Mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las anchas alamedas por donde pase el hombre libre para construir una sociedad mejor.

Muelle Vergara

Hacía frío. Por eso, para mí, es como surrealista aquello. En las playas nunca hace frío. Por lo menos en las playas de mi país. Y hasta ese día, en cualquier otra playa que yo hubiera visto, pero todas las había visto en verano. Esta no. Iniciaba primavera y brillaba el sol blanco y olía el aire a otra cosa, a algo que no conocía y hacía frío. En mi país no hay primavera, ni otoño. Solo verano e invierno. O llueve o no llueve. Pero nunca esto.

Tanto, el frío, que los dos usábamos abrigos. Yo boina y bufanda y guantes incluso, en una mano. Con la otra me sostenía fuerte a él dentro del bolsillo de su abrigo, para que me guiara a través del frío. Tanto, que iba de nariz roja y orejas heladas, las botas gruesas, caminando por la playa, por la arena, vestida de invierno. Me reclama el cuerpo: En la arena se camina descalzo, me dice.

Hacía viento. Mucho. Se me enredaba, rebelde, el pelo en la cara. Me cortaba la piel, me peleaba cada paso, me hacía resistencia, encrespaba al mar helado. El no se enoja con el viento. Le sonríe y el hielo lo abraza. El frío me gusta. Así somos los hombres del frío. Azules y fuertes y solos como ese mar.

Decime, ¿porqué el mar es frío? Donde yo vivo, es tibio.

Caminamos por el muelle. Ese día estaba un poco vacío. Pero cerrabas los ojos y el viento traía las risas de los niños en verano con un helado en la mano. El canto del vendeglobos. La voz de la abuelita que los cuida desde la banca. El beso de los novios. Hoy, están cerradas las tiendas cachureos…
“Chunches” – le digo –“en mi país les decimos chunches a los cachureos”.

Los cafés del muelle, como el olvido, están llenos de memorias de otros tiempos. ¿Te dije que estaba empezando la primavera?

Me dice “Se llama el Muelle Vergara. ¿Te gusta?”

Estoy tan lejos. El está en el centro de su país que es su mundo y que para mí es otro universo. Yo estoy con él y aun no lo creo.

Contame ¿qué se siente crecer en el fin del mundo? ¿Es cierto que aquí es el confín, donde todo se acaba? ¿Cómo era todo cuando había dictadura?

-Te digo si me cuentas de las mariposas amarillas. ¿Cómo son las palmeras en tu país? Dicen que allá la gente se ríe todo el día y se tocan para hablar y bailan esa música. ¿Sabes? A veces siento nostalgia de trópico, nostalgia de ti.

Yo vine por un sueño. Porque recién el sábado fue 11, hace 31 años y fui a la marcha, con la camiseta del Chicho y la foto de Alvaro Duque, detenido desaparecido, en el pecho. Vine a cantar, por todo lo alto, el Venceremos y las consignas. Vine por Víctor y por el Miguel. Vine por la Agrupa y por Gabi. Vine por La Moneda en llamas. Vine por que yo tenía que pisar las calles nuevamente de lo que fue tu capital ensangrentada. Vine por la UP. Y me terminé quedando por vos.

Un milico. Un asesino, me corrige. Entrenado para matar.

No me quiere. Lo sé porque me lo dijo clarito con todas sus letras. Y si me descuido, me lo repite. Tampoco me importa. Pensé que sí me importaría y hasta me sentí mal un minuto e hice la escena acorde. Luego recordé que la vida no era novela y fue cuando me di cuenta y por eso, de verdad, te lo digo en serio, no importa. Basta con esto. Que me diga amor, me tome de la mano, me abrace para dormir y me mienta cariño. Total, yo también le digo amor y entonces jugamos a que yo me creo el cariño de engaño. No importa. Son solo 10 días. Hoy es el número ocho. Te advierto, que a pesar del jueguito, es posible que llore en el aeropuerto y me hagás falta (te eche de menos), y algunos días, te extrañe con fuerza. Porque hay una cosa que no me miente: el deseo.

