Mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las anchas alamedas por donde pase el hombre libre para construir una sociedad mejor.

 

Diciembre 8, 2010

La música de tu nombre

A los 6 años, Mimí le anunció a mi bisabuela Brígida que abandonaba la escuela, que se iba con el circo que visitaba en aquellos días Nandaime. En lugar de volverle la boca al revés, mi bisabuela le preguntó porqué. Mimí le dijo que la habían escuchado cantar y que le dijeron que cantaba como un pajarito. Que si le daba permiso. Mi bisabuela dijo que no. Hasta ahí llegaron los planes circenses. Mimí decía que no había querido escaparse.


A los 16 años, a Mimí se la trajeron engañada para Costa Rica. Mi tío abuelo le dijo que era apenas una escala en el viaje a Buenos Aires, donde se harían famosos en los programas y concursos de radio, con Mimí cantando como un zorzal criollo, la versión femenina de Carlos Gardel. Mimí aceptó de inmediato y empacó sus pocas cosas y se vino. Pero la escala se hizo vida y se quedaron aquí. A veces yo le preguntaba a Mimí porque suspiraba cuando hablaba de Buenos Aires. Siempre me dijo “Buenos Aires es París en América del Sur”. Y me remarcaba el París. Y me lo decía con ese drama que solo conoce el que ha llorado un tango.

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Octubre 13, 2010

Gotitas del saber: el rescate de los mineros

Todos nos alegramos. El que diga que no lloró cuando vio salir al primero, fue porque o no lo vio o no tiene corazón. Pero ese no es el punto. El punto es lo que hay detrás de todo este circo. Pa que comenten con los güilas y rajen con los amigos, y aparezcan como connotados informados con datos poco conocidos:

Radioreloj ayer parecía que estaba cubriendo la boda de la princesa Diana, con detallines alegres y picarones de cada uno de los menores encerrados. Lo que más cólera me dio fue cuando hablaron del talismán de la suerte de los mineros. Señores, los talismanes de la suerte NO existen. Las víctimas desatendidas del terremoto de Chile por estar siguiendo esta novela, sí.

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Septiembre 11, 2010

¿Quién recuerda al compañero presidente?

El primer acto de conmemoración del 11 de setiembre al que asistí fui en el auditorio de Generales de la UCR. La asistencia se dividía en dos: los estudiantes forzados y los chilenos sobrevivientes y exiliados. Los estudiantes estaban malencarados, aburridos, resignados, preguntando cuánto iba a durar esta vara.

Entre los exiliados reconocí profesores de la U, artistas de teatro, el dueño de mi librería favorita, personas que por una u otra razón veía más o menos a diario y que no tenía idea de que eran chilenos o que habían pasado por eso. Ellos tenían un tristeza enorme, que controlan todo el año y solo el 11 de setiembre dejan salir a flote porque ya no pueden más y cada minuto les recuerda algo, el momento en que se dieron cuenta, el momento de la certeza del fin del sueño, el minuto en que escucharon pasar los aviones, el minuto en que empezaron a caer las bombas, el minuto en que se despidió el compañero presidente.

Pocas veces he visto sentimientos tan crudos, tan expuestos, tan sueltos de las ataduras del control y del disimulo. Uno de ellos, evidentemente empastillado, insistía en usar su gorra de cuero negro de su juventud e insistía en que lo llamaran por su nombre clandestino: Felipe resucita cada once de setiembre en sus ojos arrasados.

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Julio 24, 2010

Mein lieber Ratzi,

Llevo un par de días rumiando, si escribirte o no, sobre todo porque como vos debés de saber y si no, enterate, hace mucho que no reconozco tu autoridad o la de gente como vos y los tuyos sobre mi conciencia, mi alma o mi vida.

Pensé en escribirte en ese que en tu lejana infancia de juventud nazi fue tu idioma materno y el de consignas de odio. Ve vos la casualidad que en el ocaso de tu vida (sí, el ocaso. Porque yo creo que vos no estás esperando la llamada del señor. La tenés en espera) vos y la organización que dirigís vuelvan al mismo tipo de consignas. Pero luego me arrepentí- de lo del idioma- porque además de arrogancia mía, lo cierto es que para los insultos me siento más cómoda, más a mis anchas, más en mi charco, armando bronca en mi idioma materno.

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Junio 26, 2010

KinaKo (es la hora)

Traté de no darle importancia, hasta el momento mismo en que estaba solo con una batita, con una gorra en el pelo y la dignidad en la mano. Me despedí en la puerta del quirófano y se me quebró la voz.

No me dolió la vía, pero en los dos días siguientes me la huevié tanto por estar trabajando, que me la pasaron de mano y ahora las siento a las dos ahí, fantasmas, presentes, punzantes, fantasmas, destrozándome con ansiedad la vena.

