Mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las anchas alamedas por donde pase el hombre libre para construir una sociedad mejor.

Yo! Toh-ny! o Disturbingly Soprano…

Cuando Tony Soprano me empezó a parecer atractivo, lo oculté como corresponde a algo vergonzante. Intenté, con todos los mecanismos de defensa, erradicarlo, negarlo, racionalizarlo, bloquearlo, proyectarlo. De nada sirvieron. Y es que Tony tiene algo. No el actor, James Gandolfini. Es Tony. Tony Soprano tiene algo.

Hace unos meses, en un programa gringo con Gandolfini como invitado- pero en su condición de Tony- dos de las actrices verbalizaron mis sentimientos en conflicto: Tony Soprano resulta peligrosa y oscuramente atractivo, aun cuando está haciendo el ridículo en un programa cómico. Me identifiqué por completo. Esa fue la señal divina que 150 millones de gringas y su suscrita servidora, no podíamos estar equivocadas. O si no, todas coincidimos en el mal gusto ordinario. Que levanten la mano por favor las que les pasa lo mismo.

Y es que una requiere esa confirmación, porque viéndolo objetivamente, Tony dista mucho de ser guapo en el sentido más aceptado, evidente y objetivo de la palabra. A Tony le sobra peso (mucho), le falta pelo (bastante) carece de cholle y estilo (como lo demuestra la esclava de oro de la muñeca, algunas camisas y la forma de hablar), es medio perro (nada nuevo…, agravado por no es picaflor, es de andar con putas) y con cierta tendencia a ser duro (por no decir violento, carepicha o salvaje). A la vez, tiene su lado tierno y suavecito, como esos cariñitos con los patos del patio o con su díscolo y heroinómano sobrino. Uno diría que lleva las de perder. Pero no hay que estar tan seguro. Para más de una, entre Brad Pitt y Tony, gana Soprano. El machillo está lindo. Pero nada más. Para esa gracia, mejor me consigo un lindo e inofensivo gatito. Vendría a ser lo mismo.

La confirmación más reciente de ese extraño efecto es la portada de abril de Vanity Fair. Yo la vi en una tienda y tuve que parar, entrar y agarrar la revista con las dos manos. Me entró además una urgencia como de comprarla y me sorprendí sonriendo sola con un dejo, según yo, de femme fatale. Al admirar la foto, sentí que estaba haciendo algo muy privado, en público. Una sensación fuerte, intensa y poco frecuente. Hubo además un connato de respiración y pulso acelerados, aparecieron gotitas de sudor incipientes en la frente y me ruboricé notablemente. Yo quería ser esa macha. Con patas sin celulitis. Esos zapatos tan lindos. Claro, que si hubiera sido yo la de la foto, salgo mordiéndole el pescuezo y agarrándole algo más, para afianzarme. O sea, hice el papelómetro.

Vineando en la red, me encontré que la famosa portada ha causado revuelo. Han dicho de todo, que la foto es machista, que muestra a Tony como un hombre que solo usa a las mujeres, que le niega la personalidad a la modelo que sale con él (que por cierto es la que hacía el papel de Adriana, la novia de Christopher y es gay), que se nota, por la fuerza con la que la agarra, que luego va a hacer algo violento, que es una celebración del macho, que Susan Sontag (que fue pareja de Annie Liebowitz, la fotógrafa ) le daría un soponcio con esa foto, que es discriminatoria, que esto, que lo otro, que aquí que allá.

Que hablen todo lo que les de la gana. A mí la foto me encanta y ando viendo cómo me compro el original de la revista. Me parece que retrata la esencia del lado oscuro de un patán que sabe que ni siquiera hace falta disimularlo, que así de crudo le sobra y basta y que sabe que gusta. Que subsiste, en las mujeres, la necesidad antropológica, milenaria, innecesaria de tener un macho muy macho al lado. Pero que, a la vez, eso suele ser solo una impresión meramente primaria. Jugar a ser puta debe ser divertido en una aventura peligrosona, o en un levantín, o en una ocasión especial o caprichosa. Debe ser espantoso que te traten como una percanta las veinticuatro horas del día. Yo me apunto más a aquello que decía el Che, de que hay que ser duro, sin perder jamás la ternura.

También sé que si no fuera por el Antídoto, a mí Tony Soprano me pide ser su goomara (su amante. Es que hablo mafiosi con alguna fluidez. Un dato que lo demuestra (de esos que no sirven para nada salvo para robar espacio en las células del cerebro): Mafia significa Muerta a Francia Italia anhela. Ven?) o me hace una arrimis con atisbos de riesgo, o siquiera me alza a ver, no habría terminado de preguntarme nada cuando ya yo me estaría sacando la camiseta, revisando, por aquello, que ande calzonillos sexapilosos (con elástico y tela en buen estado) y saboreándome como el lobo de los cuentos.

Por todo lo anterior, Tony Soprano merece el título de riesgo inminente de infidelidad, con mínimas posibilidades de concretarse. Bien dice el Comandante que la esperanza es lo último que se adquiere. A menos, claro, que en un viaje de estos míos de frequent flyer… una nunca sabe!!

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7 gotas de lluvia en “Yo! Toh-ny! o Disturbingly Soprano…”

  1. itzpapalotl dice:

    Jajajaja. Yo tengo la revista!! Te la pongo en el correo si me mandás una dirección en el mundo real 🙂

  2. Julia Ardón dice:

    pues a mi también me da risa este círculo de cuatro…
    jajjajajaj

  3. furia dice:

    pues te tengo que confesar que me encanta ese señor. sobre todo cuando llora en la consulta, jeje. me dan ganas de darle un pellizco en el cachete…

  4. marcelo dice:

    Mi teoría seguirá siendo que en tanto los Tony de este mundo no abran la boca, ni cuenta se darían que existen …

  5. Heriberto dice:

    Es que ya lo dijo la Dra.Melphi o algún otro personaje femenino (Tony sí es un gran picaflor, en eso discrepo con vos) “Tony es un macho alfa”; eso puede explicar mucho el atractivo entre las mujeres. Por otro lado hay que ver el gran magnetismo de Gandolfini, el actor.

  6. www.lafotosaliomovida.com dice:

    Sposa Son Disprezzata, voz de Cecilia Bartoli, mientras se te acerca en el “uno nunca sabe”. Jejeje.

  7. tetrabrik dice:

    nunca he visto la serie pero qué bueno ser el de esa foto de vanity fair

Y vos, ¿qué pensás?