Mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las anchas alamedas por donde pase el hombre libre para construir una sociedad mejor.

De plácemes

Fuser está de plácemes. Ya lleva un añito de andar dando guerra por este mundo, destruyendo bolsas de basura, ladrándole a cuanto perro o persona osa acercarse a su feliz, orgullosa y conmovida dueña, destruyendo jardines, destrozando almohadas y libros ajenos, y enemigo jurado de los pafaritos que visitan el patio.

Aquí se le aprecia en su retrato oficial de 1 añito. Convenientemente retenido a la fuerza para evitar fotos movidas.

Ha resultado harto útil para llevar al borde de un infarto a los molestos señores del ejército de salvación que en los semáforos de mi barrio insisten en bendecirme cuando les hago ojos de trueno y me niego tercamente a la colaborada. Gracias a mi perrito, los he podido ver encaramados en el poste de luz más cercano, aterrorizados de terminar de palillo de dientes de mi bebé y faltando a su llamado mandándome a la mierda.

Fuser ha pasado de ser un casi peluche simpático y matón a tener el tamaño de un ternero, pero con la misma simpaticura y matonez del primer día. Tiene una pinta envidiable que ya se deseara más de uno que conozco. Veo otros perros y pienso “Pobres! No son ni la mitad de lindos que mi Zuzú!”. Es un papucho, aunque sea poco elegante que sea yo la que lo diga. Me siento casi como la madre aquella de los Polivoces que le decía a su hijito mientras él se veía en el espejo: “Guapo! Divino! Sireno moreno! Hijo de los dioses!” y él contestaba “ecuánime madre, ecuánime” :

La feliz pareja madre-hijo que les comentaba. Ella está pensando: Hijazo de mi vidaza!

Pues a pesar de sus look mataores que si fuera hombre a escobazos le tendría que andar espantando a las zorras arrastradas que sin duda se agolparían en mi portón, Tito (Fuser, en uno de sus tantos nombres de cariño) aun no sabe para que le sirve la pipí. Se mantiene virgen y mártir salvo por ese affair relámpago con el almohadón de la sala con el que vuelve, supongo, cuando siente esas urgencias tan incompatibles con su estado de niñez perruna.

Fuser se sigue tratando de esconder bajo mis piernas aunque le queda todo el cuerpo afuera. Se me tira encima como si aterrizar en mis brazos y no los dos en el suelo en una relación a lo Dino-Pedro Picapiedra. Salimos a caminar y él me arrastra con su fuerza de toro y me lleva corriendo atrás de él. Se sube a mi cama por ratos en las noches y al igual que cuando era un bebé, cuando me enfermo él no se mueve de mi lado hasta que me ve con otra cara, chupándome la mano de vez en cuando para hacerme sentir que está ahí conmigo.

Adora jugar con una bola a que uno lo persiga y trate de quitársela. Cuando está contento, brinca como con conejito gigante. Le tiene miedo a un poster de Einstein que le cayó encima de muy pequeño. Nunca llora, por nada. Hace ladridos que suenan a renegadera cuando se le regaña y aunque se sienta, se acuesta y camina cuando escucha la orden, es imposible que venga o acuda a mi llamado a menos que a su majestad el ronque la cola o le venga en gana.

Ayer tuvo su chequeo en el pediatra. Ya su problema de cadera está casi superado. Mi perro será apto para reproducción y tendremos nietos en cuatro patas, peludos, cariñosos y guapos como él. No hay que sacrificarlo. Le hicieron la prueba del balazo y ni se inmutó. Me dijo el pediatra que lo lleve a exponer porque en la de menos gana el primer lugar de Mr. Pastor Alemán… se enterarán ustedes por la página que saldría en La Nación comentando tan feliz acontecimiento.

Fuser vino a llenar un enorme vacío en mi vida. Llevaba yo más de 20 años sin permitirme tener un perro, ni quererlo, ni chinearlo, ni hablarle ni cantarle canciones tontas o comprarle juguetitos. Hace más de 20 años años tuve a una perrita espantosa y enana, con look de murciélago que se llamaba Candy.

