Mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las anchas alamedas por donde pase el hombre libre para construir una sociedad mejor.

El debut de Un Nadador Shaolín

Natación es mi laboratorio personal. El lugar donde me enfrento de forma segura a cosas que me dan miedo, como competir, perder, hacer el ridículo, llegar de última, golpearme cuando me tiro de la banqueta. Lo que no hago en la vida, lo hago en la piscina.

Mientras que en la vida tiendo a huirle a las cosas que me dan miedo, en la piscina, si me da miedo tirarme de la banqueta, me tiro una y otra vez y me regaño para tirarme con los ojos abiertos. La piscina es un lugar seguro para mí y tengo la teoría que al superar el terror en estas pequeñas cosas, me ayuda a superar el miedo en las cosas de la vida.

Nadar ayudó a controlar mis ataques de ansiedad. Me protegió de la agresividad de un cáncer. Le generó electricidad a una cámara del corazón. Me ha levantado de muchas tristezas. Me ha sacado de muchas tensiones. Me activó las endorfinas tanto, que me hace falta si no lo hago y me siento añeja aunque me bañe a diario.

Para el torneo nacional, me apunté cautelosamente en 3 pruebas, una por día. Luego escuché que si participaba en más aumentaba el puntaje del club y me apunté a dos más. Me sentía muy tranquila con la idea, porque los profes me habían insistido en que no iba a ganar, era apenas a vivir la experiencia y fijar mis tiempos iniciales y que se ahí en adelante, empezaba el trabajo de ganarle a mi tiempo.  Terminé nadando 9, 5 individuales y 4 relevos.  

No me estresé los días antes, hasta que llegué a la primera noche de competencias y empecé a sudar como si tuviera calentura. Llegó el momento de calentar y sin pensarlo, me tiré desde una banqueta altísima. Una y otra vez, a una piscina de 8 carriles, oscura y tan diferente a la piscina que se siente como la mía.

Participar en estas cosas es un ajuste en el eje de la realidad que uno vive. Yo llegué sin miedo y cuando estaba ahí me asusté. Era de noche y yo no tenía anteojos transparentes, los míos eran polarizados. Llegué convencida que lo importante era participar, ir a mi ritmo, fijar mis primeros tiempos, pero me sentí muy mal de llegar de última en cada heat, con un efecto inverso de Katie Ledecky: mientras ella esperaba a las demás en las Olimpiadas, todas las demás me esperaban a mí.

Ledecky_4.0

Durante los tres días, me pasó de todo: en los 50 de dorso, cuando entré a la piscina me fui hasta el fondo y caí de culo, en los 100 metros pecho se me corrieron los anteojos y casi me pasó de carril antes de tocar al final, sino es porque una compañera me gritó y logré enfocarme. En los 50 dorso, pegué contra ambas carrileras. Un par de veces me tambalié horrible en la banqueta. Todas las veces me costó subirme. Me llevé bastantes panzazos. Los dos 50 de libre fueron una tragedia lenta nadados a ciegas, después de un 200 pecho que me dejó sin piernas y bastante mareada.

Me costó un mundo ponerme un vestido de baño seco después de calentar. Me veo re gorda en todas las fotos, probablemente porque lo estoy.  En dos relevos, participé con mi hermana menor en el mismo equipo. Una persona desconocida me dio ánimos, seguro porque me vio con cara de loca. Tenía que salirme de la piscina boqueando, sin oportunidad de hacer mis acostumbradas burbujas.  Comí un montón, todo muy sano, cada vez que me acordaba.

En cierta forma, un torneo es como aprender qué es lo que uno necesita para el invierno. Yo descubrí que me entra el frío por los pies y que me tengo que poner medias. Que necesito pantalones calientes y frescos. Que ocupo una maleta para llevar ojalá cuatro paños secos porque me queda empapado. Que  las sandalias, la lonchera, el agua y un libro son indispensables. Que no puedo usar crocs porque ocupan mucho espacio en el bulto. Que hay sillas plegables, pero que hay unas reclinables, con almohada, con cajita términa, bolsa para chunches y que se cargan como salveque.

