Mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las anchas alamedas por donde pase el hombre libre para construir una sociedad mejor.

Tortilla española para Dani

Fue ya hace un año. Se va rápido, sí. Pero se ha hecho eterno.

Hoy hice la tortilla española pensando en Dani, que siempre quiso aprender a hacerla.

A ver.

Pongo el aceite a calentar a fuego medio, mientras pelo las papas y las rebano. A veces he usado la mandolina, pero quedan muy delgadas y se apelmazan. Las seco con papel de cocina para que se frían mejor.

A fuego medio porque toda la comida- o casi- se hace a fuego medio. Así nos da tiempo de ir haciendo otras cosas. Me sorprende que no supieras hacerla, porque tenés habilidad para la cocina y para cosas complejas de repostería. Los merengues, las tortas, los panes. Incluso aquel libro de cocina alemana que leíste a punta de diccionario.

5 papas medianas. 1 cebolla mediana y dos pequeñas. A mí me gusta con mucha cebolla.

Las cebollas, en rodajas, también con cuchillo.

Empiezan las tandas de 5 minutos:

Primera. 5 minutos las papas.

Segunda. 5 minutos más, las papas. Las revuelvo con una cuchara grande. Hoy tenía papas amarillas, que se desmoronan. Así que usé el sartén especial que son dos que se abrazan y le doy vuelta al sartén.

Sí, se me riega un poco de aceite o de agua. Ni modo. Debe ser en un sartén o una olla tapada. El efecto que se busca es el dorado de la fritura y la sazón del cocimiento. En la tapa se acumula vapor que luego cae en la verdura y así se va cocinando.

Agrego la cebolla.

4 vueltas más con cebolla incorporada de 5 minutos cada una.

La última, 6 minutos destapada. La cebolla está transparente. Las papas, algunas están doradas. Cada vez que la hago pienso que si tuviera la paciencia, hago la cebolla caramelizada. Pero no la tengo. Me gustarían tal vez más doradas, pero así está bien.

¿Cómo serán las tortillas en España, con otras papas, otros huevos, otros ambientes y otras cocinas? Las he comido, pero comerciales, de negocio. Nunca una casera.

Mientras la alarma suena cada cinco minutos, hay que batir los huevos. Uso 5, a temperatura ambiente. Todos van juntos y antes de batirlos, punto de sal en las yemas y un poco de pimientas.

¿Cuánta sal? Nunca sé. No le logrado que la tortilla me quede con la sal que me gusta. Más bien sale dulzona, creo que por la cebolla. Pero a tus papás les gusta. A Pato y a Marce también.

Los bato con tenedor, con la técnica que usaba mi abuela. Elipsis envolventes, muy rápidas. Así incluso hacía queques, completamente batidos a mano.  Cada vez que suena la alarma los vuelvo a batir.

He leído recetas españolas donde no aconsejan batirlos tanto porque les entra mucho aire. A mí me gusta así.

Hoy le dije a Pato que íbamos a encender una velita para recordarte, que la llama se parecería al brillo de tus ojos y a tu sonrisa.  Cerramos los ojos y respiramos hondo y agradecimos haberte tenido en nuestras vidas. Ahí quedó, en la ducha de uno de los baños.

Saco la mezcla y la pongo en un colador grande, para escurrirle todo el aceite posible. Cuando deja de gotear, aun hirviendo, la pongo sobre papel de cocina en una tabla de picar y la extiendo. Eso le chupa más aceite. Aprovecho para volverle a poner sal y pimienta.

Vos me viste hacerla cuando la preparaba con un sartén de hacer desayuno y la tapa de la olla con que hacemos arroz. Ahora tengo un sartén especial para eso, los que te dije antes. Cuando huelo las papas y las cebollas ahí, en la tabla de picar, mientras la salpimiento, me viene a la memoria tu mamá, feliz como una niña, en el apartamento en Chile. Allá hice una sin mis sartenes especiales. Y ella se comió muy alegre un poquito de papa y cebolla cocinada. Hizo una pausa en el duelo.

A tu papá desde antes, desde la quimio, cuando no quería comer nada excepto la tortilla. Desde entonces les hago a tus papás cada vez que puedo.

Paso la mezcla a los huevos batidos y revuelvo con cuidado. “Los huevos empiezan a cocinarse con la mezcla hirviendo”- es lo que he leído.

Dos tandas más de cinco minutos. En la primera, dejo la mezcla quieta. En la segunda, pongo uno de los sartenes a calentar a fuego medio-bajo.

Cuando termina la segunda, va la mezcla para el sartén y ahí queda, destapada, hasta que los bordes se le ven firmes y en medio está como una gelatina.

Yo aprendí a hacerla volcándola con un plato, pero ya no es necesario. Le pongo el otro sartén, giro y ya está.

También dicen los comidistas que hay gente a la que le gusta muy hecha. A otros, que el huevo aun se escurra entre las papas. La mía, bien cocida.

Tengo que probar- porque aun no lo hago- combinarla al cocinarla con aceitunas en rodajas. Con chorizo o jamón serano. Con chile dulce en tiras, de los que venden en el Automercado. Suena a comida fina, pero ¿qué más común que la papa, la cebolla y huevo? Las comidas típicas son, casi siempre, lo más barato del país de origen, lo que pueden pagar los más pobres.

Esta me quedó gordita y perfecta. A veces se me hunden en el centro. Está apenas dorada. Hay quienes las prefieren pálidas.

Al comer, trato de no quitarle a los demás el gusto, que repitan las veces que quieran. Yo me aguanto. Pero cuando como, me gusta ponerle  un chorro de vinagre balsámico. O tener al lado aceitunas rellenas de chile dulce.

La verdad es que me la podría comer entera.

No deja de asombrarme que sea solo huevo, cebolla y aceite. Y mucha paciencia.

También me sorprende que haya pasado un año.

El otro día le decía a una amiga que mal que bien, cuando uno ha sufrido la muerte de un ser querido temprano en la vida, sabe lo que se aproxima para los que pasan por primera vez por esto. Te toca ser una especie de guía.

Nosotros nos encargamos de tu papá y tu mamá. Vos podés estar tranquila.

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Y vos, ¿qué pensás?