Abril 2, 2010
Año quinto de la era Sole
Hoy hace cinco años era viernes santo, también. No en la fecha exacta, sino en la sensación. Ese calor sofocante. Ese día silencioso, eterno y callado, como la muerte del que nunca resucita. Las películas de siempre en la tele, desteñidas, dobladas al español de España, con togas y sandalias. El, crucificado, casi nunca revolucionario y mucho menos rebelde. Ese inicio del dolor de cabeza latente, de tanta tele, tanto sedentarismo, tanta vagancia.
Hoy hace cinco años también me aburría como una ostra y estaba deseando que fuera lunes y la semana ya se me había hecho muy larga y no tenía nada mejor que hacer conmigo y no dejaba de pensar en Mimí y en cómo disfrutaba el susto de bañarse en viernes santo, a guacalazos y con los ojos abiertos porque si no, se convertiría en pescado. Y de las procesiones de infancia y de mi resistencia. Y de las misas de tres horas de solo hincado o parado y del huerto y de los ciros y de los soldados romanos.
Hoy hace cinco años escribí el primer post de estas Alamedas.
Y aunque he pensado en no volver. Aunque lo dejo por ratos. Aunque a veces me prometo hacerlo en serio, siempre termino como el perreo arrepentido, volviendo al lugar donde empecé hace cinco años.
Y en cinco años he aprendido un par de cosas, que a falta de nada mejor que hacer, comparto:
Hoy hace cinco años era viernes santo, también. No en la fecha exacta, sino en la sensación. Ese calor sofocante. Ese día silencioso, eterno y callado, como la muerte del que nunca resucita. Las películas de siempre en la tele, desteñidas, dobladas al español de España, con togas y sandalias. El, crucificado, casi nunca revolucionario y mucho menos rebelde. Ese inicio del dolor de cabeza latente, de tanta tele, tanto sedentarismo, tanta vagancia.
Hoy hace cinco años también me aburría como una ostra y estaba deseando que fuera lunes y la semana ya se me había hecho muy larga y no tenía nada mejor que hacer conmigo y no dejaba de pensar en Mimí y en cómo disfrutaba el susto de bañarse en viernes santo, a guacalazos y con los ojos abiertos porque si no, se convertiría en pescado. Y de las procesiones de infancia y de mi resistencia. Y de las misas de tres horas de solo hincado o parado y del huerto y de los ciros y de los soldados romanos.
Hoy hace cinco años escribí el primer post de estas Alamedas.
Y aunque he pensado en no volver. Aunque lo dejo por ratos. Aunque a veces me prometo hacerlo en serio, siempre termino como el perreo arrepentido, volviendo al lugar donde empecé hace cinco años.
Y en cinco años he aprendido un par de cosas, que a falta de nada mejor que hacer, comparto:


1. náhuatl. Lugar de hospedaje. 2. "(...) un tema que la gente de Solentiname trataba como si hablaran de ellos mismos, de la amenaza de que les cayeran en la noche o en pleno día, esa vida en permanente incertidumbre de las islas y de la tierra firme y de toda Nicaragua y no solamente de toda Nicaragua sino de casi toda América Latina, vida rodeada de miedo y de muerte, vida de Guatemala y vida de El Salvador, vida de la Argentina y de Bolivia, vida de Chile y de Santo Domingo, vida del Paraguay, vida de Brasil y de Colombia", Julio Cortázar.