Dicen que cuando me empezó a hacer efecto el sedante, empecé el show. Saludé al oncólogo y me volví a decirle al anestesista “Ahí está el maricón del Dr. Soto. Ese mae lo ve a uno en la camilla ginecológica pegando gritos y llorando y queriendo tirarse al piso y le dice “Vamos muy bien mi querida niña. Adelante, así, muy bien, excelente.”. Cuando me quitaron la bata “Vieron? Me tuve que rasurar yo misma. Avísenle al Patán que quedé como el último de los mohicanos”. Me disculpé de la cantidad de gases, asegurando que de todos modos eran suela de hule, como decía mi abuela. Y conté chistes de todos los colores. Entonces dieron la orden de dormirme completa y no me dormía. Tuvieron que subir la dosis para que me callara.

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Junio 11, 2010

Muchacho en la U

A las ocho y cuarto de la noche, neblina gruesa. Pero no es londinescamente elegamente, ni vampirísticamente insomne. Es pesadez y bochorno, calor y sofoco. Es neblina de invierno lluvioso. Densa.

El muchacho escala las paredes oscuras de la quebrada Los Negritos,  y se sienta en la barrera del puente que está por economía, a ver pasar a la gente que no puede verlo de vuelta, pero lo presiente y miran asustados de repente el puente, el puente de la primera página de la Extra.

Yo no sé si te reconozco por tus ojos gatos, por que estás empapado o por los mordiscos que te dejó en la cara el pico quebrado de una botella.

Ay muchacho, y tu mamá, que te llora más tranquila porque cree que estás en el cementerio?

Que se sepa: a mí me consta que la U estrena fantasma.

Junio 7, 2010

Qué me pasó?

Me leo y pienso que ya me quedé sin nada más que contar. O que me vida ahora me permite imaginar tan poco. Y me extraño. Me hago falta. No se imaginan cuánto.

Mayo 21, 2010

El alto

Uno de los que vende lotería, tiene la piel como porcelana y es evidente que se saca las cejas. Se las delínea. La cara no se le va con los chores largos de mezclilla o con la gorrita blanca.

El que hace el malabarismo, tiene pelo de rasta, amarrado con un pañuelo. Cuando sonríe, se evidencia que le falta un diente de por medio. Ironías de la vida, anda un collar de colmillos. Los mismos que le faltan unos centímetros más arriba.

Este otro vendedor, tiene los ojos como un vitral lleno de colores azulitos. Es alto y grueso. Es de los que les deben haber dicho machillos desde que estabn chiquitos. Vacila con el taxista y se dan de golpes con esa forma peculiar que tienen los hombres de mostrarse cariño.

Un tipo mira con los brazos cruzados, con un periódico en la mano y llaves en la otra. Los anteojos, oscuros. No se puede ver qué está pensando.

Yo veo todo ese mosaico, los 30 segundos del alto y pienso qué pensarán de mí, cuando me ven en mi patomóvil amarillo, manejando, mirando.

Mayo 18, 2010

Sus manos

Déjeme decirle que sus manos son espantosas. Yo me fijo, sabe? Me fijo porque la primera vez que me enamoré de un hombre yo tenía 16 años y empezaba la U y él tenía 17 y yo no podía dejar de verle aquellas manos de hombre-piano, de dedos largos, estilizados, de revés moreno, de pelitos por aquí y por allá, negros. De manos que bien podrían haber sido hermosas aunque no estuvieran pegadas a ese cuerpo. Aunque él, de 17, se comiera las uñas y se las lastimara cada fin de semana cuando se iba a que el viento lo elevara en la superficie de un lago y jalaba cuerdas hasta que le sangraban, sus manos que sonaban como una polonesa.

Tenía unas manos hipnóticas y yo se las veía y quería tocarlas con las mías que se parecían tanto, en lo largas, pero no en lo fuertes. Yo nunca me he comido las uñas, pero sí se me ensucian muy fácilmente. Si como meneitos cogen ese color naranja fosforescente que no se me quita ni aunque me lave las manos. Y es común verme en las mañana, revisándomelas porque siempre, en lugar de esa línea elegante del manicure francés, tengo la línea gris-negruzca de mugre. Mi tío Adolfo siempre me lo echaba en cara y me decía que ni él, que trabajaba en una finca, andaba nunca las uñas tan tierrosas como las mías. Mis uñas siempre están sucias. Lo que es mentira es que mi tío Adolfo haya trabajado nunca. Menos en algo honesto como una finca.

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Mayo 16, 2010

Runs in the family

“Fui a una boda. Te conté, no? Marce estaba de viaje, entonces me tocó ir sola. Pasó una compañera del brete por mí. Un error FA-TAL. No, ella no toma, pero diay, irme con ella implicaba devolverme con ella a la hora que a ella le diera la gana… y a mí que me da sueño a las 9 de la noche…

Me puse un vestido super sencillo, color vino, como de pana diría Mimí. El que toca para todas esas fiestas. Terciopelo, huevón, para que me entendás. Claro que me encaremé los tacones. Sí, porque me da la gana, aunque no los necesito. Vos no entendés. No gano nada con verme como una girafa, pero a mi me cuadra, qués la vara? Prefiero eso a cuando me traumaba.

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