Mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las anchas alamedas por donde pase el hombre libre para construir una sociedad mejor.

La caída

El cólico punzante de cuando vas corriendo, invoca las más cobardes excusas de rendición incondicional disfrazadas de excusas dignas.

Iba analizando la número quince, sintiendo lástima por mi sudado cuerpo, cuando fui a dar con toda mi humanidad de sopetón contra la tierra. Atrás, una raíz traicionera sonreía sarcástica ante mi caída.

Pensé en hacer miradas de odio a los espectadores, pero no escuché carcajadas de burla. Pensé en llorar y hacer el numerito, pero no vi a nadie cerca que conmover con mi lástima. Pensé en revolcarme en el suelo en éxtasis de pseudolesión como hacen los futbolistas, pero no vi al brillante caballero de blanca montura dispuesto a socorrerme. Pensé en renquear con dolor mientras la sangre fluía de la rodilla al suelo y valientemente me sacaba las piedritas de la rodilla destrozada mientras clamaba por los paramédicos; pero no tenía ni un raspón… si acaso quedé un poco sucia.

Entonces entendí que es posible que existan momentos en la vida en que me tenga que levantar yo sola, sin llorar, sin lamentarme, sin creerme pobrecita, porque el que cae al suelo se levanta con ayuda del suelo, y se pone de pie de nuevo y sigue corriendo.

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5 gotas de lluvia en “La caída”

  1. Dean CóRnito dice:

    “Entonces entendí que es posible que existan momentos en la vida en que me tenga que levantar yo sola, sin llorar, sin lamentarme, sin creerme pobrecita, porque el que cae al suelo se levanta con ayuda del suelo, y se pone de pie de nuevo y sigue corriendo.”

    Creo que exactamente así se siente mi amigo el de las Siete semanas perdidas, aunque no en un sentido tan literalmente físico como el tuyo. Dejemos de “pobrecitearnos” y de “pobrecitear” a los demás, y que cada uno asuma su responsabilidad. Tal vez así empiece el país a progresar.

  2. Solentiname dice:

    Creo que a veces de las cosas físicas le caen a uno pistas de las cosas de la vida. Creo que todos nos hemos querido rendir en cosas mucho más graves que correr 4 km o que a veces no sentimos ganas de levantarnos aunque sea lo que hay que hacer.

  3. yuré dice:

    Lamento lo de tu aterrizaje forzoso, detesto cuando el mundo parece detenerse de golpe, en especial si vas en dirección contraria hacia la que éste gira. Como aficionado a las bebidas espiritosas te agradezco esa nueva perspectiva de levantarte sola sin llorar y con una sonrisa digna. Te lo digo pues en general uso la estrategia del disimulo sobreactuado (hago lagartijas y en la quinta grito “dos mil” o levanto la pierna arqueándome mientras le digo al cantinero: “Y así es como se contorsionaban las bailarinas en el recital de anoche”.//Se me ocurre que hasta podríamos crear un saludo secreto, (por si alguna vuelvo a tu país): en cuanto nos veamos, con un gemido vertiginoso nos tiramos al piso y allí nos damos la mano cortésmente, como personas civilizadas que somos

  4. Solentiname dice:

    Yuré: solo por curiosidad… de dónde volverías?

  5. yuré dice:

    Con la crisis de las aerolíneas, sería difícil responderte con precisión, pues ahora hacen escalas bastante inusuales (vas a Montevideo y te pasan por Lima y/o Rio de Janeiro; si viajas a Guanajuato te obligan a rebotar desde Los Ángeles o Ft. Lauderdale). //Saludos y cuidado con las raíces.

Y vos, ¿qué pensás?