Mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las anchas alamedas por donde pase el hombre libre para construir una sociedad mejor.

Santiago, clase turista

A las 6 de la mañana, me despierta un temblor. En la inconciencia quiero ponerme las tennis y salir, como siempre, a los gritos despavoridos. El Antídoto me sostiene. Estamos en un cuarto piso, doble puerta, 4 cerraduras. La tele dice que estamos de suerte: hay dos enjambres sísmicos simultáneos y llaman a todos a la calma.

Cuando digo que aquí yo no me pierdo, rajo. No vivo sin un mapa. Llegar a cualquier parte me toma recorrer las mismas tres cuadras cuatro veces, pasarme un kilómetro de la parada. Poco a poco. Al menos me ubico.

Decidimos hacer turismo como cualquier hijo de vecino. La casa de Neruda, la Chascona, cierra justo cuando llegamos, sudados y agotados, a refugiarnos entre su colección de mascarones, conchas y botellas.

Tips para futuras empresas: en el Juan Santamaría deberían haber panfletos de las ferias, exposiciones, lecturas, teatro, arte callejero para turistas como yo, que pasan lamentándose de todo lo que ocurrió este fin de semana sin que yo me diera ni media migaja de cuenta. Sería un negociazo. Eso y poner internet cafés a precio de Manhattan en lugares frecuentados por turistas. Alguien se apunta al financiamiento?

Bellavista es una versión de Barrio Otoya, con sus casas viejas hoy restaurantes. Nosotros hemos pecado como pueblo al permitir la destrucción de lo único bonito que tenía San José: las casas viejas. Hay una plaza de artesanías, el Patio bellavista, con precios para salarios en Euros. Ahí, aunque me muera del dolor de billetera, no me agarran comprando.

Nos regalan tiquetes para un bus panorámico de toda la ciudad. No tiene techo. Ahora parezco que vengo llegando del caribe, eso más mi acento exótico, me convierten en una auténtica extravaganza.

Almorzamos en el mercado. El Antídoto se ha transformado, desde que mostró el pasaporte, en un conneiusseur del asunto. Adoptó el acentro, las palabrillas, decida algunas calles, y para comer donde se ve bueno. Los precios no son de mercado. Son de retaurante 5 estrellas. ´Vale que no soy yo la que pago.

El bus panorámico nos lleva por todas partes. Frente la Moneda, me muestra los lugares desde donde el ejército le disparó a Allende. Tiene unos 20 años, el guía, pero me dice, muy serio “La imagen de la Moneda en llamas está grabada con fuego en la retina de la memoria del pueblo chileno”, “americano- lo corrijo- americano”.

Pasamos por el antiguo Barrio Alto. Es lindo, pero podrido. Por mì que todas esas casas se vengan al suelo.

Finalmente, el Barrio Lastarria. Alternativo, distinto, hip, gay friendly. Eso sí, solo 5 cuadras.

Mañana tengo cita importante de negocios, de esas que de lanzada llamè, pedí que me atendiran, me dijeron que sí y aquí me tienen. El viernes, estamos invitados a TV CHile, por aquello de mi cuentito.

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