les importa.

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Pato no se baja del brinca brinca ni siquiera para comer. Tres veces le llamo la atención. Dos porque entre brincos juegan a las luchas y tenemos una pinky promise de no jugar a eoss juegos ni de golpearse, porque dicen las maestras que los demás lo siguen. Y otra, porque una de la chiquitas cae a la lona y por jugar, le da nalgadas. Los cuerpos de los demás NO SE TOCAN y mucho menos sin permiso. NUNCA. Desde siempre me angustia que llegue a ser ese tipo de hombre. Desde siempre lo corrijo.

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Hay techo de zinc, pero no hace tanto sol. Hay un pavo real blanco. Hay gansos escandalosos y también carracos. Las sillas son duras. La comida, toda frita. Hay un estanque con peces Koi enormes. No hay patacones. No hay nada que hacer salvo hablar con otros papás de cosas pequeñas: qué grandes que están, cuándo es la reunión, qué hay que llevar, qué les hacemos para fin de año, quién es ese niño grande, porqué anuncian con tanta anticipación los cumpleaños, qué problema con aquel que les pega a todos, el mío le tiene miedo.

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Muchas familias se van temprano. Hay fiesta de Halloween en el condominio. Hay galletas y quequitos de Halloween en el paseo.  Me reconforta vivir en una casa vieja, sin vecinos, sin compromisos sociales, sin disfraces, sin plazos

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En la noche, empieza el incendio en el estómago. Volvió el cáncer y lo sufro como si fuese cierto. A veces es agotador pensar todos los días que me estoy muriendo y la vergüenza de saber que yo sé que no es cierto. Con unas galletas soda se calma, poco a poco. Y una pastilla, claro. Estuve sentada todo el día, pero sin embargo, me canso.

 

 

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