Nunca me quise casar, pero me casé. Mi orgullo es que no fue de blanco, ni en una iglesia, ni tuve fiesta. Tuvimos un hijo.
El arroz con leche de mi abuela era legendario. Se servía en los rezos del niño, en el aniversario de la muerte de mi papá o cuando mi abuela quería hacerlo.
Siempre pensé que era muy complicado pero parece que no
Arroz. Dos tazas para muchísimo arroz con leche. Mi mamá lo dejá en agua un par de horas para que se hidrate. Mi abuela lo lavaba tres veces y tres veces lo ponía a secar al sol.
Leche. Son tres tipos: la normal, descremada, a medio cremar, completa. De lechero en el caso de mi abuela. Leche evaporada, que nunca he entendido qué es. Leche condensada. Nestlé.
Especias. Canela, En rama, para mí. Nunca en polvo. Mi abuela usaba además clavo de olor y anís.
Un chorrito de vainilla.
Fruta. Amo las pasas en el arroz con leche y en los queques secos y en el arroz con pollo. Hidrato una caja completa en agua caliente una hora. La tía Florita sugiere hidratarlas en oporto. En ron deben quedar sabrosas.
Mi abuela le ponía además un palito de naranja agria, ralladura de naranja Washington o cascaritas.
Yo ahora consigo cascaritas de naranja cristazalidas y las corto chiquitas.
Mantequilla. Una barra.
Otros. Mi mamá le agrega un huevo o dos, bien batidos.
Entonces:
Hay que tomar en cuenta que no se puede dejar solo y que leche no puede hervir ni hacer nata. El arroz con leche es a fuego medio, como cualquier receta que le permita a una mujer seguir haciendo otras cosas sin descuidar la cocina.
Se revuelve todo el tiempo, como caldero de bruja. Con una cuchara de madera y con una sola mano. La que empieza, termina. Una mano ajena arruina la comida.
Se pone el arroz con la leche normal, removiendo, removiendo. Va de una vez con la astilla de canela. Para mí, una enorme, que infusione la leche.
Una olla de teflón, por si acaso. Mi abuela no conoció el teflón. Y si lo hubiera conocido, tampoco lo hubiera usado. Las mujeres de verdad no necesitan eso.
Cuando está a punto de reventar pero aun un pelín durito, se agrega la leche evaporada. Una lata. Se sigue removiendo
Yo remuevo y pienso en Como Agua para Chocolate y en cuantos recuerdos y pensamientos y deseos le estoy dejando en cada moviemiento.
El arroz revienta. Le agrego la barra entera de mantequilla y se tiñe de amarillo intenso de tarde de diciembre.
Cuando se deshace completa- siempre removiendo- agrego la fruta. Si veo que se seca o se pone muy sólido, le agrego más leche, al cálculo.
Lo dejo que siga un rato, para que se incorpore.
La vainilla, aunque a veces se me olvida. Y mi mamá le pone el huevo batido.
Al final, con el arroz ya reventado, la leche condensada. Ultima revolvida y se quita del fuego. Lo dejo un rato a ver si se secó mucho y se necesita más leche líquida.
Hay gente a la que le gusta caliente. Yo no me decanto por ninguna. Solo sé que podría comerme la olla entera y que jamás imaginé que fuese tan fácil hacerlo y que me llenara tanto por dentro.
Aquí te lo dejo, Pato. Para tu futuro. Para tus hijos.
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