Ahora son club de playa con calendario de actividades.
Entregan paños contra comprobante.
Hay diferencias marcadas entre socios y huéspedes.
A medio día, con sol que garantiza cáncer en una piscina sin sombra, hay clase de bachata acuática.
El agua de la piscina grande sabe a combinación de bloqueadores.
Todos los días hay dos horas de happy hour para socios.
Las sillas con sombra pasan ocupadas por paños, no por gente. Los demás, a freírse al sol.
Los niños chiquitos son los que más sufren el calor: pantaloneta, camiseta manga larga, sombrero y flotis.
Llegan a cenar a restaurantes al aire libre con piyamitas de manga larga.
Anoche hubo piñata, confites, y la presentación de la mascota embajadora de la naturaleza, algún pobre hijueputa en un traje de peluche en esta humedad que es como respirar atol.
Hoy hay fogata con marshmellows en la playa, para los chiquitillos. Se pasearon en las parejillas que van a caminar en la arena. Que alguien piense en el dengue y en las purrujas.
Y en las señoras que se sorprenden de añorar caminar a oscuras en las noches de luna.
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