Mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las anchas alamedas por donde pase el hombre libre para construir una sociedad mejor.

¿De quién chon?

El otro día, por joder, le contaba al Patán que Marcelo me había prohibido andarle enseñando a todo el mundo mis nuevas tetas. Pensé que le iba a caer inmediatamente que era una broma. Pero no. Hubo un silencio asesino en el teléfono y, después, una cagada como si de verdad fuera mi tata “¡Claro que tiene razón! ¿Cómo se te ocurre que vas a andar enseñando las tetas? ¿Vos estás loca? ¡Es de matarte!  ¡Ma-e, huevón! (me dice huevón cuando se enoja), ¿cómo se te ocurre?  ¡Por la gran puta, son TUS TETAS!”

¿Lo son?

Parte del problema es que no las siento como mías. Me las veo en el espejo todos los días, tres veces, para cada curación y aun no me acostumbro a pensar que eso que veo sea yo. No se sienten igual. No se mueven igual. Pesan más. La dinámica del cuerpo cambió. A veces me estorban para ciertos movimientos laterales que me hacen pensar que tendrá que modificar levemente la brazada del chapoteo. No hay un momento del día en que no tenga conciencia plena de que están ahí. Hay días en que es desgastante

Mi cerebro aun no registra esta nueva imagen mental y hasta la rechaza, aunque con cada día que pasa se vean más normales. El primer día que me vi el pecho izquierdo sin esparadrapos, sentí un hueco en el estómago cuando vi una cicatriz como una falla geológica atravesándome el pezón y tuve que llorar un rato hasta calmarme. Creo que es la primera vez en la vida en que le pongo tanta atención a las tetas de alguien, específicamente a las mías.

No sé qué pasará cuando me quiten el esparadrapo del pecho derecho, que fue irradiado.  Como la irradiación es una forma de quemar el cuerpo, el pezón tiene un granito persistente y necio que amenaza con dejarme totalmente despigmentado el pezón, que siempre fue café, casi púrpura.  Me dicen que si pasa- porque todavía no sabemos si pasa, pueden pasar hasta seis meses para saber si pasa- podría hacerme un tatuaje para que se vea normal.

Cuando una crece escondida en la gaveta de inteligente, pero con la etiqueta de fea, tener algo bonito se convierte en su secreto muy preciado y perderlo, de repente, como amenaza ocurrir con mi pezón izquierdo, es como que te lo arrebaten con violencia y una sabe que se va y no vuelve y duele. Hasta que pensás que todo pudo ser peor y que te salvaste de un cáncer y aun así- porque así son de superficiales las vanidades- te sigue doliendo y no termina de ser consuelo.

Aun así, no entiendo la obsesión con la normalidad. Pero la tengo. Si veo en internet una mujer con el torso desnudo trato de ver si tiene o no implantes y si me parece groseramente evidente la huella del cirujano, le pido a Marcelo que lo analice y me diga la verdad: si yo me veo así de construida, así de Barbie, con esa perfección y esa redondez tan falsa.  Y no soy solo yo. Parte de la recuperación conlleva unos masajes en los pechos para terminar de darle forma más natural a los implantes.

Es como cuando uno tiene un atraso y empieza a ver bebés y mujeres embarazadas por otras partes.  Tengo la alerta encendida para tetas falsas en todas las fotos de material gráfico que veo y para todas las noticias de cáncer y de repente siento que me están rodeando.  Me siento al borde de la ofensa personal cuando oigo a alguien decir que fulana tiene tetas falsas. Yo también. Pero por alguna razón me resisto a pesar que son falsas y quiera poder decir que son mías, si así las sintiera, pero no todavía.

Mis implantes no son redondos porque la doctora me dijo que eso se vería como dos huevos fritos o dos esferas. Tienen forma de gota y poco a poco se van acomodando. Me dijo además, que si quería, nunca más tendría que usar brassiere y si quería usarlo, sería copa c. COPA C, bitches! Digo, considerando que fue por años 32A y que ya he vivido eso de poder andar sin brassiere sin preocuparme de nada. Ahora que murió Joan Rivers, la reina de la cirugía plástica y me puse a ver videos de sus presentaciones, vi cómo se ven a ver mis tetas cuando tenga 84 años: exactamente igual que como se ven ahora.

Me dan mucho calor. No sé si es el material del que están hechos los implantes o porque tengo que usar un top especial, como de correr, de lycra, 24 horas al día. Pero me dan mucho calor.  Aun se sienten, en un porcentaje muy grande, que están dormidas.  Cada día un poco menos, porque la regeneración de la piel, me pica. Porque me arde cuando me pongo las cremas o me ponen alcohol. Porque siento la aguja de la jeringa cuando me sacan líquido. Yo digo “¡Auuu!” y la doctora me dice “Increíble cómo está recuperando sensibilidad tan rápido”. De hecho, es lo más sensibles que han estado nunca.

Cuando lo pienso, no tengo problema con enseñarle al que quiera ver cómo quedaron. Digo, si lo que hubieran puesto hubiera sido un dedito meñique biónico, se lo estaría enseñando a todo el mundo. Si fuera una maravilla quita y pon de la tecnología, se lo prestaría a todos y lo andaría ofreciendo, porque sé que genera muchísima curiosidad.