Volví de la escuela y no la encontré. La busqué por todas partes y lloré. Cuando Ella llegó en la noche, me dijo:

Ya no está. Me dijo que ya no te quería y que se iba a vivir a otra casa. Además estaba enferma y se quería morir en otro lugar que no fuera aquí. Al mediodía la fui a dejar”

Yo me quedé muda. Si hubiera tenido al lado a un traductor simultáneo de lo que Ella me decía, hubiera entendido lo que Ella me/se estaba tratando de decir:

“Creo que ya no me quiere. Me casé con él y ahora dice que se quiere ir a vivir a otra casa, con otra mujer. Me siento enferma y si no fuera por usted y porque no quiero seguir llorando, me echaría a morir”

Desde Candy, le había cerrado la puerta a los perros. Me había negado a la posibilidad de sentir cariño por un animalito. Me engañé diciendo que no me gustaban y disfracé el dolor de un asco que nunca sentí en realidad. Evitaba, de forma consciente e intencional, tocarlos, tenerlos cerca o verlos, para ni siquiera correr el riesgo de encariñarme de una bolita de pelos de cuatro patas que luego quisiera irse a vivir lejos de mí.

Fuser me devolvió una sensibilidad importante, una parte de mí, que a decir verdad, ya me estaba haciendo falta.

Nota de Sole: Hay sentimientos encontrados, lo reconozco. Un perro chineado en un mundo donde hay niños que mueren de hambre no tiene razón de ser. Que coman alimento y duerman en camitas mientras los otros no tienen que comer y duermen donde los ataja la noche es una absoluta injusticia. Pero yo nunca dije que yo fuera congruente en todo. Ya quisiera.

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8 gotas de lluvia en “De plácemes”

  1. marcelo dice:

    ¡Guau, guau! (“feliz cumpleaños” en perro, del diccionario perro-español, español-perro disponible en su abastecedor más cercano)

    Y ¡guau! para la feliz dueña también.

  2. Sirena dice:

    Yo imaginaba a Fuser como un perrito pequeñito, así tipo schnauzer… pero es todo un macho!!!!! Decile que guau, guau (bueno, espero que Marcelo no me embarque a decirle otra cosa) y que pronto su mamá lo dejará perder la virginidad.

  3. Floriella dice:

    Felicidades a ambos (me guardan queque…)

  4. Sardina albina dice:

    Carta abierta a Fuser:

    Fuser, temo decirte que a tu año de edad hay ciertos comportamientos que, si bien tu madre los tolera, no los tolera la sociedad. Sí, es duro crecer, pero con las virtudes de poder olfatear traseros ajenos a tu entera discreción vienen grandes responsabilidades. Eso es madurar. Así que por favor reprimí tu necesidad de destruir la bolsa de basura. Es un impuslo pueril (o más bien cachorril), aceptalo. Ladrarle a otros perros es una necesidad infantil (cachorril, perdón) de llamar la atención. A tu año de edad tenés que entender tu lugar en el mundo. Comerte la chancleta KamLung de mamá es un recordatorio de que necesita un par nuevo, enterrar un hueso es un acto de madurez, pues guardás para mañana lo que no necesitás comerte hoy. Morder al cartero es un acto de desobediencia civil. Eso son actos de conciencia social, dignos de un perro de un año. Feliz cumpleaños, alejate del queque, a tu edad el azúcar te hace daño.

  5. tugocr dice:

    Ya a esa edad hay que ir encontrandole “amiguita” por aquello de que se eduque Bien. si quieres te lo llevo a dar una vueltita.

  6. Humo en tus ojos dice:

    veo que andamos celebrosos por aqui… felicidades a Fus y a Sole por haberse dado el chance, y no, no tenes necesidad de recriminarte los chineitos del spoiled dog… ninguno de nosotros es 100porciento coherente!!!!!

  7. Maria dice:

    Pero que lindo Fuser, es el vivo retrato de su madre, espero que tenga todas las vacunas al día.

    Felicidades al retoño y su orgullosa madre….

  8. yuré dice:

    Puf! Se nota que eres “álgida de corazón y altura” pues según dices el can es tamaño ternero y a tu lado (en la foto) más parece pequinés. // Si alguna vez te visito y me dejas pasar la noche en tu sofá, señálame con antelación el cojín amatorio del Fuser, para no reposar mi inocente mollera en su amante improvisada.

Y vos, ¿qué pensás?