Mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las anchas alamedas por donde pase el hombre libre para construir una sociedad mejor.

Testigo de la historia

El martes estuve en una audiencia judicial y quería contarte. Fue por el matrimonio de dos mujeres y Adriana había servido como testigo en esa escritura pública en que se casaron. Ellas dos, los dos testigos y el notario, estaban acusados por los delitos de falsedad ideológica y de matrimonio ilegal.

Yo llegué sin copia del expediente y con la amargazón propia de las decepciones acumuladas. Esta audiencia sería un mero trámite, donde confirmarían la injusticia de que este caso pasaría directo a juicio, en la vieja tradición nacional de pasarle el problema a alguien más con tal de quitármelo de encima.

No me sabía el número de expediente y mientras trataba de explicárselo al guarda de la corte, que no me dejaba pasar sin ese dato, alguien se me acercó a preguntarme que si era el caso de las lesbianas. Casi lo muerdo “Tienen nombre”– le dije, con odio. Me explicó que era periodista, amigo del notario, que estaba ahí por apoyo moral. Me disculpé, apenada.

A Adriana le había dicho que entrara por la puerta sur, pero ella entró por la puerta norte. Me porfiaba por teléfono que estaba donde habíamos quedado y seguramente estábamos separadas por un fenómeno atemporal y por eso no nos veíamos hasta que nos encontramos. Nos sentamos en una banquita a esperar que nos avisaran en cuál sala tocaba.

Sala 1. Una sala grande, con espacio. Aparte de nosotros, alguna gente colada, alegando ser asistentes judiciales, porque esas audiencias son privadas.

Al inicio no reconocí al fiscal. Ellos siempre hablan primero. Se levantó y explicó cómo el caso había empezado hacía 5 años, cómo él siempre había estado a cargo. Eso es rarísimo, sabés? Porque uno en el Ministerio Público se mueve mucho, otras personas asumen sus casos y en ese tiempo, él era fiscal auxiliar y ahora tiene un cargo superior. Explicó al juez y a nosotros, los abogados de la defensa, que siempre pensó que no había delito, que no tenía sentido perseguir personas por ejercer un derecho que es de todos. Contó que el fiscal general de entonces lo obligó a acusar, aplicando una norma que rige a los fiscales. Que ese fiscal general expresamente le dijo que no creía en esos tribunales internacionales, que lo de él era el derecho penal clásico, cosa que nadie sabe bien qué es. Que despreció sus argumentos técnicos, sus solicitudes de consultar la constitucionalidad del tema.

No sé si eso se explica por sí solo, pero por si acaso, te lo digo: Ese muchacho puso en riesgo su trabajo. Pidió quedarse con un caso que le podía costar la carrera, porque estaba convencido de que era una injusticia. Se le paró al fiscal general y aunque acusó, en la acusación puso que lo hacía obligado. Nunca ves a un funcionario público con esa decencia, con esa coherencia.

Hace cinco años, cuando indagó a Adriana, él nos había dicho que le daba vergüenza tener que indagar e investigar este caso. Que no lo soltaría. En ese momento, Anita, yo sonreí con la misma amargura con la que llegué en la mañana a la audiencia, porque se le agradecen las buenas intenciones, pero la gente dice tantas cosas… Jamás me imaginé que sería fiel a su palabra.

Entonces – de vuelta a la audiencia- él dijo que las cosas habían cambiado. Ya no estaba ese fiscal general. Ya había sido emitida la opinión consultiva de la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Ya no hay delito- dijo- y a mí se me llenaron los ojos de lágrimas. Ya no hay razón para acusar ni perseguir lo que nunca debió haber sido acusado ni perseguido. La escritura en la que se casaron no contiene información falsa ni es un documento falso. Es un documento válido y correcto y por ende debe desaparecer la nota que tiene en este momento en el Registro Civil y ellas estaban desde ese momento y siguen casadas.

Ana, retiró la acusación. Yo quería levantarme y aplaudirle de pie, por ser tan valiente. Porque no es un tema que lo afecte. Es un abogado joven, con futuro, con casos importantes a su cargo- ve el tema de Crucitas y del Cementazo, y es, a la vez, de esas personas que hacen lo correcto aunque les podía haber costado muy caro.

Nos dieron la palabra a los abogados de la defensa, yo incluida. Algunos hicieron una larga exposición téorica-técnica de derecho internacional y derechos humanos. Yo no. Yo tenía el cerebro en shock, impactada de lo que estaba presenciando. Humildemente agradecida de ser testigo, en primera fila, de un día histórico. Preguntándome porqué nadie se estaba dando cuenta de lo que estaba pasando: que no hay que esperar 18 meses. Que la opinión de ese fiscal- que la reiteró el juez- es que es un hecho que los artículos que prohíben el matrimonio entre personas del mismo sexo, están derogados. Que si hay matrimonios entre dos hombres o dos mujeres, se tienen que inscribir. Que la familia somos todos. Que no es delito el amar.