En medio del campamento de refugiados mientras esperábamos nuestros turnos, hice mis cálculos de todo lo que quiero para la próxima: un sleeping bag decente, un catre de acampar, una especie de carpa de tele que se llama dry robe. Audífonos como los de Phelps. Pila para el celular.

Me pregunto en cuál categoría de gente entro yo, porque en estos torneos se ve de todo: la gente que anda semidesnuda por todo lado, deseando que todos los vean, con cuerpos perfectos. Las chavalas que se ven como el equipo de natación de Alemania Oriental o delgadas, sin cadera, super fit. La gente super picada que solo participa en lo que puede ganar. La gente pesada de apellidos rimbombantes, que se sientan por aparte y solo hablan entre ellos.  La super élite, con tiempos a segundos de los records olímpicos. La gente mayor, algunos caminando con bastones, gente de 78, 80 años, que siguen nadando y a los que todos les aplauden. Gente temerosa que solo participa en dos o tres eventos con tal de no exponerse a perder y gente imprudente, como yo, que se metió a todo lo que le daba.

Y la gente de mi equipo, todos mucho más rápidos que yo, todos con experiencia internacional, muchos de ellos nadadores desde la infancia o la adolescencia, impulsándonos, animándonos, apoyándonos, haciendo porras, felicitándonos, diciéndonos campeones, dándonos consejos y recomendaciones, tratándonos como iguales y haciéndonos sentir mucho más seguros y acompañados. Tratando de estar presentes cuando nada alguno de nosotros, esperándonos a la salida, felicitándonos por completar la prueba, con besos, abrazos y sonrisas.  Mis profes, siempre pendientes, siempre gritando los nombres de cada uno, dando instrucciones: vaya tranquila, cuidado se cae, ese pie está muy adelante, salga en flecha, tomando tiempos, sonriendo, teniéndonos presentes.

A mucha gente le expliqué porqué mi gorra dice Un Nadador Shaolín. Les hablé de Kung Fu, de los monjes shaolín, del concepto zen, de la filosofía que he encontrado al atravesar cada piscina. De cómo para mí es una forma de meditar y de cómo nadar tiene, al menos para mí, enseñanzas para la vida. Un Nadador Shaolín puede clavarse sin salpicar, nadar sin ser visto, hacerlo siempre con técnica, sin dejar de patear hasta el último momento. El arte es la práctica repetida hasta llevarla a la perfeccción. Según yo, todo muy profundo, pero el efecto real, me temo, es que Shaolín podría fácilmente convertirse en mi nuevo apodo acuático.  Y no puedo decir que me molesta.

Me llama la atención de que nadie gana estos campeonatos, porque se hacen por categoría. Entonces, aunque llegue de última en el heat, perfectamente podría quedar en primer lugar en mi grupo, que desestructura un poco el concepto de competencia. Por un momento pensé que las medallas eran como las que se dan en los festivales deportivos de colegios privados o en las carreras, donde le dan una a cada uno solo por participar. Aquí premian a los primeros 8 lugares, así que las reparten con bastante liberalidad, pero dependiendo de los tiempos.  Las entregan en paquetes y yo misma ayudé a repartir por todo lado, como un enano de Santa en parka.  Nunca pregunté por mis tiempos. Los que supe, fue por verlos en una medalla y después en una app especial para freakies de la nadada.

Yo no sabía que casi nadie quiere nadar 200 pecho porque se supone que es muy dura. No sé si más o menos que el 200 mariposa, pero sí lo suficiente para que la gente le tenga miedo.  Solo hubo un heat y llegué de 2do lugar, porque solo participamos dos en mi categoría. Técnicamente, ¡eso me convierte en sub campeona nacional de 200 metros pecho!

Duré casi el doble que el primer lugar, pero no me desmayé, no tuve que parar, ni me descalificaron ni lo hice tan mal. Como me tomó tanto tiempo un juez caminaba a la par mía, vigilando que tocara bien, que hiciera la patada de pecho todo el tiempo. Sentí que me moría por ratos y traté de ir cantando o pensando en otra cosa y así logré terminar.

