La que venía aquí a dormir en una tienda de campaña de dos aguas, donde solo se podía entrar de cuatro pies.
La que dormía encima de un edredón doblado y una sábana. A veces, si llovía, en un carro con el asiento echado para atrás.
La que usaba de piyama y de ropa interior un vestido de baño seco. Traíamos dos para ir intercambiándolos conforme uno se mojaba y se secaba al sol.
La que se despertaba con el calor sofocante.
La que se quedaba horas en la playa, dorándose al sol, entrando al agua cuando ya era insoportable el calor.
La que sobrevivía a punta de coca cola, galletas canasta, galletas soda, atún y salchichas.
La que soñaba con bailar Estrellitas y duendes una noche cualquiera en la discoteca al lado de la piscina.
La que siempre odió la arena, el mar, el calor, la playa; pero necesitaba desesperadamente los amigos
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