A mí no hay que convencerme mucho para hacerme cualquier examen de control. Así somos los hipocondriacos.
Pasé 24 horas con un holter, tratando de no darle pelota para que no me pase eso que pasa cuando se va el agua. Una, que nunca toma, desesperada por un vaso de agua.
Y me parece que el resultado tiene algo de místico y secreto. Mi presión es perfecta… durante el día. En la noche, exactamente durante las horas que estoy dormida, baja a niveles insospechados, como si no quisiera volver a despertarme.
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