Sobre todo en los hombres. A las mujeres parece no importarles tanto y nada más me preguntan cómo las siento y cómo me siento. Pero al volver a trabajar, como todos en mi oficina saben, es evidente como todos, hasta los más cercanos y más queridos, hacen un esfuerzo por no verme directo al pecho y aun así, los ojos se les van… como si anduviera desnuda y no con el top y encima del top, una blusa.

Lo que me lleva al tema de cómo vestirme de ahora en adelante. Nunca fui de usar escotes y mucho menos ropa pegada al cuerpo.  Desde siempre he tenido un severo déficit de estrógeno. De niña, quería ser hombre y los jeans, las tennis y las camisetas son siempre la elección favorita. Mi mamá siempre se quejó de la evidente ausencia de femineidad en mi comportamiento, porque ni carteritas, ni muñecas, ni vestidos, ni jueguitos de trastos, ni princesas, ni rosados. Ni maquillaje, ni pinturas de uñas, ni tacones, ni vestidos. Ni salones de belleza, ni preocupaciones típica o estereotipadamente de chicas.

Sé que hay gente que no pierde oportunidad de mostrarlas y hasta las anda decorando con escarchas.  Ahora tengo el dilema de si enseñarlas o no al mundo y forzar un cambio en mi identidad como el que implica andar mostrando las tetas con ropa diseñada para eso o abriendo otros botones.  Pero a la vez, ¿porqué no, si ni siquiera las siento propias?¿Porqué no si es mi propio cuerpo, mi desnudez? ¿Porqué no, si me da la gana?

Me dicen que curiosamente, esa sensación de cuerpo extraño la comparto con los transplantados. Si bien todos muy agradecidos por la cirugía y por recuperar la salud, ambas poblaciones sentimos que llevamos algo adentro que no es nuestro. Me pregunto si la gente que tiene platinas, tornillos, stents, marcapasos siente lo mismo.  Es como un sub departamento muy especializado de la conciencia del cuerpo.

El Dr.M, querido amigo médico, me examinó el otro día y me dijo que quedarían perfectas. Que lo mío había sido in sensible upgrade, sin contar la oportunidad y la suerte única que me había dado la vida. 1 de cada 12 mujeres en Costa Rica tendrán cáncer de mama. Una en un millón se lo encuentran en el estado en que me lo encontraron a mí. Yo fui esa una.

Igual, él dice que van a quedar de aplauso. El Patán, que no tiene empacho en quedarse viendo pero sí se enferma cuando lo vacilo diciéndole que las ando enseñando, dice que están perfectas.

Ellos me animan para el performance que estoy planeando. Cuando me den de alta, quiero darle la vuelta a la UCR corriendo topless, con capa de mujer maravilla, brazaletes y diadema. Ya verifiqué que eso no es un delito. Será a las cinco y treinta de la mañana, porque tampoco quiero atraer multitudes.  Reclutaré fotógrafo para tan tetánico evento. Marce me acompañará en caso de despiche. Tengo que acordarme de llevar mi certificado médico en alguna bolsita plástica.

Si alguien me para, le diré que vaya a detener a todos los maes que también corren sin camisa. Lo mío no es un acto contra la moral ni el orden público: es una demostración de los maravillosos avances de la ciencia. Yo quiero correr sin camisa por la UCR en lugar de ir a correr con las gordas de rosado todos los domingos de octubre en La Sabana. Además, lo mío es una forma más original de llamar la atención hacia algo todavía tan oculto como es el cáncer de mama.  Si quedarán tan magníficas como se presume, de ovación de pie y todo, tendré que vender los campos alrededor de mi recorrido universitario para el día del japenin’.

¿Mías? Really? Todavía no me lo creo.

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4 gotas de lluvia en “¿De quién chon?”

  1. Hilda dice:

    me apunto de fotógrafa el día del perfomance, queridísima mujer maravilla!

  2. Gabriela dice:

    Ahora sé que la Mujer Maravilla es real y no un personaje de historieta que vuela en un avión invisible.
    No te compares con esas mujeres que se someten a cirugías de senos por vanidad. Lo tuyo es completamente diferente. ¿Recuerdas esa parte de la Desiderata? “Si te comparas con los demás, te volverás vano y amargado pues siempre habrá gente más grande y más pequeña que tú”.
    Saludos desde Lima.

  3. Mariel dice:

    Estoy enamorada de vos desde tiempos inmemorables, su manera de escribir me hace sentir como si fuéramos mejores amigas. Desde ya doy la ovación de pie, por todo lo que he visto que has pasado. Increíble la fuerza que tenes. Estaría en primera fila apoyando a la Mujer Maravilla.

  4. Ana Javier Quintero dice:

    La curiosidad mato al gato, y cuál vil stocker, indague hasta encontrar esto “el famoso blog de Ale montiel”. Sus tetas, la grata y desafiante oportunidad de generar controversia dentro de nuestra querida alma mater me dieron la bienvenida y me parecio delirante, primer post -check-. Status: susto, cara de asombro, o ¿Really? esas palabras salieron de Alejandra Montiel. Mantengo lo dicho alguna vez el merito de la trasnparencia no tiene limites.

Y vos, ¿qué pensás?