Hay cosas que se quedan esculpidas en los ojos de la memoria. Como ahora que se apoya en la baranda herrumbre del muelle, con las manos en el vacío, viendo el mar. Gris el abrigo, grises los ojos, gris el cielo (¿Te conté que estaba empezando la primavera?) y la sonrisa a medias. La piel blanca, muy blanca, roja por el frío. Mi color es morena. No trigueña. Es distinto. A veces me dicen negra.

Hay definiciones que no son palabras. Son hechos, son recuerdos. Algo así como esto se debe sentir ser feliz. Me dice que el destino dirá si volvemos a vernos. No le contesto porque tendría que decirle que no se engañe, que eso a lo que le dice destino no es ni enigmático ni incierto. Es lo que hacen los hombres cuando tienen voluntad.

Y el mar. El mar golpeando el muelle. El mar tentando a la playa. El mar muy frío. El mar y el olor a mar y a playa y a él y a éste país. El mar con olas picadas, verdiazules, salpicando de espuma al muelle y a mí, cada vez más seguidas, cada vez más fuertes. El mar enorme e igual. Con el mismo ritmo, la misma cadencia, el mismo son, la misma fuerza, el mismo crescendo de la embestida y de la posesión que se anuncian, que presiento, que me inundan, cuando me dice al oído en voz baja y grave, en las noches o en las madrugadas heladas “Quiero entrar en ti”.

No sé si te dije que estaba empezando la primavera.


mv.

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9 gotas de lluvia en “Muelle Vergara”

  1. Dean CóRnito dice:

    Dos comentarios en uno:

    1) Chica, en Costa Rica no hay verano ni invierno, podés confundir a tus lectores extranjeros. En Costa Rica hay época lluviosa y época seca, con temperatura veraniega todo el año por igual. O como dicen los sudacas que han visitado nuestro país: en Costa Rica hay dos estaciones, la lluviosa y la del tren!

    2) Imagino a “Rudolph the red-nosed reindeer” caminando por las playas de Finisterre en Navidad, el día que se enteró que Santa Claus no existe…

  2. Solentiname dice:

    1) Suave suave que voy a contar a mis lectores extranjeros, a ver mmm… más dos menos cuatro entre raíz cuadrada de 40 me da más o menos 1: Yuré. (jejejejejejeje).

    2) Excelente comparación con uno de mis personajes favoritos de infancia. Pero por cierto, porqué decís que Santa no existe? no sabés que a los chiquitos que dicen eso no les trae nada?

  3. yuré dice:

    Dos llamitas se encendieron para iluminarle el rostro al frío mar que penetra Muelle Vergara.// Cuál playa recorrían los personajes de tu historia: “Acapulco” (sur) o “el sol”? // Me gusta muchísimo tu descripción del mar; adoro cuando las fuerzas naturales más rebeldes se sensualizan.// Sole y Dean, les molesta si cuelgo una foto en mi diario para ustedes sobre esto de Santa Claus? (Dean, aún me estoy riendo por lo que escribiste de Rudolf).

  4. Solentiname dice:

    Era sol…

    Me encantaría ver la foto!

  5. Otrova Gomas dice:

    Sole: no la quiere, la ama. Es que los hombres, incluso aquellos producto de tu imaginación, no lo sabemos decir…

    Y, aunque no es conmigo la cosa, a mí también me gustaría ver la foto. De aquí me voy pa´l barrio de Yuré.

  6. Otrova Gomas dice:

    Por cierto, Sole, re: tu comment de aquí arriba. ¿Será por eso que a Otrovita el polaquito Santa nunca le trajo nadita?

  7. Solentiname dice:

    errrr… nononononono, ahí la cosa funka distinto. Luego te explico.

    Ojalá fuera cierto que la ama. Ojalá.

  8. Otrova Gomas dice:

    ¿Qué es lo que no funka así? ¿Lo del amor, o lo de Santa y los polaquitos?

  9. Solentiname dice:

    Lo de Santa, lo de santa…

Y vos, ¿qué pensás?