Admiro, a la vez, a esos colegas que ansían que les pongan un micrófono al frente, que se ponen de pie, que no les tiembla la voz, que son elocuentes y magistrales. Cuando eso pasa, me convenzo nuevamente que debí estudiar otra cosa y que no calzo en esta especie.

Media hora después fue mi turno. Dije que no iba a entrar en detalles técnicos jurídicos porque de eso ya se había hablado mucho. Que Adriana, como cualquier testigo de cualquier matrimonio civil, tenía que acreditar que las contrayentes tenían la capacidad moral para casarse y que eso era lo que querían hacer y que de eso nunca hubo duda.

Y le dije al fiscal Gracias. Gracias a nombre de mi hermana, que es lesbiana. Gracias a nombre de mis amigos y gente querida que no se ha podido casar porque no se han reconocido sus derechos. Gracias por hacerme sentir orgullosa de haber sido fiscal del Ministerio Público aunque haya sido por un periodo muy breve hace muchos años. Gracias por devolverle la decencia al Poder Judicial y devolverme la fe en el sistema. Gracias por ser tan valiente. Y se me quebró la voz, porque soy una señora emocional y ridícula. Se me olvidó decirle que le daba las gracias también a nombre de Pato, por el país que él estaba construyendo para mi hijo y otros niños como él.

Adriana me pidió que dijera y así lo dije: Todas las personas somos iguales y el Estado debe ser garante de derechos para TODAS las personas, no como en este caso, que los estaba desprotegiendo. Que ella volvería a hacer esto cualquier día del mes. Porque como ciudadana consciente y feminista, es la única alternativa que tiene.

Hablaron los acusados. Ellas solo decían que estaban felices. El notario habló de las luchas de tantos años, de su activismo, de que era la primera vez que permitían que ingresara su pareja a un señalamiento judicial que lo afectaba. Y dijo, con la voz quebrada, que lo único que pedían era “respeto a lo que somos, porque somos personas, como todos los demás” .

El juez habló, ratificando todos los argumentos técnicos. Se refirió a ellas dos, las muchachas que le prendieron fuego a todo, por sus nombre completos y de ellas dijo que estaban “casadas”, ordenó quitar la nota que tiene el asiento de su matrimonio en el Registro Civil.  Y todos aplaudimos, emocionados, como cuando aterriza un avión en el aeropuerto Juan Santamaría.

Lo que vi, Ana, fue histórico. Único. Jamás pensé que la vida me diera la oportunidad de participar en algo tan lleno de significado como esto. Menos en un momento de la vida en la que, por cosas tontillas ando de media capa caída. Ver esto, participar en esto, me mostró que todas las personas, desde nuestro lugar, tenemos la capacidad de hacer grandes cambios, aunque no nos beneficien directamente y más bien, como en este caso, nos pongan en riesgo. Que no todo es poder. Que no siempre es poder.

Ana. Contale a Joaquín, por fa. Porque él, vos y tantos otros estaban ahí con nosotros, en esa sala de juicios, un martes en la mañana, que cambiará la forma en que vivimos.

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5 gotas de lluvia en “Testigo de la historia”

  1. Alonso dice:

    Hermoso relato. Noticias como esta me hacen sentir optimista y me hacen pensar que es posible un tener un país más justo. Gracias por compartir.

  2. Rebeca dice:

    Gracias por escribir esto tan hermoso, gracias por estar en las luchas y tener presente a Joaquín (y a Anita).

  3. Madio dice:

    Qué relato mas bonito.. y qué esperanzador ver que aun existe la cordura en la gente… y la voluntad de defender lo justo y luchar por la igualdad… por un mundo donde quepamos todos, sin miedo.
    Un abrazo a vos y a los tuyos!

  4. Jose Araya dice:

    Todos muy felices por el desenlace de esta historia. Solo una observacion, no pude evitar sentirme ofendido con la afirmacion: “Nunca ves a un funcionario público con esa decencia, con esa coherencia.”
    Trabajo en la empresa privada, pero la mayoria de mis familiares cercanos son empleados publicos, incluida mi esposa que es fiscal. Tengo conocimiento de varios casos similares en los que el fiscal se le planta a su superior e incluso se niega a firmar una acusacion debido a que no estan de acuerdo con lo que La Fiscalia” pretende.
    Fuera del Minisiterio Publico los ejemplos son muchicimos de gente que defiende sus causas y trabaja con decencia y coherencia. Obviamente la actitud de este fiscal es digna de aplaudir y de divulgar, pero no a costa de una generalizacion que daña a muchos.

  5. solentiname dice:

    De acuerdo. No era mi intención hacer una generalización

Y vos, ¿qué pensás?