Hace dos años empecé a soñar con la posibilidad de ir al Mundial de Masters de Budapest, como una fantasía. Hace dos años me operaron y tuve que empezar a nadar casi de cero. Aprendí a nadar pecho, superé una lesión del hombro, estoy aprendiendo a dar vuelta, he hecho hasta 20 velocidades en un entrenamiento, me levanto temprano para ir a nadar, me lesiono de las formas más raras y luego regreso, me tiro de la banqueta, dejé de tenerle miedo a los gritos de los entrenadores y las regañadas y aunque sigo nadando en el carril uno, no me desanimo. Algo me cambió en el cerebro y yo solo quiero seguir nadando.

Mientras escribo, me estoy poniendo electricidad en un hombro que siento muy cargado, no siento las piernas, me encontré muchos moretes que no sé cómo me hice, estoy deseando irme a meter a la cama, hecha un puñito tibio. Siento como si hubiera nadado 3500 metros cada uno de estos tres días y no creo que en total superar los 600 en tres días.

Francisco Rivas me felicitó, me dijo que lo hice muy bien, muy bonito y de la importancia de este primer paso, de animarse, literalmente, de tirarse al agua. No quepo de la alegría de pensar que me dieron veintidós puntos, cuatro medallas, una por cada uno de los profes que hicieron realidad el sueño de aquella chiquita que sufría horrores cada vez que tenía educación física, con tanto problema de coordinación, tan poca habilidad, tan poca resistencia física, pero que podía pasar 20 horas al día en una piscina jugando a ser una sirenita.

 

All

Google+TwitterPinterestFacebook

6 gotas de lluvia en “El debut de Un Nadador Shaolín”

  1. María Teresa dice:

    ¡Felicidades por mil, sirenota! Leo esto y tengo todas las respuestas y más. ¡Qué personaje tan singular sos! De veras me pregunto de dónde saliste y qué pena que no podamos rastrear los ancestros de tu padre. Porque, desde luego, no sos cartaga…
    Me han mandao a nadar mil veces por la hernia y los 16 problemas de salud que contabiliza mi oncóloga y les digo que estuve tres meses en una piscina y no aprendí nada (y a nadie le importó), pero te leo y siento un poco de verüenza. Tuve los mismos problemas en educación física, pero me apegué a ese mensaje (o estigma) y ahí me quedé.
    Por eso me asombra tanto cada cosa que hacés y consignas, con esa habilidad para reírte de vos misma y ese manejo increíble del lenguaje.

    ¡FELICIDADES! ¡FELICIDADES! ¡FELICIDADES!

  2. Marta Monge Marín dice:

    Ale! Se me aguaron los ojos. Qué bien dicho todo. Sos una Nadadora extraordinaria, porque tenés los más importante: pasión.

  3. Pao dice:

    Demasiado carga! A mí me da pánico escénico y nunca aprendí a clavarme bien! Sos una campeona… y no sólo por esto, sino por muchas cosas más! Me siento súper orgullosa de vos!!

  4. Gabriela dice:

    Qué lindo. ¡Bien por ti!

  5. Sonnytico dice:

    Que delicia de lectura, que digo que se me hizo un nudo en la garganta, a mi se me hizo un nido porque se me subieron los “guebos” a la garganta. Gracias Ale por compartir con todos nosotros tu amistad tan real. Dios primero nos vemos en Fort Laudarde EEUU, me sentiría muy orgullosa de volver a vivir esta nueva experiencia con vos.-

  6. Eugenia Gutiérrez dice:

    Ale! Qué lindo escribís! Me encantó! Me pegué una gran llorada! Muchas felicidades a mi compañerita de carril! Qué valiente! Y no te preocupés por llegar de ultima, porque ese puesto lo tengo reservado yo en el carril uno! 🏊🏊

Y vos, ¿qué pensás?